Opinión

La crisis del 11 de septiembre

La manera como el Estado norteamericano manejó la situación durante ese el 11/9 fue ejemplar.

14 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Después de 17 años de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, quiero rememorar algunos momentos que dejaron enseñanzas valiosas para un grupo de colombianos que asistíamos por esos días a un curso sobre manejo de crisis y terrorismo en la ciudad de Washington, organizado por el Departamento de Estado de EE. UU. y la Oficina de Asistencia Antiterrorista.

Ese 11/9, en nuestro segundo día de curso, a las 8:40 de la mañana, cuando estrellaron el primer avión contra una de las Torres Gemelas, nos encontrábamos en el receso frente a un televisor en el hotel Hilton del Distrito de Columbia, que en ese momento trasmitía las noticias por CNN y mostró en vivo y en directo este atentado. Los colombianos allí presentes lo vimos como un accidente, pero el exdirector del Departamento de Estado Morris D. Busby comentó: “Eso no es un accidente”. Lo más sorprendente es que después de los quince minutos de receso volvimos a la conferencia del sr. Busby, como si nada hubiera pasado. Ese hecho en Colombia y muchos países hubiera cancelado el curso.

Veinte minutos después, una persona ingresó al salón y le entregó al sr. Busby un papel que inmediatamente leyó: habían impactado otro avión contra la segunda torre, lo que descartaba la hipótesis de accidente. Para sorpresa nuestra, la conferencia continuó; no había desespero, se conservaba la calma.

Al comparar la forma como se manejó esa crisis con algunos de los atentados que se producen en Colombia, se entiende que todavía nos faltan organización y manejo.

Luego comprendí que no obstante la importancia de los conferencistas del curso, algunos de ellos funcionarios del Departamento de Estado que seguramente podrían ayudar o ponerse a disposición para el manejo de crisis que estaban produciendo los atentados, ellos tenían una orden y un compromiso que cumplir con el curso, que duraba otras dos semanas, y seguramente lo que menos querían era tener un grupo de colombianos curiosos que habrían intentado llegar hasta el Pentágono para ver el tercer ataque, en Washington, a las 9:40 a. m.

La manera como manejó la crisis el Estado norteamericano durante ese día fue ejemplar: las autoridades de socorro cumplieron la labor como correspondía a pesar de los riesgos, la policía acordonaba las zonas, ayudaba a salir a los ciudadanos, no dejaba ingresar a algunos curiosos y alejaba a los ciudadanos de las zonas de riesgo; los gobernantes, funcionarios y políticos no corrieron a dar declaraciones desde el sitio de los atentados y sin tener información precisa; nadie se aventuró a dar declaraciones o a señalar culpables, solo el presidente lo hizo esa misma noche con un discurso muy bien elaborado.

Al comparar la forma como se manejó esa crisis con algunos de los atentados que se producen en Colombia, se entiende que todavía nos faltan organización y manejo. Aquí, ministros, políticos, jefes de las fuerzas de seguridad y hasta el presidente van hasta el lugar de los hechos, dan declaraciones en vivo y en directo, entorpecen las acciones de socorro, la atención de heridos, las primeras labores de investigación criminal, y con este comportamiento se ponen ellos mismos y ponen en riesgo a muchas personas, además de contaminar la escena del delito. Basta recordar los atentados de El Nogal y a Caracol.

Es el mejor curso al cual he asistido, tanto por la forma como el Gobierno de EE. UU. manejó la crisis en ese momento como por el contenido del curso, que nunca se suspendió, y por los comentarios y análisis de los hechos de los expertos conferencistas que tuvimos. Esto sirvió para que, a finales del 2001, todo el gabinete de la administración Mockus se capacitara en manejo de crisis y terrorismo con dos cursos dictados por el Departamento de Estado de EE. UU. y Scotland Yard, formación que contribuyó a un mejor manejo de la ola de atentados terroristas como aquellos a los que las Farc sometieron la ciudad tras el rompimiento de los diálogos del Caguán.

Ojalá este aniversario sirva para reflexionar sobre la manera como el Estado colombiano maneja sus crisis.

HUGO ACERO VELÁSQUEZ

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