Opinión

¡Ayy! galeón, galeón

Gobierno Santos trazó una posición razonable en la balanza ciencia, patrimonio, costos y soberanía.

11 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Todo esto alrededor del San José es como el eterno retorno pintado por Escher. Algo de broma de la historia, una fata morgana, un filamento de ilusión que se hunde.

No lejos del agua que humedece a Cartagena (o que la ensucia, porque hay que ver lo que recoge), lleva 310 años, y, entre portafolios de sabios, inversionistas, jueces, piratas, presidentes y patricios, cumple unos cuarenta. Todos dan cátedra, unas jornadas se asocian, otras se repelen; vapulean como tormenta marina, naufragan y de la nada reviven.

Llevaba joyas, monedas, tesoros de aquí, del Perú y de España, que era y sigue siendo imperio (dicen algunos hispánicos), bla, bla... Lo encontraron unos gringos hace años, lo saquean nadadores, fue arrasado ya por submarinos venidos allende nuestra minúscula caverna; les importa a la patria, al país, a El País de España, a España, al rey y a su fisco; también, a Obama, a Trump, a la Unesco, al Ministerio de Hacienda, a los descendientes del Tahuantinsuyu, a usted, a mí... qué ahogo.

Arrumes de verdades y tácticas de guerra; anzuelos, mentirillas, largas narices husmeando, papeles y billete bajo la mesa; un poco de ciencia, una megaobra, un toque de soberanía, un asunto muy serio, cosa de locos. Todo.

Quién diría que en el año 85, huyendo de casa en busca de revueltas, alcancé a enlistarme para ir de overol (no de buzo) al rescate del fabuloso San José. Nunca ocurrió. Con un naufragio propio volví, y, ahora sí, a estudiar derechito.

No lejos del agua que humedece a Cartagena lleva 310 años, y, entre portafolios de sabios, inversionistas, jueces, piratas, presidentes y patricios, cumple unos cuarenta.

Años después me hice con mucho gusto eso que llaman un fundamentalista defensor de cosas culturales, moví a capa y espada textos, debates, leyes para decir que este asunto de la memoria tiene valor y no precio. No se vende, ni siendo pecio.

En los ochenta, cuando llamó la sirena, la administración de Belisario B. movió normas que sirvieron a piratas que aún reclaman (tocando nuestro bolsillo); luego vinieron tribunales, mesas internacionales, textos. Lo peor (qué paradoja) es que en mares colombianos habría casi mil naufragios. La multiplicación de los líos. ¡Por Dios, que, además, no encuentren petróleo!

El gobierno que terminó trazó una posición razonable en la balanza ciencia, patrimonio, costos y soberanía. Hay prueba de que esto no es carreta, sino galeón. Pero el mar está picado. Esperemos no ir hacia una tromba marina. Otro día contamos la historia completa.

GONZALO CASTELLANOS

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