Opinión

‘Aliens’ en Navidad

Tenemos irresistible evidencia de que puede que no estemos solos.

24 de diciembre 2017 , 01:25 a.m.

Siempre he pensado que la mejor fecha para que conozcamos a un extraterrestre en este planeta, cuando él o ella (ya saben) finalmente resuelva presentarse, es Navidad. No solo el mundo es en muchos lugares más bonito y más amable, sino que el 24 de diciembre es básicamente un día en el que estamos esperando siempre a alguien que va a nacer.

Lo veo. Ese ‘extraalguien’ haría su aparición en alguna esquina mientras suena frenéticamente en el planeta Tierra el ding-dong de ‘Carol of the Bells’, del ucraniano Mykola Leontovych (1914). Imposible que esa aparición se produzca al ritmo del Jingle Bells, que resulta una ambientación demasiado terrestre para que la magia trascienda la carrera aérea de un grupo de venados, que vuelan arrastrando un trineo lleno de regalos que, en teoría, deberían alcanzar para toda la humanidad, bajo el azote de un viejito gordito y jovial vestido de rojo que todo el tiempo va diciendo “¡jo, jo, jo!”.

No. Mi extraterrestre va en serio. La mala noticia es que probablemente tampoco será esta Navidad. De nuevo tendremos que contentarnos con la llegada de un niño lleno de bienaventuranza que trae consigo sus propios misterios. Un poco extraterrestre, si se quiere.

El único consuelo es que, con respecto al ‘alien’ con el que sueño, podemos haber estado o estar cerca. Así se lo acaba de confirmar a CNN un exfuncionario que trabajaba en una oficina secreta del Pentágono cuya función era precisamente esa: buscar ovnis.

Al frente del programa, que duró hasta el 2012, cuando se cerró por prioridades presupuestales (es obvio que al Gobierno de EE. UU. le resulte prioritario cazar terroristas antes que ‘aliens’, aunque en algunos círculos gubernamentales se los llame de igual manera), estaba un tal Luis Elizondo. Quien, agobiado por tantos años de excitante secretismo, se destapó esta semana con la siguiente frase: “No puedo hablar en nombre del Gobierno de EE. UU., pero creo que hay evidencia que me impide descartar la posibilidad de una aeronave alienígena que visita la Tierra”.

Esta oficina secreta del Pentágono tenía una misión bastante particular: durante 5 años averiguó y determinó si cierta información recogida sobre ovnis era una amenaza potencial para la seguridad nacional de EE. UU. “Y encontramos mucho. Por ejemplo, aviones anómalos que aparentemente desafiaban las leyes de la aerodinámica. Sin servicio de vuelo evidente, ninguna forma obvia de propulsión, maniobraban en formas extremas más allá de las fuerzas G sanas para un ser humano o cualquier cosa biológica”. ¿Cómo verificaban eso? Entre el 2007 y el 2012 el Pentágono monitoreó imágenes y ruidos de objetos desconocidos y escuchó a testigos que aseguraron haber tenido “encuentros”.

Develado el secreto del Pentágono, han comenzado a aparecer varios de esos testigos. Uno al que ABC News le puso bastantes bolas navideñas, porque salió del secretismo del Pentágono, fue al piloto de la armada naval comodoro retirado David Fravor, con 18 años en el oficio, quien revela que durante un entrenamiento de rutina el 4 de noviembre de 2004 y acompañado de varios compañeros vio algo que le cambió la vida. Un objeto de 40 pies de longitud tipo tictac que voló sobre el mar a velocidades increíbles en un patrón absolutamente errático. “Se movía por todos lados, izquierda, derecha, adelante, atrás, al azar. No desplegó ninguna hélice o rotor típico de un helicóptero o chorro a propulsión de un avión. Cuando nos acercamos demasiado se elevó, nos alcanzó en altitud, siguió subiendo y desapareció en el cielo. Créanme: no era algo de este mundo”.

El piloto Fravor confiesa que no entiende lo que vio. Solo sabe, con sus años de experiencia, que fue un objeto inusualmente veloz, asombroso. “Ninguna aeronave que conozco puede volar a esas velocidades, manejarse así y tener esa forma”. Y termina con esta frase: “En un universo infinito, con múltiples galaxias de las que ya conocemos su existencia, que seamos el único planeta con vida indica que este es un universo muy solitario”.

Ahora: si en esta Navidad en alguna novena se presenta Elizondo diciendo “mucho gusto, buscador de ovnis del Pentágono”, no come natilla ni buñuelo.

Pero si luego de esa labor que realizó durante 5 años hace este anuncio navideño, por lo menos debe tocar al portal de Belén: “Tenemos irresistible evidencia de que puede que no estemos solos”.

Feliz Navidad.

MARÍA ISABEL RUEDA

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