Opinión

La búsqueda de un sol interior

No obstante y con mis años, no sé si se puede construir un saber sobre el amor.

25 de julio 2018 , 12:00 a.m.

En estos 20 años como columnista de EL TIEMPO he escrito muchas veces sobre el amor, un tema de gran importancia para la vida de mujeres y hombres y que ha conocido grandes cambios en estas últimas cinco décadas. Y después de haber visto la película 'Un sol interior' con la magnífica actriz Juliette Binoche, me dieron ganas de volver a escribir sobre este tema tan complejo.

No obstante y con mis años, no sé si se puede construir un saber sobre el amor. Cada historia de amor es el reflejo de una subjetividad y de una historia de vida que se entrelaza con unos potentes imaginarios sociales que le dan coloraciones particulares a cada amor. Y es lo que nos dice, creo yo, esta bella película.

A todo lo largo de la cinta, y a través de diálogos amorosos con varios hombres, una mujer de unos 45 años busca respuestas a sus tormentosas preguntas sobre el amor, sobre el deseo y la posibilidad de compartir la vida cotidiana con un hombre. Claro, en un medio muy francés y muy de clase social privilegiada que personifican un banquero, un galerista, unos artistas y su exmarido, entre varios otros.

Mientras la veía pensaba en el famoso diálogo de una canción de Serge Gainsbourg en el cual una mujer le dice a un hombre “Yo te amo” y él le responde “Yo tampoco”. Porque es exactamente esto lo que nos reafirma esta dolorosa búsqueda de la protagonista.

Ella hubiera debido saber que uno no le puede pedir al amor lo que el amor no nos puede dar. Ella hubiera debido recordar que si Eloísa y Abelardo, si Romeo y Julieta, si Efraín y María, si Lou Salomé y Nietzsche, si Frida Kahlo y Diego Rivera, si Camille Claudel y Rodin, entre muchos otros amantes, no lo lograron, por qué nosotras habríamos de lograrlo...

Demandar amor es pedir algo que el amado, en general, no puede dar y es a menudo ofrecer al otro lo que ese otro no necesita.

No, Isabel, en su búsqueda de respuesta, se queda devorando el vacío hasta que encuentra un hombre (cuyo papel, nada más ni nada menos, es desempeñado por Gerard Depardieu), que le explica que su búsqueda es en vano porque, sencillamente, un día, cuando sienta un sol interior que la caliente, entonces sabrá que eso es el amor, solo eso, un sol interior. Y saber que demandar amor es pedir algo que el amado, en general, no puede dar y es a menudo ofrecer al otro lo que ese otro no necesita.

Quizás una pareja emblemática como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir lo supieron, lo que les permitió construir un pacto desde el inicio de su encuentro amoroso. Pudieron de alguna manera sobrevivir al amor. Nosotras, o por lo menos las mujeres de mi generación, lo entendimos demasiado tarde. Y esto, a pesar (para algunas como yo) de nuestro feminismo.

No obstante, quisiera terminar volviendo a la película. Isabel, una mujer de hoy, nos muestra, a través de su búsqueda y de sus preguntas, que no encuentra nunca una respuesta, que el amor no se puede reinventar aun cuando las mujeres hemos podido reinventarnos.

Hoy vivimos el amor desde una posición de sujetas de deseo, de palabras y de derechos, lo que lógicamente transformó las dinámicas del amor, pero las preguntas siguen siendo la mismas. Las mismas que las que se hacía la Madame Bovary, de Flaubert.

Claro, por cierto, nuestras demandas se volvieron más complejas con nuestra revolución, pero, en el fondo, nos preguntamos lo mismo. Ante esto, el silencio es, creo yo, más revelador que las palabras. A Isabel le faltó, quizás, saber escuchar el silencio.

FLORENCE THOMAS
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

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