Opinión

Reversa

El que maneja es un conductor designado que desconoce el automóvil que está conduciendo.

03 de diciembre 2018 , 07:27 p.m.

Este gobierno, y el país en general, va en reversa, casi desde que comenzó a andar –o a desandar, para ser más exactos–. En el caso actual, echando marcha atrás, el que maneja es un conductor designado que desconoce el automóvil que está manejando.

Acostumbrado a los carros automáticos, le cuesta mucho trabajo habituarse a la palanca mecánica de cambios. A ello se le suma que quien lo ayuda con el dele, dele, dele, grita repentina y desaforadamente ¡PARE! ¡ENDEREZÁ! Es un señor bastante malgeniado, lo que pone aún más nervioso al inexperto chofer. El designado no quiere usar el retrovisor, pero el dele, dele, insiste en este, pues al fin y al cabo es necesario cuando se da marcha atrás.

No han podido financiar la grúa que los saque del hueco fiscal ni al Fiscal del hueco en que anda metido.

Además, en la parte posterior del vehículo viajan dos señoras que complican aún más el trabajo de quien va tras el timón. Una no cesa cabalmente de decir: no, no, no, así no es, aprenda, vago, no estamos en la Unión Soviética. Y la otra, experta en filibusterismo (táctica que se emplea en las asambleas políticas u otros cuerpos deliberantes para retardar o impedir los acuerdos aprovechando cualquier oportunidad que ofrezca el procedimiento necesario para ello), está empeñada en distraer a todo el mundo con la cortina de humo que produce el exhosto, o tubo de escape, por tanto acelerar sin poder salir del hueco, y no cesa de gorjear con altavoz.

Quiero agregar lo siguiente: sugiero sacar el sobrepeso que dejó Dele, dele dele en el baúl. Y verificar y arreglar las direccionales, pues evidentemente no le funcionan las de izquierda ni las de derecha. Añado un asunto: a las baterías de hoy en día no se les echa agua, se alimentan de mermelada, y creería que es mejor empujar el carro para que prenda que volver a aquella práctica. En el caso de que la llanta se haya pinchado, sugiero una rueda de repuesto, limpiar los espejos laterales, enderezar el retrovisor (como manda el patrón) y darle pa’lante, aunque las carreteras estén aun en peores circunstancias.

Para terminar, hay otro vehículo que anda averiado, pero todavía desconocemos los hechos que lo estropearon. Estamos a la espera de que el piloto humano nos cuente qué fue lo que ocurrió. Espero que el siguiente número de la revista Motor nos cuente lo sucedido en ambos casos.

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