Opinión

Este castillo también es mío

La construcción de este edificio es un atentado a la historia y a la tradición cartageneras.

20 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Cuando mi amigo hermano Gustavo Sorzano me increpó duramente por haber dejado crecer este despropósito, este embuchado de 30 pisos que deturpa la línea del horizonte del castillo, no pude contestar literalmente mea culpa mea culpa mea, máxima culpa. Gustavo es un artista del diseño, gran manipulador de la 'Mona Lisa', un esteta, un innovador, y no puede creer que ni yo ni ninguno de nosotros se haya dado cuenta de semejante barbaridad.

¿Dónde estás, Gustavo Tatis; dónde estás, ‘Indio’ Rodríguez; dónde están el senador Araújo, Sergio Londoño, David Dager, Harboldo, Rafa; dónde están el Abad, Martín Santos en helicóptero, el profe Freddy Goyeneche, el ‘Monito’ Escobar; dónde está Moisés Álvarez, dónde están los Del Castillo, dónde están Claudia Vidal y Doris de Zubiría, dónde está Semana; dónde, EL TIEMPO; dónde están los alcaldes y los exalcaldes y los genios de los institutos que son capaces de parar la construcción de una casita, pero ignoran semejante trabe que nos tienen metida en el flanco del monumento militar más importante de las dos Américas?

Todos fuimos chiveados por una realidad que marcha a golpe de mucho dinero, ‘capitalismo salvaje’.

Dónde están los alcaldes y los genios que son capaces de parar la construcción de una casita, pero ignoran semejante trabe en el flanco del monumento militar más importante de las dos Américas?

Tres jóvenes empresarios paisas están detrás de este negocio, que pone a Cartagena en riesgo de perder el título de patrimonio de la humanidad, así que, además del daño, la befa, ni siquiera fuimos nosotros los cartageneros a hacer el negocio; la platica se va toda para ‘paisalandia’ y de allí, quién sabe, pa’l Caribe profundo.

Yo no culpo a los muchachos –además, los tres, muy bien parecidos– de esta falta grande de cultura, con este atentado a la historia y a la tradición cartageneras. Me culpo a mí, al Ministerio de Cultura, al director de la Escuela Taller, al señor Cabrera; al curador que sin honor cartagenero concedió el permiso de construir tres torres de 30 pisos en el área de influencia del cerro glorioso de San Felipe, que defendió la ciudad contra piratas de todas las nacionalidades y de toda calaña, y ahora le toca sucumbir sin posibilidad de defensa contra unos empresarios sin alma y unos funcionarios vendepatria, y unos ciudadanos distraídos que quién sabe de qué nos ocupamos, y no hemos visto este bubón que le ha salido a la historia de la Heroica.
Perdón, Cartagena.

SALVO BASILE

Las torres de apartamentos que amenazan el patrimonio en el Centro Histórico

Visual de la obra para la primera torre. La obra va en 17 pisos y son 30.

Foto:

Yomaira Grandett/ EL TIEMPO

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