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¿Qué necesita Colombia para avanzar en competitividad? / Opinión

Es necesario, incluso urgente, adoptar un modelo de innovación ‘a la colombiana’.

¿Qué necesita Colombia para avanzar en competitividad?

Singapur se transformó en potencia financiera mediante el uso de la tecnología.

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EFE

Por: Carlos Castañeda
28 de octubre 2018 , 11:36 a.m.

El Foro Económico Mundial presentó el “ Global Competitiveness Report 2018”, en el que Colombia cayó tres puestos frente a 2017, hasta la posición número 60. Recientemente conocimos que el país ocupa la posición 63 según el Índice Global de Innovación (IGI), tras recuperar los dos puestos que había perdido en el reporte 2017, pero aún distante de la posición 60 alcanzada en 2013.

En estos indicadores, que examinan el comportamiento de las naciones en favorabilidad para negocios, adopción digital, cobertura de comunicaciones, disponibilidad de datos públicos, entre otros, hay un patrón: el país avanza en muchas de las variables medidas, pero no gana posiciones frente a otros países.

Es cierto que Colombia no se ha quedado de brazos cruzados. Con el reconocimiento del vínculo entre los resultados en innovación y la calificación final en competitividad, desde el sector público se han destinado en años recientes esfuerzos y recursos para dinamizar las industrias del conocimiento, la creación de agencias y programas de innovación y hacer crecer la cobertura y acceso a internet y servicios digitales.

También el tejido empresarial viene movilizándose, buscando construir innovación desde una capacidad interna, retando sus estructuras para actuar en un entorno competitivo más acelerado y entendiendo mejor el impacto de la tecnología en sus modelos de negocio.

En suma, estamos haciendo la tarea.

Entonces, ¿por qué no salimos mejor posicionados en los listados internacionales? Simplemente porque otros países lo están haciendo mejor, más rápido y con mayor impacto final.

El mismo informe de competitividad arroja luces sobre las ‘palancas’ de mayor efecto en los resultados de competitividad en el futuro, que vale la pena empezar a mirar con más profundidad, pues serán determinantes en el corto, mediano y largo plazo.

Lograr adoptar una visión de futuro y un actuar ágil es un imperativo en el campo empresarial desde hace años, pero ahora también es una regla para los gobiernos.
En este contexto, en la métrica “futura orientación del gobierno” del reporte, Colombia se queda en el puesto 103 dentro de 140 países.

Singapur, el líder del ránking, es un país que en 20 años se transformó en potencia financiera a partir del uso de la tecnología, no de forma cosmética, sino como transformadora en la vida de todos sus ciudadanos.

La reducción de la brecha competitiva, a través de los avances tecnológicos, está aún pendiente de entregar su impacto fundamental; hoy estos avances, a pesar de estar disponibles para una vasta población, no inciden en cómo las empresas y las personas son más eficientes y productivas. Resulta necesario entonces acelerar el camino de migrar de ser un país consumidor de tecnología a uno creador de valor a través de la tecnología.

Otro elemento notable que analiza el informe del Foro Económico Mundial es que la fórmula para una innovación que sea realmente efectiva como máquina de crecimiento económico se mantiene sin resolver en la gran mayoría de los países.

En la llamada cuarta revolución industrial será cada vez más determinante que se empiecen a construir los pilares de ese entendimiento, que son particulares y únicos para cada país, ya que están basadas en gran medida en su cultura, dinámica empresarial, sus valores laborales y capacidades creativas y, sobre todo, en el talento humano disponible para construir ese modelo propio de innovación.

Por lo tanto, es una asignación pendiente para todos los actores del ecosistema tener las discusiones necesarias y adoptar un modelo de innovación ‘a la colombiana’, que se alimente de nuestras capacidades diferenciales, reconozca nuestras carencias y agregue los todos esos esfuerzos que hasta ahora se han mantenido dispersos. Así tendríamos por fin un marco articulador que sin duda habrá de resultar clave para que todas las fuerzas productivas potencien sus elementos de competitividad.

CARLOS CASTAÑEDA

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