Opinión

La paz, entre la 'Hamartia' y el 'Keorí'

Uno de los puntos centrales de la tragedia colombiana, como nación, es el desencuentro.

01 de febrero 2018 , 08:15 p.m.

'Hamartia' es un término del griego antiguo que alude a un error trágico que impide dar en el blanco. Uno de los puntos centrales de la tragedia colombiana, como nación, es el desencuentro. No dar en el blanco en el reconocimiento social de ser diversos.

No dar en el blanco significa identificar la diana plenamente o tener la visión de un proyecto, tenerla bajo control, conocer los modos del tiro conveniente, pero fallar por alguna razón desconocida.

La asediada implementación del Acuerdo Final de Paz con las Farc y el truncado proceso de Paz con el Eln, son una diciente representación de este punto trágico: ¿Cuántas madres y viudas queremos seguir viendo, dolientes, al borde de las tumbas de los suyos o consumidas en la hoguera interna que produce la ausencia de sus seres desaparecidos?

¿Pero cuál es el blanco o la diana a la cual hay que acertar? Es, principalmente, lograr la definición del punto neurálgico de la discusión nacional, es identificar el eje central en el cual girará el diálogo de nación. Será, acaso, ¿la fatigante cabalgata contra la corrupción? ¿El debate de la ideología religiosa? ¿La inclusión al prestigioso foro de las economías democráticas de la OCDE? ¿El desarrollo de una Educación de vanguardia? ¿La firma de los acuerdos de paz y su real implementación? ¿Tal vez ninguna de las anteriores o el conjunto de ellas?

El 'Keorí' es un término propio del pueblo indígena de los Desana (Vaupés), que alude al eco del universo, a la capacidad de oír el entorno; es el mecanismo de saber escuchar cada suceso. Toda acción humana tiene un eco, deja una estela de sonoridad única y se requiere de unos oidores de la repercusión de cada suceso. ¿Cuál es el keorí –el eco– de los acontecimientos del acuerdo de paz? ¿Estamos escuchando correctamente las repercusiones del conflicto armado colombiano?

¿Cuántas madres y viudas queremos seguir viendo, dolientes, al borde de las tumbas de los suyos o consumidas en la hoguera interna que produce la ausencia de sus seres desaparecidos?

Entre la 'hamartia' y el 'keorí' el pueblo colombiano se debate hacia la esperanza de un verdadero amanecer democrático: es la capacidad de saber escuchar las repercusiones de sus errores trágicos, que deberá superar sin evitar el desgarramiento del corazón.

Nos encontramos ante un nuevo punto de quiebre: las elecciones parlamentarias y presidenciales 2018-2022. He aquí, en buena parte, el manar de nuestra tragedia: el electorado en estado alterado. Por un lado una ciudadanía mayoritaria confrontada, llevada al borde de la desesperanza, que resuelve ser cómplice ante el temor de desaparecer. Por el otro, una ciudadanía minoritaria concientizada de sus derechos y deberes, dirigida hacia el crecimiento en democracia participativa.

¿Cómo asumir este camino entre el miedo y la resolución, y alcanzar la catarsis (la purificación humanista de la sociedad)?

Sin duda sería trabajar sin pausa en el desescalamiento de los odios, en despolarizar al electorado, en mostrarle el panorama tridimensional del país y de sus potencialidades de ser una gran nación en justicia social, que abandone los primeros lugares en inequidad en el mundo. Para ello necesitamos concientizarnos como un electorado empoderado de la fuerza decisoria del voto de opinión, lograr ser un electorado reflexivo con el 'keorí' de detectar y destruir las falsas verdades que nos imponen los candidatos del status quo, con sus noticias subliminales.

Colombia vive su propia 'hamartia'  de "no dar en el blanco" en el tiro hacia la diana de un gobierno progresista; pero siempre hay un nuevo turno para el acierto, la oportunidad de escuchar los ecos de las dificultades y esta nueva oportunidad se merece, en tanto que sea legítimo su intento de acertar.

Que el país quiera hacer “lo correcto” en la contemporaneidad del desarrollo sustentable en el marco del cambio climático, del enfoque diferencial, de la interculturalidad respetuosa, de la equidad religiosa y de género, de la diversidad sexual, de la dignidad de los seres no humanos. En esta línea de propósitos se le deberá permitir, a Colombia, hacer conciencia en la escucha de su histórico error trágico, y, así, consolidar los cimientos de la experiencia de vivir en verdadera democracia.

MIGUELÁNGEL EPEEYÜI LÓPEZ-H.
amerindia@hotmail.com

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA