Opinión

Ni la caravana ni la economía: fueron las mujeres

Donald Trump le apostó a la caravana y perdió la Cámara de Representantes.

10 de noviembre 2018 , 11:34 p.m.

Mientras el presidente usaba todos sus actos electorales para alertar a sus seguidores sobre la inminente invasión del país por parte de una caravana de refugiados centroamericanos, las mujeres americanas se organizaban para votar por mujeres.

En los días siguientes a las elecciones de mitad de periodo de Estados Unidos, se hicieron evidentes dos realidades. La primera es que ya nadie habla de la caravana, ni siquiera Trump. La segunda es que a raíz de su reciente éxito electoral, en Estados Unidos ahora hay más mujeres en posiciones de poder que nunca antes.

Este logro le debe mucho al presidente Trump: sus políticas, su conducta, y hasta su estilo, movilizaron a millones de mujeres que, por primera vez, se politizaron.

Primero, organizaron multitudinarias ‘marchas de las mujeres’. Luego se organizaron para que sus reclamos tuviesen consecuencias. Después, miles de ellas decidieron postularse a cargos electorales en el Congreso, gobernaciones y legislaturas locales. Y, finalmente, votaron masivamente. Y ganaron.

Por ahora, la politización de las mujeres ha beneficiado mayoritariamente al Partido Demócrata. Ello se debe a que, por un lado, el Partido Republicano ya venía sufriendo desde hace décadas de la llamada ‘brecha de género’, es decir, la dificultad crónica para atraer mujeres a sus filas. Por otro lado, tal como lo indican las encuestas y los resultados electorales, la ‘toma’ del Partido Republicano por parte de Donald Trump y los suyos ha ensanchado aún más la brecha de género. De nuevo: el resultado de todo esto es que se rompieron récords en cuanto al número de mujeres que decidió candidatearse a cargos electorales, así como en el número de ellas que triunfó en estas contiendas electorales.

Otra sorpresa de estas elecciones fue que las aspiraciones y reclamos de las mujeres tuviesen más peso en el resultado electoral que la economía. Y una sorpresa aún mayor es que Trump le haya dedicado más atención y tiempo a la caravana que a la boyante situación económica del país que él preside. La economía está en franca expansión, el desempleo es el más bajo en décadas y los salarios están aumentando a un ritmo que no se veía desde 2009. Trump, por supuesto, siempre hacía referencia a la economía en sus discursos, pero lo que arrancaba los más entusiastas aplausos de sus seguidores eran las feroces críticas a los inmigrantes y a los periodistas (“los enemigos del pueblo”), y los divisivos temas que el presidente tan hábilmente explota.

En Estados Unidos ahora hay más mujeres en posiciones de poder que nunca antes.

En 1992, James Carville, el asesor del candidato Bill Clinton, acuñó la frase “Es la economía, estúpido” para recordarle a su equipo que enfatizaran en la débil situación económica por la que entonces estaba atravesando el país. La frase terminó siendo el eslogan de esa campaña electoral que llevó a Clinton a la presidencia. En adelante, fue adoptada, como en una especie de mantra electoral: no hay que distraerse con otros temas, la situación económica es la clave para ganar —o perder— elecciones.

Nunca sabremos qué habría pasado si Trump hubiese respetado esta regla de oro electoral, y se hubiese concentrado en resaltar y celebrar la próspera situación económica y no les hubiese dado tanta prioridad a los temas que dividen a la sociedad estadounidense. No hay duda de que su agenda y los mensajes que exacerban la conflictividad social sirvieron para motivar a su base y ayudaron a que el Partido Republicano aumentara su mayoría en el Senado. Pero tampoco hay duda de que sus políticas y mensajes también actuaron como un potente combustible para enardecer y movilizar a su oposición, y hacerle perder la Cámara de Representantes por un amplio margen.

Finalmente, una reveladora sorpresa de estas elecciones de mitad de periodo fue la desaparición del debate electoral de un importante asunto pendiente en la agenda del país: las armas.

En febrero pasado, un joven de 19 años entró a una escuela secundaria en Parkland, Florida, y asesinó a 17 personas e hirió a otras 17, la mayoría de ellas estudiantes.

Algunos de sus compañeros que sobrevivieron resultaron ser inteligentes, organizados y muy buenos comunicadores. En los días y semanas siguientes a la tragedia, este grupo de jóvenes logró crear una amplia e intensa discusión nacional acerca de la necesidad de regular más la compra y tenencia de armas. La intensidad del debate auguraba que el tema formaría parte inevitable de las campañas previas a las elecciones de la semana pasada. No fue así. Si bien es cierto que fueron elegidos varios representantes del Partido Demócrata que se atreven a enfrentar abiertamente a la NRA, el todopoderoso y muy bien financiado ‘lobby’ de las armas, la discusión sobre la necesidad de reformar las leyes en este campo brilló por su ausencia.

Al día siguiente de las elecciones, un hombre armado entró a un bar en California y, sin decir nada, asesinó a una docena de personas y luego se suicidó. En lo que va de este año han ocurrido 307 ataques como este

MOISÉS NAÍM
En Twitter: @moisesnaim

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA