Opinión

Esta poca ambición

Bogotá nos pone como ejemplo de lo que no se debe hacer en las grandes ciudades.

08 de noviembre 2018 , 08:00 p.m.

Mientras que en el mundo se actúa para acelerar el tránsito hacia economías sin carbono, en Bogotá se ralentiza. Adjudicado el 59 % del transporte público con el estándar diésel Euro V (prohibido en Europa), se deja la ciudad sin buses eléctricos. El Estado debe planificar la transición teniendo en cuenta el informe 1,5 de la ONU. El transporte público no es el único sector donde hay que reducir emisiones. Colombia debe presentar muy pronto su Estrategia de descarbonización 2050.

Cabe esperar que allí se concrete una transición soportada sobre criterios de integralidad sectorial. Que el gas natural, por ejemplo, presente en un 41 % en la nueva flota pública de Bogotá (lo cual es bueno) funcione efectivamente como combustible puente hacia un esquema de recursos renovables ambicioso que abarque otros sectores. Que sustituya gradualmente el carbón y el petróleo. Que apoye la energía eólica y solar mediante cogeneración en ciclos combinados. En fin, que definamos con grandeza una transición basada en la ciencia.

El Estado debe facilitar todo esto antes de 2030 (Acuerdo de París). Pero, como la flota adjudicada rodará hasta 2029, ya no podemos aspirar a una transición ambiciosa del transporte de Bogotá antes de 2030. Si realmente queremos una sociedad sin carbono en 2050, es preciso, a mi juicio, empezar por dos cosas: 1) Entender la urgencia de emprender acciones ambiciosas y sin precedentes. 2) Que los ciudadanos se apersonen de la transición. Me explico: si seguimos pensando que esto es un problema del lejano futuro (2100, 2200) y que, por lo tanto, podemos ir poco a poco, haciendo cambios lentos y tal vez simbólicos; si no educamos a los que vienen en la nueva realidad –el informe 1.5–, no habría nada que hacer. A la academia le corresponde enseñar lo que hoy significa para cada sector ‘aumentar la ambición’, el nuevo lenguaje del mundo. Ahora bien, si los ciudadanos se desentienden de participar en las decisiones alrededor de la transición y dejan esta tarea a los gobernantes, pues ya vimos lo que podría pasar. La poquísima ambición demostrada por Bogotá nos pone como ejemplo de lo que no se debe hacer en las grandes ciudades.

Y otrosí: Bogotá firmó en 2015 la ‘Declaración de ciudades con autobuses limpios’. Allí, Volvo se comprometió, mediante esquemas de financiación favorables, a dotar las ciudades firmantes de flotas de nuevos autobuses con emisiones ultrabajas. ¿Por qué no se tuvo en cuenta esto?

@Guzmanhennessey

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