Opinión

La AD M-19 está viva

La intemporalidad de la norma constitucional mantiene vivo el derecho a reactivarse de la AD M-19.

15 de abril 2019 , 07:00 p.m.

En 1990, mediante acuerdo con el gobierno del presidente Virgilio Barco, el M-19, organización alzada en armas como respuesta al fraude electoral del 19 de abril de 1970, se comprometió a abandonar la guerra. Desde entonces, los integrantes sobrevivientes de esa organización armada desmovilizada honran la palabra empeñada: hacer política sin armas, sin violencia.

Quienes como voceros del M-19 de los acuerdos de paz tuvimos que lidiar con el proceso –al igual que los colombianos que tenían la edad suficiente para comprender la dimensión trascendente de la paz pactada– recordamos que, además de la reforma política para ampliar la democracia, también se acordó realizar las gestiones para la organización de la colectividad política que permitiera luchar por el poder sin el uso de la violencia. Surge, pues, lo que se denominó la Alianza Democrática M-19, con una variopinta pluralidad de liderazgos sociales, políticos y ciudadanos.

Por ese entonces, de unos ladrillos agrupados formando la palabra ‘eme’, pasando por el dibujo de una especie de corbatín en blanco y negro, finalmente se sintetizó el dibujo de la colectividad en la reconocida ‘ola’ de la letra ‘M’, imagen con la cual Carlos Pizarro, antes de ser asesinado en un avión comercial en pleno vuelo, realizara la breve campaña electoral a la presidencia promoviendo la propuesta programática bajo el título de ‘Las tres rectificaciones para la paz’, incluyendo el compromiso de impulsar un “momento de democracia” como la Asamblea Constituyente, bajo el lema de ‘Palabra que sí’.

La feliz coincidencia de la paz del M-19 con la dinámica estudiantil de la ‘séptima papeleta’, en cuyo texto se ordenaba la realización de la Constituyente, generó el respaldo de opinión suficiente para que, ya elegido presidente César Gaviria, después de los magnicidios de Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, entre otros candidatos, se firmara el pacto político mediante el cual se convocaría la Asamblea Nacional Constituyente, evento electoral que se realiza el 9 de diciembre de 1990, alcanzando 19 escaños la Alianza Democrática M-19, del cual ocupé uno de ellos.

Así, pues, el papel de la colectividad política derivada del acuerdo de paz se convierte en protagonista constituyente y poseedora de una enorme simpatía ciudadana. Aprueba la Constituyente una serie de normas transitorias, encaminadas a realizar los ajustes entre el nuevo orden, vigente a partir del 4 de julio de 1991, con las dinámicas que traía la institucionalidad en el marco de la derogada Constitución de 1886. Entre las normas transitorias, en el Capítulo IV artículo 35, se habilita el reconocimiento, con rango constitucional, a las colectividades políticas integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente.

“Flor de un día”, con sarcasmo, vaticinó el fallecido expresidente Alfonso López Michelsen. Después de obtener diez curules en el Senado y representación en la Cámara, llegó el esporrondingue y la desaparición del escenario legislativo, hasta el 2002, cuando se reactiva la Alianza Democrática M-19, mediante resolución 7463 del Consejo Nacional Electoral y en la cual, al suscrito, se le reconoce como Secretario General de la asamblea estatutaria e integrante de la Comisión Ejecutiva Nacional.

Mucha agua ha corrido por debajo de los puentes, incluido una aparente liquidación de la colectividad por una mutación impertinente en otro partido porque la intemporalidad de la norma constitucional (solo modificable mediante acto legislativo), mantiene vivo el derecho a reactivarse de la AD M-19, como lo dice la norma constitucional, con el único requisito de nuestra solicitud. Entonces, la negativa de reconocimiento por parte del CNE, como otras acciones de persecución contra activistas y agrupaciones que trabajan por la alternancia al poder, ni más allá ni más acá, es inconstitucional.@tikopineda

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