Opinión

Comprar la felicidad

Qué cantidad de gente empeña su felicidad por caprichos sociales. Por apariencias. Por el qué dirán.

12 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

¿Historia?, preguntó la señora, aterrada, casi adolorida, mientras algo buscaba en su cartera Louis Vuitton. ¿Historia?, repitió, al borde del llanto. ¿Pero cómo nos vas a hacer eso?

Sacó un espejo –supongo que un espejo de aumento– para revisar si la noticia había hecho estragos en su cara: y comprobó que unas gotas diminutas –tal vez una mezcla de lágrimas y del sudor que llegó como consecuencia de la tensión elevada por el anuncio– atentaban contra el perfecto equilibrio de una figura en la que sin duda había invertido muchas cremas y una que otra cirugía.

Fingí que seguía en la lectura de la maravillosa biografía de Lennon que escribió David Foenkinos –por cierto, valdría la pena ocuparnos en otra ocasión de este talentoso narrador francés–, pero en realidad tenía toda la atención puesta en la escena que sucedía frente a mí en aquella sala de espera.

Diles a tus amigos que a tu hijo lo atacó la estupidez y le dio por estudiar una carrera en la que cree que va a ser feliz. Imagínense: ¡buscar la felicidad en lugar de comprarla!

¿Sabes para qué te sirve en la vida un título de historiador? ¡Para nada! ¡Para absolutamente nada! ¡Para morirte de hambre! ¡Para convertirte en profesor de colegio! ¡Un profesor de colegio! ¡Por dios, después de todo lo que hemos invertido en tu estudio, nos sales ahora con que quieres ser historiador! ¡A tu papá le va a dar un infarto cuando se entere de la estupidez que estás pensando!

De la cartera café con dibujos habanos –idéntica a cientos de carteras que en ese mismo instante exhibían cientos de señoras en otras salas de espera a pocos metros a la redonda– salieron ahora unos pañuelos faciales que no dieron abasto para tanto llanto y tanta congestión.

¿Y qué le voy a decir a la gente? ¿Que a mi hijo le dio por estudiar historia? ¡Pensarán que no tuvimos con qué pagarte una carrera decente! ¿Qué les voy a decir?
El muchacho se levantó de la silla en la que había permanecido en admirable silencio. Caminó hasta el fondo del pasillo y regresó. Miró a los ojos a esta señora, que sin duda era su madre, y respondió a aquella pregunta que en realidad era una queja y un lamento: diles a tus amigos que a tu hijo lo atacó la estupidez y le dio por estudiar una carrera en la que cree que va a ser feliz. Imagínense: ¡buscar la felicidad en lugar de comprarla! Diles eso.

Cuando los hicieron pasar, me quedé pensando en la cantidad de gente que empeña su felicidad por los caprichos sociales. Por las apariencias. Por el qué dirán. Y seguí con mi lectura.

FERNANDO QUIROZ

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA