Opinión

Salvo Basile puso el punto

En Cartagena viven unas 50.000 personas en pobreza absoluta, que pasan hambrunas inhumanas.

12 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Hay delicias sencillas. Una es darse un baño largo con agua caliente oyendo con alto volumen boleros del inolvidable Rolando Laserie. Otra es ir a una cafetería bogotana a tomar capuchino espumoso con dos pandeyucas y un brownie. Ese regalo me lo di ayer con una amiga bogotana traductora que vive en Suecia. A nuestra mesa se acercó una señora línea 73 años, muy fina, de bonita figura, que me dijo: “Me siento agredida por el alcalde Peñalosa. Él decidió tumbar los árboles de este barrio; por favor, denúncielo en su columna”.

En tono amable le respondí: “Señora, le aplaudo su sentir ecológico, pero no creo que el alcalde Peñalosa haya ordenado cortar esos árboles; lo autorizó, previos exámenes, el Jardín Botánico. Eran árboles que estaban enfermos, con 197 años, soportando sol y polución”.

El muy cívico Salvo Basile viene pujando con la Iglesia para que la gente pudiente, el comercio, industriales y turistas donen alimentos, que la curia los enviará a las gentes más necesitadas.

La amiga que vino de Suecia me dijo: “No me gusta Colombia; veo todo negativo, veo pesimismo en los diez días que llevo aquí”. Me tocó plantarla: “No todo es negativo, hablas a la ligera; hay casos que dan optimismo, como que alistan en Cartagena, para este sábado 15, Día Mundial de la Limpieza, una brigadas de aseo que estará en los barrios populares, caños, desagües, andenes, plazas y playas, recogiendo plásticos y cuanto sea basura. Esa noble tarea la impulsan la Fundación Bahía y Ecosistemas de Colombia, Diana de la Vega y José Yunes, sus tenaces activistas”.

Otra tarea optimista: en Cartagena viven unas 50.000 personas en pobreza absoluta, que pasan hambrunas inhumanas, malviven en ranchos y cuyos niños sufren desnutrición. Para combatir esa vergüenza, el muy cívico Salvo Basile viene pujando con la Iglesia para que la gente pudiente, el comercio, industriales y los turistas donen alimentos, más arroz, azúcar, leche y panelas, que la curia los enviará a las gentes más necesitadas.

Atérrense, país folclórico y exótico: los místicos veganos (nunca prueban alimento de procedencia animal) piden no recibir leche ni tomarla. Pifiados ellos: la leche para las clases populares es el gran alimento, potencia los huesos, tiene calcio, hierro, fósforo. Aleluya: un alto vaso con leche con un bocadillo de guayaba, en el estrato popular, sabe a caviar. Punto. Vergüenza, están investigando estafas en alimentos escolares por $ 500.000 millones y hay 40 alcaldes enredados, pero muchos de los pillos están licitando de nuevo, ellos no se duermen. Esperamos que este gobierno no se deje meter esos goles de costo millonario. “No más robadera”, pide el país; les toca atajarla. Buenas, buenas. 

PONCHO RENTERÍA

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