Opinión

Se fue un ‘gentleman’

A los 90 años, Iván Amaya Villegas abrió el paraguas y se volvió eternidad para gozársela.

04 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Lo mismo hablaba de temas relacionados con el tratado de libre comercio (TLC), textiles, confecciones o empresas de familia que de películas del Oeste y de las versiones de la canción húngara Triste domingo, que consideraba una variante popular del drama de Tristán e Isolda.

A los 90 años, Iván Amaya Villegas, ingeniero químico de la UPB, caldense con las ‘nacionalidades’ antioqueña y bogotana, abrió el paraguas y se volvió eternidad para gozársela. Familiares, amigos y colegas de la Andi, el IFI, Icollantas, Abocol, Ascoltex... lo recuerdan como un conversador de mente abierta, generoso, ilustrado, ejemplar, líder, trabajador incansable.

Era elegante para hablar, vestir, elevar la copa o estornudar. Todo un gentleman. Compartió lo que sabía con sus pupilos de pregrado y posgrado. No se guardó nada.
De Amaya decía su amigo Bernardo Hoyos que “su característica es la discreción, la precisión en lo que dice, su conocimiento de la vida económica, su sentido del humor y su visión actualizada de todo lo del mundo”.

Era elegante para hablar, vestir, elevar la copa o estornudar. Todo un gentleman. Compartió lo que sabía con sus pupilos de pregrado y posgrado.

Amaya y Hoyos habrían podido cobrar entrada para oírlos hablar. Sus lelos escuchas salíamos enriquecidos lícitamente de sus pláticas. Su conversación sobre Triste domingo, que Amaya prefería cantada por Agustín Magaldi, pasó a través de la emisora de la Tadeo.

De Hoyos contaba Amaya que en los años cincuenta fue expulsado de la emisora de la UPB por pasar un programa de la BBC de Londres que defendía el uso de los preservativos. Demasiado para el rector magnífico Félix Henao Botero, quien reculó lúcida, estrepitosamente, y lo reintegró.

En asuntos de textiles y confecciones hablaba ex cathedra, como los papas. Ocupaba primera fila en eventos como Colombiamoda. Prestó sus luces en la negociación del TLC. En su trabajo, hizo hacer valer su condición de especialista en textiles (Massachusetts) y su máster en Economía (Universidad de París).

Su devoción por el cine lo llevó a estar en la creación del Cine Club de Medellín con duchos como Alberto Aguirre y Bernardino Hoyos. Recitaba de memoria el reparto de películas como La diligencia, Casablanca o Los primos, de Chabrol. Coleccionaba afiches de películas viejas.

La buena música, la lectura y el fútbol también fueron compañeros permanentes suyos. Fue insomne gourmet-gourmand. No vino a pasarla maluco.

Un contemporáneo suyo comentó a manera de despedida: “Qué vaina que se hubiera muerto Iván”. Adhiero.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
- www.oscardominguezgiraldo.com

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