Opinión

El recuerdo de un abuso infantil

‘The Tale’  muestra que todavía hay un largo camino por recorrer en la protección de niñas abusadas.

14 de julio 2018 , 11:53 p.m.

La niña cree que él la ama y que con él podrá ser libre. Espera con ansia los fines de semana para verlo. Una noche, el hombre le pide que se quite la ropa y se tranquilice; están rodeados de amor y libres de ataduras y restricciones sociales. Ella tiene 13 años; él, 40. La niña accede. Así transcurren uno y otro fin de semana de encuentros sexuales. Ella cree tener la situación bajo control, al punto de que un día decide terminar la relación y se ufana de haberle roto el corazón.

La niña es hoy la periodista Jennifer Fox, y la historia ocurrió en los años setenta. Hoy la convirtieron en película, ‘The Tale’ (El Relato) y ha levantado una gran polvareda en Estados Unidos. La historia busca explicar por qué esta mujer –como muchas otras– nunca denunció los repetidos encuentros sexuales con ese hombre cuando era apenas una niña. La respuesta es sencilla: porque no se consideraba una víctima. Este es uno de los grandes obstáculos cuando se trata de llevar a estos abusadores ante los tribunales: sus víctimas han sido manipuladas emocionalmente, al punto de que ellas creen que el hombre no se aprovechó de su inocencia ni violentó sus cuerpos.

La protagonista de la historia explica cómo ese hombre explota su deseo de libertad y su necesidad preadolescente de sentirse valorada. Y eso es lo que él le da a cambio de su cuerpo. En este caso hay consentimiento en los numerosos encuentros carnales, de allí la relevancia de las altas penas en territorio estadounidense contra individuos que se involucran en relaciones con jóvenes menores de edad, incluso cuando los jovencitos afirman que nada se ha hecho en contra de su voluntad. Lo clave aquí es el engaño emocional que lleva a cabo el abusador para conseguir lo que le sería imposible de obtener por otros medios.

Los esfuerzos de mujeres abusadas por denunciar y que sean castigados sus violadores, fortalecidos con el movimiento #MeToo ('Yo también') enfrentan ese obstáculo de que la víctima no se reconozca como tal. En muchas ocasiones, la gente se pregunta por qué las mujeres no denuncian y prefieren callar. A veces callan por miedo, esto lo sabemos, pero en otras ocasiones, como esta, es el simple desconocimiento de que lo ocurrido fue ilegal.

Ella creía ser mayor de lo que era cuando ocurrió, y esto le impedía ver que el proceso de seducción de su entrenador había sido en realidad el grotesco y repudiable abuso contra una niña. La memoria le juega una mala pasada, e incluso cuando corrige el rumbo y reconoce que era apenas una infante, sigue sin ver que había sido manipulada. Solo cuando salen a la luz otros casos y cuando ella confronta a las personas que pasaron ese primer verano con ella en los años setenta logra armar el rompecabezas en su mente.

No siempre, como vemos, basta saber reconocer el abuso en otros, pues a veces nuestra mente –por un instinto protector, tal vez– nos impide admitir que también nos pasó a nosotras. Fox reacciona de forma violenta cuando su madre y su pareja le sugieren que lo ocurrido estuvo mal y que ella había sido manipulada por un individuo maquiavélico. Ella no lo quiere creer, incluso en ese momento en que editaba un documental sobre abuso sexual a mujeres en la India.

Este tipo de manipulación del hombre hacia la mujer para llevarla al terreno sexual no es nueva. En eso consiste la archiconocida historia de ‘Don Juan’, publicada durante el Siglo de Oro español. El mujeriego va de pueblo en pueblo desflorando doncellas a punta de promesas de matrimonio y devoción ilimitada. La pena se castigaba antaño con la muerte, pues con la pureza virginal de la mujer se iba también el honor de la familia. Hoy en día persiste esa tendencia cultural de preservación de la “pureza” de la mujer, cosa que lleva a los hombres a inventar toda suerte de historias para conseguir ese fruto anhelado. Por eso, cuando se trata de una niña, la vileza es mil veces mayor. La niña de ‘The Tale’ nos muestra que todavía hay un largo camino por recorrer en materia de protección de niñas abusadas. Ojalá que salgan a la luz otras historias como esta que, además, destruyen el mito de Lolita de Nabokov, de la ‘femme fatale’ impúber. Necesitamos más mujeres valientes como Jennifer Fox para prevenir este tipo de manipulaciones que quebrantan el fuero más íntimo del ser humano: su sexualidad.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE

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