Opinión

Celebrando la avenida Jiménez

Este espacio bogotano es uno de los más atractivos para el turismo local e internacional.

11 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Cuando Jiménez de Quesada decidió fundar una ciudad, dice el historiador Eduardo Posada, encomendó a sus capitanes para que buscaran un terreno apropiado. Hacia finales de 1537, tras una exhaustiva búsqueda, escogieron la aldea de Teusaquillo, “que estaba al pie de los cerros donde el zipa tenía su lugar de recreo”.

Aunque el lugar les permitía a los españoles protegerse ante eventuales ataques indígenas –de ahí su valor estratégico y militar–, la razón de la escogencia fue que este se encontraba entre dos ríos, uno de ellos el Vicachá, nombre que en lengua muisca significaba ‘el resplandor de la noche’ –y que los españoles denominaron San Francisco–; el otro sería conocido posteriormente como San Agustín.

Por casi trescientos años, el San Francisco surtió de agua el acueducto de Aguanueva, inaugurado en 1757; ayudó a mover los molinos de trigo y fue el sitio preferido de las numerosas lavanderas de la ciudad. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX se había convertido en un maloliente riachuelo, lo cual condujo a que el Gobierno Nacional ordenara su canalización con la Ley 10 de 1915. Más adelante, el acuerdo 31 de 1917 determinó que la avenida resultante se llamara Gonzalo Jiménez de Quesada, en homenaje al fundador de la ciudad.

La Jiménez fue la primera gran avenida de Bogotá. En 1938 ya estaba concluida y se constituyó en un gran ‘laboratorio’ de arquitectura moderna.

La Jiménez fue la primera gran avenida de Bogotá. Si bien algunos de sus tramos estaban operando desde los años veinte, en 1938 ya estaba concluida y de inmediato se constituyó en un gran ‘laboratorio’ de arquitectura moderna, pues a lo largo de sus 2,8 kilómetros de longitud se construyeron edificios que hoy son de interés patrimonial: el edificio Monserrate, el hotel Continental, el hotel Granada (demolido para construir el Banco de la República), la sede de EL TIEMPO, diseñada por Bruno Violi, y el edificio Lerner.

Fue remozada en 1999 con el Eje Ambiental, uno de los proyectos de recuperación del espacio público más ambiciosos de los últimos años, bajo la primera administración del alcalde Enrique Peñalosa. El diseño de los arquitectos Rogelio Salmona y Luis Kopec con el sendero peatonal de ladrillo arborizado con especies de flora nativa, como la palma de cera y los falsos pimientos, hace de este espacio bogotano uno de los más atractivos para el turismo local e internacional. Un gran encuentro de historia y de memoria.

RAÚL BUITRAGO ARIAS
* Secretario General de la Alcaldía de Bogotá

Avenida Jiménez

Intersección de la Avenida Jiménez con Carrera Séptima.

Foto:

Mauricio León / El Tiempo

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