Opinión

El candor y la paz

Se posesione a la Farc en el Congreso, aunque mantenga un brazo armado denominado 'disidencias'.

07 de diciembre 2018 , 07:38 p.m.

Los negociadores en Cuba debieron analizar las estrategias insurgentes con anterioridad al balance de costos y beneficios de una hipotética tranquilidad. ¿Sabrían que las Farc combinan la guerra insurreccional y la guerra popular prolongada (GPP) de Mao, cuyo objetivo para la toma del poder es el manejo del pueblo?

Una huelga general como objetivo político de la insurrección y lucha tanto armada como político-psicológica, con sus componentes jurídico, de masas y de organizaciones de la GPP, apuntan en esa dirección. Se debió pensar en simultáneo que el socialismo del siglo XXI pretenderá acceder al poder utilizando la democracia, para luego destruirla desde adentro.

Algo se evidencia en el estudio del Centro Nacional de Memoria Histórica que atribuye a agentes del Estado 9.804 muertes de civiles y a la exguerrilla 18.925. Igualmente, en la crítica –malintencionada– al proceso especial para juzgar militares en la JEP por la dependencia de la ONU para los DD. HH. en Colombia.

A lo anterior se suma que la JEP, de reconocida filiación ideológica, sea juez de militares. Sorprende que, al tiempo que se desprestigia la institucionalidad, se posesione a la Farc en el Congreso, aunque mantenga en retaguardia un brazo armado denominado ‘disidencias’.

El incremento del narcotráfico se ha desbordado en parte ante la creencia, propagada por las Farc, de beneficios para quienes tuvieran sembrados de coca. En tanto, en Cuba buscaban acabar con los Esmad de la policía para obligar a la fuerza letal del Estado a confrontar la protesta social y sus colectivos armados, organizados por las ‘disidencias’.

El plan de las estructuras socialistas enquistadas en la Universidad Nacional busca paralizar las ciudades, y, tal como han anunciado sus líderes, Colombia Humana y Marcha Patriótica ayudarán en la protesta generalizada. Una paz financiada por los colombianos, a un costo que podría alcanzar los 187.000 millones de dólares, según cálculos del Bank of America.

La estrategia es clara: generación de condiciones para ser explotadas políticamente por populistas. ¿No prenderán las alarmas los 8 millones de votos obtenidos por Petro, candidato del socialismo del siglo XXI? Sumados los factores adversos del Estado a las variadas formas de lucha, apuntarán al desmoronamiento institucional, trofeo que los candorosos denominaron ‘la paz con la guerrilla’.

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