Opinión

Ingenuidad

Petro no tiene que convertir el país en otra Venezuela para que su gobierno sea un desastre.

14 de junio 2018 , 12:00 a.m.

La discusión pretende ser reducida al hecho de que es una exageración argumentar que Petro es castrochavista. Es obvio que lo es, pero no se trata de eso. Petro no tiene que convertir el país en otra Venezuela para que su gobierno sea un desastre. Del mismo modo que Duque no necesita cambiar la Constitución de modo que Uribe pueda reelegirse para que la corrupción y la desigualdad continúen desbordándose. 

De lo que se trata es de imponer controles sobre hechos probables. Por eso es tan importante el voto en blanco, es la manera que tiene el centro de decirles tanto a la derecha como a la izquierda que deben moderarse.

Es cierto que por pura aritmética la decisión de votar en blanco favorecerá a Duque. Muchos formadores de opinión e intelectuales han decidido apoyar, por esa razón, a Petro a pesar de no haber votado por él en la primera vuelta. En el fondo, es la manifestación de un voto en contra de Uribe. Sin embargo, tanto antiuribismo guarda una enorme dosis de ingenuidad. Petro representa unos riesgos enormes para la democracia liberal, la estabilidad económica y la mejora de las condiciones sociales que ameritan garantías más sólidas que los mandamientos en mármol.

Tanto antiuribismo guarda una enorme dosis de ingenuidad. Petro representa unos riesgos enormes para la democracia liberal.

Petro apenas se bajó de la idea de la constituyente cuando era evidente que le podía costar los votos del centro en la segunda vuelta. De hecho, no ha dicho que vaya respetar las decisiones del Congreso, sino que en vez de una constituyente va a movilizar a la población para obligar al Congreso a que le aprueban sus reformas.
Nada más opuesto a la democracia que forzar decisiones políticas desde la presidencia por medios extrainstitucionales.

Y, aun aceptando que no pueda cambiar las instituciones existentes, su gobierno de seguro llevaría al país a una crisis económica y social. No es un secreto que las inversiones están congeladas porque las declaraciones de Petro llenaron de desconfianza los mercados. Sus propuestas, aunque necesarias como el impuesto a la tierra y la diversificación económica, son inviables por unas convicciones caducas y una pobre capacidad de gestión. Es suficiente decir que Sergio Pascual, su gurú internacional, fundó la Celag, un tanque de pensamiento dirigido por un exasesor de Venezuela, del cual Maduro dijo que era el “Jesucristo de la economía”.

Tantas señales deberían abrir los ojos de intelectuales y analistas. Si alguien sufre con las crisis son los más pobres.

GUSTAVO DUNCAN

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