Opinión

Perro mundo

Quienes han violado y asesinado menores de edad, la duración de una pena carcelaria no los asusta.

13 de octubre 2018 , 12:01 a.m.

La liberación de Cristo José Contreras, el niño de 5 años que duró siete días secuestrado, se logró gracias a la inmensa labor de las Fuerzas Militares. En medio de una región selvática plagada de ‘elenos’ y otros bandidos, recogieron al niño que los secuestradores –cuatro desalmados, una mujer incluida– acosados por la Fuerza Pública, abandonaron en medio del monte mientras ponían pies en polvorosa para salvar su pellejo.

Tras esa exitosa operación, celebrada por todo el país, y mientras el pequeño Cristo José se reencontraba con sus padres y en cuya compañía atendía la invitación del presidente Duque para almorzar en la Casa de Nariño, Alberto Cardona, otro niño de 5 años, está perdido desde hace 3 semanas en una zona rural de Santa Marta. Iba con su padre, quien fue asesinado por otros malvados, y hoy nadie sabe qué hicieron con el niño. Pero todo es aún peor. Según un informe de Medicina Legal, publicado por EL TIEMPO, en 2018 han desaparecido 1.602 menores, de los cuales 795 tienen entre 10 y 14 años.

En el hogar, en la sociedad, en el país, lo más sagrado tienen que ser los niños. Pero terribles acontecimientos diarios demuestran que viven en permanente peligro. Para muchos de ellos, este es un perro mundo, pues no tienen seguridad ni en sus propios hogares. Con demasiada frecuencia, hasta bebés de pocos meses son violados por criminales adultos. Lo peor es que muchas veces, ese atropello se produce en sus propios hogares, donde el violador es el padre, el padrastro, el tío o alguno de los parientes del niño.

A quienes han sido denunciados por haber violado y asesinado bebés y menores de edad, la duración de una pena carcelaria no los asusta. Los 58 años de cárcel impuestos al asesino de Yuliana Samboní –un profesional de alta sociedad que sacó de un barrio de invasión a una niña de 7 años para violarla y luego asesinarla– no han disuadido a nuevos violadores ni a nuevos asesinos, que siguen cometiendo atrocidades iguales. A esa clase de delincuentes, los muchos años de cárcel no han servido para frenarlos. Ha podido más esa sed de violar que llevan por dentro. Por eso hay gente que ha propuesto que los castren. Pero esa decisión de marca mayor, que en Colombia no se contempla por razones humanitarias y religiosas, parece imposible aplicarla.

Esa aberración, inclinación, gusto, o como pueda llamarse, también se da en hombres consagrados al servicio de Dios. Arzobispos, obispos, curas del montón han violado niños en parroquias y escuelas. En su último viaje a Chile, el papa Francisco supo del lujurioso comportamiento de altos prelados. Al principio no lo creyó, luego lo reconoció y desde Roma castigó a algunos culpables. Y en Pensilvania (EE. UU.) se destapó hace poco que durante años ha habido violaciones en serie cometidas y ocultadas por el clero local. En Roma, al saber que un arzobispo de Australia fue violador de niños, el Papa lo echó de la Iglesia católica.

En otros altos círculos, como en el magisterio, también hay maestros que han violado a algunos de sus alumnos. Todo esto significa que la violación es una amenaza muy seria para los menores de edad, pues los han violado en su hogar, en su colegio, en su parroquia, en su universidad, sin que castigar a los culpables haya servido para evitar nuevos casos que para tantos menores han sido una verdadera tragedia. Por lo tanto, el mejor remedio, o tal vez el único, es que las madres extremen el cuidado de sus bebés y sus hijos menores. Es un deber educarlos para que aprendan a defenderse.

El Chinche

Porque con Martha Bossio y Julio César Luna andamos al rescate de la historia de la vieja TV, tengo a mano el recorrido de Héctor Ulloa, inolvidable actor de Don Chinche, obra ideada, escrita y dirigida por Pepe Sánchez con el apoyo de Fernando Gómez Agudelo. Esa serie, sobre la vida de don Chinche y de modestos habitantes de La Perseverancia, nos alegró muchas noches durante 7 años (1982-1989). Añoro esa vieja TV. Y me conmueve Cinco centavitos de felicidad, bolero que escribió Héctor Ulloa, ese querido actor que los televidentes de la vieja guardia no podremos olvidar.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynietods@gmail.com

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