Opinión

Por qué no nos dejamos convencer

No parece ser que con lecciones y argumentaciones se aprenda a ser crítico.

10 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Uno de los objetivos centrales de la buena educación es la formación en el pensamiento crítico. Este exige como premisa que solo se asuman aquellas creencias y opiniones basadas en evidencia. La tarea no es fácil. He visto incluso a profesores de lógica matemática insistiendo en afirmaciones que cualquier lego sensato demostraría como totalmente absurdas.

Detrás de esta anomalía está el llamado sesgo de confirmación, una de las formas mejor estudiadas del pensamiento erróneo. Ya Francis Bacon, en su libro 'Novum organum', publicado en 1620, decía: “El entendimiento humano, una vez que ha adoptado una opinión..., dibuja todo lo demás para mostrar conformidad con ella y, pese a un gran número de ejemplos que muestran lo contrario, los ignora, prescinde de ellos o los rechaza”.

Los psicólogos y científicos de la cognición han estudiado el fenómeno extensamente. Un experimento clásico se llevó a cabo en Stanford en 1979. Un grupo de estudiantes, en el que la mitad estaba a favor de la pena de muerte y la mitad en contra, debió estudiar dos artículos. El primero con resultados que mostraban que la pena de muerte no disminuía el crimen y el segundo, lo contrario. Después de leerlos, las posiciones iniciales se afianzaron. Cada grupo consideró que el artículo que apoyaba su posición era más serio y su estadística, más sólida. Los dos artículos eran falsos, fueron escritos por la misma persona y tenían la misma estructura de datos (inventados) e igual estadística. Sin embargo, ningún ‘estudio’ convenció a quien ya pensaba diferente, y, en cambio, confirmó en su creencia a quien pensaba igual.

Es exigiendo explicaciones detalladas de las posiciones propias, y esfuerzos para imaginar tanto aquellos hechos que podrían refutarlas como los que probarían las opuestas.

Investigaciones de ese estilo se han multiplicado, y el resultado ha sido siempre el mismo. Se han planteado teorías explicativas. Una de ellas dice que la razón humana surgió en las sociedades de cazadores-recolectores, en las cuales mantener la cohesión y cooperación del grupo era más importante que cualquier otra cosa. Otros dicen que el conocimiento incompleto (base de este sesgo) empoderó a nuestros ancestros y los hizo más cautos y mejores cazadores. Hay fisiólogos que dicen que la gente experimenta un placer genuino (flujo de dopamina) cuando procesa información que apoya sus creencias.

Podría entonces llegarse a la conclusión de que todo está perdido, que la argumentación es en vano. Pero, por suerte, hay otros estudios que muestran salidas (al fin y al cabo, hay que reconocer que de algo nos ha servido la razón a los humanos estos últimos diez mil años de historia).

Uno de ellos le planteaba a un grupo de voluntarios preguntas sobre política pública. Luego les pedía explicar su posición con mucho detalle y sustentando con datos. La mayoría se dieron cuenta de que, como es usual, entendían apenas superficialmente el problema y no podían convencer. Finalmente, les solicitaron revaluar sus posiciones iniciales, y casi todos matizaron sus opiniones extremas.

En otro estudio se les pidió a los participantes tratar de definir un hecho que los pudiera hacer cambiar de opinión. Los argumentos para procurar convencerlos no habían ayudado, pero incitarlos a definir qué hecho podría refutar su creencia sí hizo el milagro de que empezaran a dudar. Esto no es más que el método científico, que exige no tratar de probar las hipótesis propias, sino imaginar cómo refutarlas, y con esa intención diseñar los experimentos.

Quienes insistimos en educar en pensamiento crítico tenemos, pues, que pensarlo mejor. No parece ser que con lecciones y argumentaciones se aprenda a ser crítico. Es exigiendo explicaciones detalladas de las posiciones propias, y esfuerzos para imaginar tanto aquellos hechos que podrían refutarlas como los que probarían las opuestas. Es decir, pidiendo que, además de crítico, se sea humilde.

MOISÉS WASSERMAN

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