Opinión

Memorias de una negociación

El documental es pieza clave para el entendimiento del complejo proceso social que atravesó el país.

06 de diciembre 2018 , 06:54 p.m.

Son pocas las ocasiones en que el público de un teatro de cine estalla en aplausos después de una proyección. Este fin de semana fui testigo, quizás por primera vez en la vida, de algo semejante, mientras decenas de colombianos volvían a observar las imágenes de los diálogos de paz con las Farc, que ahora forman parte de la historia, luego de haberlas vivido durante cuatro años que parecieron una eternidad.

La historia de los diálogos de La Habana es también, en buena parte, la historia de la esperanza, la frustración y la ilusión de varias generaciones de colombianos. En ese sentido, el documental La negociación, que tanta discusión recibió en los días previos a su proyección, es sobre todo un archivo para el futuro. Se trata de una pieza clave para el entendimiento del complejo proceso social que atravesó Colombia durante la negociación con las Farc, desde una moderada distancia ante las aficiones políticas en torno al proceso que solo los años son capaces de ofrecer. El documental también les recordó a miles de colombianos que aunque el debate sobre el acuerdo se ha ido difuminando con el paso de los días, es mucho lo que aún falta en la implementación de lo pactado y en la garantía de su cumplimiento.

Al mismo tiempo, son muchas las preguntas que La negociación deja abiertas entre los espectadores, y su planteamiento se hace más que necesario en la actualidad. ¿Qué tan preparada está la ciudadanía colombiana para construir una paz duradera y perdonar a quienes han causado daño? Luego de tantas frustraciones históricas, ¿será esta la ocasión definitiva de lograr lo prometido? ¿Se ha ido perdiendo la ilusión inicial de alcanzar la paz en Colombia? Aquellos interrogantes conducen inevitablemente a conclusiones no siempre esperanzadoras, pero fundamentales si lo que se busca es que la ciudadanía mantenga el acuerdo de paz entre sus prioridades políticas.

De las revelaciones ofrecidas por el documental, creo que es necesario detenerse en una. En medio de la narración de uno de los momentos más difíciles del proceso con las Farc, luego de su derrota en el plebiscito, su directora, Margarita Martínez, explica que varios de los negociadores le contaron que durante las jornadas de renegociación estuvieron muy cerca de llegar a un acuerdo con los promotores del ‘No’. Al final, ya pensando en proyectos electorales de cara al 2018, los dirigidos por Uribe prefirieron no suscribir lo pactado y mantenerse en la oposición; un cálculo proselitista que le salió muy costoso al futuro del país, apostándole a la fragmentación de la sociedad en vez de buscar un fin de la división. Aquel momento retrata mejor que cualquier otro la naturaleza de los diálogos de paz: mientras que unos se empeñaban en pronosticar toda clase de accidentes y de infortunios, con el claro objetivo de capitalizar políticamente sus críticas, otros se mantuvieron en la misión de sacar adelante un documento que, aunque pragmático y con concesiones difíciles de asumir, fue definitivo para la reducción de la violencia.

El documental también permite conocer historias de reconciliación entre los dos bandos enfrentados en la mesa de diálogos, en medio de la nada fácil convivencia durante más de cuatro años. Su directora consiguió acceso a los más herméticos momentos de negociación, incluyendo uno de los primeros encuentros en el que, aún en medio de profunda desconfianza, los jefes de ambas delegaciones se saludaron con amabilidad y pronunciaron frases de respeto mutuo con el fin de construir una relación de confianza y cordialidad. Son esas imágenes una razón más para creer que no hay enemistades perpetuas ni conflictos imposibles de solucionar.

Ojalá los colombianos contáramos con más documentales de negociaciones de paz previas, con imágenes de sus procesos de reconciliación y entrevistas a todos sus protagonistas. Sería mucho lo que hubiéramos podido aprender de ellos, y confío en que la historia de los diálogos con las Farc pueda ofrecer herramientas y enseñanzas para las futuras generaciones. Y si bien es claro que no todos los bandos quedan satisfechos con narrativas como la del documental La negociación, no obstante su equilibrio y su distancia de posiciones más militantes, la memoria se construye desde las discusiones y el debate, tal como ocurrió en días recientes a propósito de su publicación. Para avanzar hacia un capítulo de perdón y nuevos comienzos, debe abandonarse la idea de escribir una historia oficial, única e incontrovertible y, en cambio, hay que comprender la importancia de la contraposición de narrativas opuestas y la construcción de la memoria desde la polifonía de los relatos.

Salí de la proyección de La negociación con una conclusión mayor e inquietante. Resulta más que preocupante que sea el contexto actual, a simple vista lento y estático, el más determinante para establecer si el futuro del país girará sobre el compromiso con la paz acordada o si, como consecuencia de la negación de esa tarea inaplazable, será el inicio de un nuevo ciclo de violencias. Esperemos que el horror conocido por los colombianos jamás se repita y que las ilusiones de paz logren superar todas las dificultades del proceso de implementación.

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