Opinión

Barriendo para entregar

Los nadaístas continuamos dando nuestra batalla contra la estolidez rampante y contra la muerte.

12 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Para Elmo Valencia, en memoria

Hay quienes se proponen –o les proponen– una meta en la vida y emplean toda esa vida en cumplirla, así hayan renunciado al camino. “El hombre no tiene sino sus dos pies, sus zapatos rotos y un camino que no conduce a ninguna parte”, dijo el Profeta, y por allí nos empeñamos sus discípulos doce en terminar de gastar la remonta de los zapatos. Y llegar sin tener por dónde es proeza digna de encomio.

Les estoy hablando del nadaísmo, como habrán adivinado nuestros lectores cautivos, ese movimiento de inmóviles que hace 60 años empezó a bostezar del aburrimiento de vivir en un país que lo único que ofrecía cada día era la noticia de una tracalada de muertes atroces en el campo y en las ciudades por aberraciones políticas y por el despojo de tierras. Ese movimiento de muchachos de extracción popular en provincias se propuso quitarle la máscara a la aparente solemnidad de los gobernantes engolados en un palabrerío sin sentido. No yéndose para el monte sino metiéndoselo enrolado en cigarrillos de aspiración prohibida, para burlar las leyes por lo más leve; con la poesía como chaleco a prueba de babas para defenderse de los bobalicones que mantenían el statu quo. Pasados 60 años fue un nadaísta declarado, Humberto de la Calle, quien logró la paz de Colombia tras arduas y prolongadas negociaciones, por lo que hubiera merecido ser Presidente. Pero no solo no logramos el solio, sino que incluso se quiere borrar la paz alcanzada. “País de cafres”, como dijo el mismo de “el poder para qué”. El poder para nada, para joder.

De los '13 poetas nadaístas', nuestro primer libro de 1963, quedamos tres.

De los '13 poetas nadaístas', nuestro primer libro de 1963, quedamos tres. Pero con los otros diez de la segunda cochada que siguen vivos, continuamos dando nuestra batalla contra la estolidez rampante y contra la muerte. Y viendo cómo el mundo ha cambiado de caminado. Esos muchachos locos que ayer andaban por los andenes de Medellín y de Cali ostentando sus años mozos, que fueron perseguidos por la tombamenta por vagos, por incendiarios, por extravagantes, por aberrantes, por viciosos, por saboteadores, por sacrílegos, por apátridas, hoy son celebrados por la Alcaldía de Medellín en asocio con la Biblioteca Piloto, que detenta parte de los archivos, con sus fotos al tamaño en las estaciones del metro, y en el interior del mismo con sus poemas, manifiestos, entrevistas, correspondencia. Y puestos como ejemplo para la juventud de todos los tiempos que corran. Y así por todas partes, aunque algunos se resientan de los homenajes y reconocimientos como si ello significara traicionarse en lugar de dignificarse. Yo sí acudo a cada evento sin mosquearme y sacando pecho, que para algo estoy estrenando pelo, columna vertebral y zapatos.

Dos entidades poderosas se han interesado por nuestra historia. La Biblioteca Nacional de Colombia, dirigida con ímpetu por Consuelo Gaitán, quien para una colección de obras representativas de la literatura nacional me ha encomendado una antología amplia de poetas del movimiento, y en el camino me han aparecido sesenta para un tomo de más de seiscientas páginas, dificultosas de concluir porque la mayoría de los biografías de los poetas no existe y porque he estado invalidado por sucesivas intervenciones quirúrgicas de las vértebras. Pero estoy a punto de terminarla para hacer la solemne entrega, previas las rendidas disculpas por la demora.

Algo parecido me pasa con la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República, que también está cumpliendo 60 años, interesada en 'Los Sagrados Archivos' que detento en cuarenta cajas, y que en compañía de una asesora he estado en los últimos meses seleccionando, autor por autor, por géneros, por épocas, fotos, cuadros, recortes, entrevistas, caricaturas y hasta prontuarios.

Así vamos, rindiendo cuentas pero sin rendirnos. Cuadrando caja, dicen otros. Ajustando cuentas, dice un tercero. Pero también como terminó cantando Mayolo: “Barriendo para entregar”.

JOTAMARIO ARBELÁEZ
jotamarionada@hotmail.com

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