Opinión

Días de la mujer

Celebro que cada vez sean más los días en que ellas levantan la mano y hacen valer sus derechos.

06 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

Iba a decir que tenía sentido celebrar el día de la mujer a comienzos del siglo pasado, precisamente cuando fue instituido, en una época en que la gran mayoría de las oportunidades laborales estaban reservadas para los hombres, y cuando las urnas y, en general, las decisiones políticas eran una exclusividad masculina, como lo eran las aulas universitarias, en donde la excepcional presencia femenina simplemente confirmaba la regla de una sociedad machista.

Iba a decir que tal vez ya no hacía falta destinar un día para reclamar esos derechos que, al parecer, se han alcanzado: las mujeres eligen y son elegidas, ocupan al menos tantos pupitres universitarios como los hombres, y su presencia en oficinas e industrias no es un asunto extraño.

Lo iba a decir, ¡lo quería decir!, porque no me gusta que algunos piensen que hay un día para ellas y 364 para los hombres.

Lo iba a decir, pero caí en la cuenta de que estaba pensando con el deseo: por absurdo que parezca, el machismo y la discriminación hacia la mujer siguen siendo algunas de las grandes pestes de la humanidad. Pestes que se manifiestan de infinidad de formas: desde los chistes flojos en los cuales se presenta a las mujeres como inferiores en algún aspecto –chistes que muchos repiten día a día como si se tratara de algo inofensivo: que no lo es– hasta el maltrato físico, el acoso laboral, el acoso sexual y el feminicidio, que pueblan las páginas de los diarios.

El machismo y la discriminación hacia la mujer siguen siendo algunas de las grandes pestes de la humanidad.

Comprendí, entonces, por qué conserva su vigencia esta fecha en la cual las mujeres levantan la mano para llamar la atención sobre los horrores de los cuales siguen siendo víctimas. Y levanto la mano con ellas, desde la solidaridad pero también desde la vergüenza de un género que no ha sido capaz de entender la grandeza de la mujer. Y celebro que cada vez sean más los días y los momentos en que ellas levantan la mano y hacen valer sus derechos.

En todo caso, lo que quería decir, desde la ingenuidad pero también desde el respeto y el cariño, es que todos los días, de lunes a domingo y de enero a diciembre, deberían ser los días de la mujer: para agradecerles por habernos dado la vida y haberles dado la vida a nuestro hijos, para admirar esa inteligencia que también se alimenta de una intuición extraordinaria, para ir limpiando ese camino más complejo y enredado que les ha tocado recorrer.

FERNANDO QUIROZ

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