Opinión

La dictadura de Daniel Ortega

El derramamiento de sangre en Nicaragua debe ser condenado por todos, sin importar la ideología.

01 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Las manifestaciones contra la reforma del sistema de seguridad social en Nicaragua han desatado una brutal represión por parte del gobierno de Daniel Ortega y de su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. El malestar social no es nuevo, algunos consideran que las protestas contra la construcción del canal interoceánico, en el 2014, generaron el movimiento campesino más fuerte de los últimos veinte años. Pero el antecedente inmediato de las manifestaciones que se iniciaron el 18 de abril fue el incendio en la Reserva Biológica Indio Maíz a inicios de ese mes. 

El Gobierno habría hecho caso omiso de las voces de alerta de ambientalistas que le exigían tomar medidas inmediatas para detener el incendio en una de las reservas biológicas más importantes de Centroamérica. A pesar de la represión, esas protestas no fueron desactivadas y, unos días más tarde, los manifestantes volvieron a las calles. Desde ese día, la acción represiva del Estado ha producido más de 300 muertos, miles de heridos y cientos de desaparecidos.

¿Qué fue lo que desencadenó esta ola de violencia? La versión oficial la encontramos en la entrevista que le hizo la cadena Telesur a Daniel Ortega el pasado 24 de julio. Para Ortega, la reforma del sistema de seguridad social es tan solo uno de los varios elementos que desencadenaron las protestas. La raíz del problema, según él, es el intervencionismo norteamericano que, a través de la ‘Nica Act’ —una ley que condiciona los préstamos de organismos financieros internacionales a Nicaragua—, dividió al sector empresarial con quien Ortega había establecido una alianza y fortaleció los grupos paramilitares.

¿Se puede decir que el gobierno de Ortega es de izquierda? No, Ortega ha sabido capitalizar la memoria y los símbolos de la revolución sandinista para permanecer en el poder y enriquecerse.

Sin embargo, en los últimos días, intelectuales y líderes de izquierda, entre ellos Noam Chomsky, Boaventura de Sousa Santos, José Mujica y Leonardo Boff, han criticado la versión oficial y le han exigido a Ortega detener la represión, desarmar a las fuerzas paramilitares, adelantar las elecciones y apartarse del poder.

Considero que, si bien es cierto que la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos de otros países —en particular los latinoamericanos— no puede ser desestimada, no es posible que la izquierda se siga escudando en la ‘geopolítica’ para desconocer o minimizar sus propios errores.

Además, el gobierno de Ortega dejó de ser de izquierda hace muchos años. Sin ignorar la cruenta lucha de los contras financiada por los Estados Unidos para derrocar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), no se pueden pasar por alto las transformaciones de esta fuerza política desde el triunfo de la revolución hasta hoy. Decir que el gobierno de Ortega es la continuación natural de la revolución sandinista de 1979, es desconocer los virajes que ha dado el FSLN a lo largo de estos últimos 39 años.

¿Cuáles han sido algunos de estos virajes? Después de once años en el poder, los sandinistas perdieron las elecciones en 1990. Entre 1990 y 2007 se sucedieron tres gobiernos: el de Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), el de Arnoldo Alemán (1997-2002) y el de Enrique Bolaños (2002-2007). Aunque Ortega solo volvió a ganar las elecciones en el 2007, desde 1997 ha cogobernado el país a través de un pacto con Alemán, jefe del Partido Liberal Constitucionalista. Por medio de este pacto se reformó la Constitución para que estas dos fuerzas políticas se pudieran distribuir los cargos de casi todas las instituciones del Estado. Otra de las reformas fue la de reducir al 35 por ciento el porcentaje mínimo para ganar las elecciones y evitar la segunda vuelta electoral, lo que permitió a Ortega volver a la presidencia en el 2007. También, gracias a este pacto, y amparado en su inmunidad parlamentaria, Ortega supo esquivar las acusaciones de violación y abuso sexual por parte de su hija adoptiva Zoilamérica Narváez.

Ortega decidió también acercarse al sector más conservador de la Iglesia católica con el fin de atraer los votos de la clase media conservadora en las elecciones del 2007. Para esto, el FSLN cambió su postura en relación con el aborto terapéutico. En el código penal, el único aborto aceptado era aquel en el cual la vida de la mujer se encontraba en riesgo, y el FSLN permitió su derogación para congraciarse con la Iglesia.

Pactos con la derecha corrupta, reformas de la Constitución para perpetuarse en el poder, nepotismo, penalización del aborto terapéutico, control de todas las ramas del poder público: ¿se puede decir que el gobierno de Ortega es de izquierda? No, Ortega ha sabido capitalizar la memoria y los símbolos de la revolución sandinista para permanecer en el poder y enriquecerse.

El derramamiento de sangre en Nicaragua debe ser condenado por todos, sin importar la ideología. Y la derecha colombiana que exige que la izquierda condene a Daniel Ortega por la represión debe saber que lo más parecido a Ortega en Colombia es el también ‘presidente eterno’ Álvaro Uribe Vélez, pues el caudillismo, el autoritarismo y la falta de ética no son propiedad exclusiva de una única fuerza política.

SARA TUFANO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA