Opinión

Colombia informal

¿El rappitendero podría operar sin Rappi? ¿Uber podría existir si no existieran los conductores?

05 de noviembre 2018 , 11:36 p.m.

Cada tanto se lo repito a mis amigos: en Colombia nos gusta tener sirvientes. Nos encanta ser atendidos cual si fuéramos miembros de una decadente corte en la que hay esclavos y servidumbre, mientras que unos pseudonobles creen que todo lo merecen casi por derecho divino. Vivimos en la ilusión de que algunos están para mandar y otros, para cumplir órdenes. Para los primeros, lo importante es tener que pagar poco o nada por los servicios prestados por los segundos y así terminan convencidos de que recibir cualquier tipo de ayuda es más la atención a un derecho, antes que una mera transacción mediada por el dinero.

Basta un ejemplo para ilustrar esa realidad: Rappi.

Para muchos, Rappi es la panacea de las aplicaciones móviles. ¿Necesita un mercado sin salir de la casa? Rappi. ¿Necesita que urgente le lleven algo de un lugar a otro? Rappi. ¿Necesita dinero en efectivo de urgencia? Rappi. Y así, poco a poco hemos visto cómo algunas de las ciudades del país se han ido llenando de más y más jóvenes con gorras de color naranja fluorescente que van y vienen en sus bicicletas atendiendo los pedidos de los ‘rappiusuarios’.

Parece un negocio bien montado: a los muchachos les dan uniforme con gorras, chaquetas y maletones gigantes para llevar sus pedidos, todos debidamente contramarcados con el nombre de la aplicación. Supone uno que por tratarse de una operación tan grande, todo está en regla y de ahí que celebremos la noticia según la cual Rappi va volando a integrar el mercado Nasdaq en la bolsa de Nueva York.

¿Pero es verdad tanta dicha? ¿Rappi es el modelo ideal de una compañía del siglo XXI?

Si nos quedamos en la perspectiva meramente financiera, el fenómeno de esa aplicación es algo de admirar. En cuestión de cuatro años incrementaron su valor hasta alcanzar una valoración cercana a los 1.000 millones de dólares y entre tanto han abierto operaciones en países como México, Argentina, Chile, Perú o Brasil. ¡Fenomenal!

Pero otra es la historia de sus trabajadores. Los llamados rappitenderos deben poner desde su propia bicicleta (que si se daña tendrá que ser reparada con la plata del bolsillo del rappitendero) hasta su propia vida (porque la empresa Rappi no se hace cargo de pagos parafiscales como salud o pensión y mucho menos de un seguro en caso de accidentes). ¿Es ese el modelo ideal de los negocios del futuro? ¿Que unos creativos desarrolladores se enriquezcan mientras que quienes son explotados por la dichosa aplicación a duras penas ganen dinero para sobrevivir?

Es indiscutible que el modelo de negocio de Rappi no es nuevo. Sin ir muy lejos, los señores de Uber operan bajo el mismo concepto, según el cual no existe vínculo laboral entre la empresa explotadora (Uber) y el asociado (conductor). De esta manera se elimina cualquier tipo de responsabilidad real entre el uno y el otro, y de un plumazo el rappitendero o el conductor de Uber se convierten en trabajadores independientes. La pregunta que viene es: ¿de verdad son trabajadores independientes? ¿El rappitendero podría operar sin Rappi? ¿Uber podría existir si no existieran los conductores?

En estos tiempos de búsqueda de una sociedad más igualitaria, este debería ser un debate público liderado por el Presidente de la república. ¿Colombia va a ser el paraíso de las empresas multimillonarias con empleados (perdone que no use el término ‘asociados’) que no reciben los mínimos que se le deben exigir a un empleador? ¿O el Gobierno va a abogar por que una empresa que se hace rica a punta de la explotación de los más necesitados responda socialmente por estos?

#PreguntaSuelta: ¿Cuál es la tirria que les tiene el alcalde de Bogotá a los bogotanos para que no se haya hecho un mayor esfuerzo para garantizar buses eléctricos, así fueran unos pocos, en la nueva flota de TransMilenio?

JUAN PABLO CALVÁS
En Twitter: @Colombiascopio

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