Opinión

El metro ilegal

Las siguientes generaciones sufrirán las consecuencias de la falta de sentido común de Peñalosa.

14 de septiembre 2018 , 12:05 a.m.

¿Qué clase de transporte urbano masivo tendremos para la Bogotá del siglo XXI, cuando, hasta el momento, no tenemos ninguno? ¿Un metro subterráneo con por lo menos cinco líneas para los 500 años de la capital (2038)? ¿Un metro elevado que se formó ilegalmente con base en los estudios del metro subterráneo, y que por el momento solo muestra unos diseños hechos en computador, con un programa BIM que no aclara nada? ¿Más TransMilenio y menos metro? ¿O terminará el siglo y Bogotá seguirá sin un metro cuadrado de transporte masivo multimodal?

El gran debate sobre el metro elevado de Bogotá realizado el miércoles pasado en el Concejo, y transmitido por Canal Capital, dejó esos interrogantes. Y por lo que corresponde a la exposición del concejal Hollman Morris, llenó y superó las expectativas.

Hollman habló con claridad, documentos en mano, y fue contundente en demostrar por qué el metro elevado de Bogotá es un zurcido de ilegalidades. Ilegalidades que pueden resumirse, según lo explicó, en que la administración actual de Bogotá, la Financiera de Desarrollo Nacional y los demás que suscribieron cambiaron arbitrariamente el objeto del convenio 1880 del 2014, que específicamente se destinó a la estructuración financiera y la licitación de un metro subterráneo. El mismo convenio fue modificado, con base en los estudios del metro subterráneo, para suprimir de afán ese metro y sustituirlo por un metro elevado, con lo que violaron la Ley 80 en el artículo 45, pues el objeto de un convenio o contrato (en este caso, el metro subterráneo) no se puede modificar. Está prohibido por la ley. La modificación implica su nulidad absoluta.

¿Terminará el siglo y Bogotá seguirá sin un metro cuadrado de transporte masivo multimodal?

Después de haber violado la ley reformando un convenio que no podía reformar legalmente, la administración Peñalosa no tuvo empacho en continuar alegre con su proyecto ilegal de metro elevado, del cual, hasta hoy, solo hemos visto prórrogas y prórrogas, unos diseños fantasiosos hechos en computador y cincuenta y cinco mil millones de pesos gastados.

Siguió al concejal Morris en el uso de la palabra el concejal Flórez, previo anuncio de que el título de su conferencia era ‘Más TransMilenio, menos metro’. No hubiera necesitado decir más ni menos para abrirnos las puertas de su posición verdadera. Flórez criticó, basado en “estudios profundos”, los dos metros. Del elevado concluyó, lo mismo que Hollman Morris, que es un adefesio, sin estudios y completamente por fuera de las necesidades reales del transporte urbano masivo en Bogotá. Del subterráneo citó varios proyectos en capitales europeas y suramericanas que han tenido elevados sobrecostos, en buena parte por la mala fe de los contratistas. El principio y la conclusión del concejal Flórez son que el mejor transporte urbano masivo para Bogotá es el TransMilenio.

Ese es precisamente el plan de Peñalosa. Más y más TransMilenio para Bogotá. Lo dijo el alcalde al iniciar su segunda administración, y lo reitera cada rato: “Voy a llenar a Bogotá de TransMilenios”. Peñalosa ha sido enemigo del metro desde su primera administración y lo sigue siendo. Para enterrar el subterráneo (valga la paradoja) se aferró del elevado, a regañadientes. Sin embargo, por el camino cayó en cuenta, o alguien lo iluminó, de que el elevado sería un magnífico alimentador del TM. Y eso es lo que pretende.

Curiosa coincidencia la del reconocido crítico de Peñalosa, el concejal Flórez, con los deseos más íntimos de su criticado. Más y más TransMilenio. Se diría que en la sombra, Flórez es el aliado secreto de Peñalosa. Se quejó de que la administración Petro le había dado palo y confesó ser uno de los que saboteó el tranvía eléctrico por la séptima. Con esa gracia no le hizo el concejal Flórez ningún favor a Bogotá. Al contrario, le ocasionó un perjuicio dramático a la ciudad que lo eligió para servirla, aunque conveniente para los planes de Peñalosa.

Peñalosa ha sido enemigo del metro desde su primera administración y lo sigue siendo. Para enterrar el subterráneo (valga la paradoja) se aferró del elevado, a regañadientes.

Finalmente habló el gerente de la Empresa Metro de Bogotá, doctor Andrés Escobar, luego de que el presidente del Concejo, visiblemente emocionado, anunció que por primera vez se iban a presentar, con oportunidad del debate, los diseños del elevado de Bogotá. ¡’Wow’! Ahí, la cosa se puso más emocionante. Por fin íbamos a conocer el gran arcano del metro: los estudios de factibilidad, con todos sus juguetes. El gerente del metro dijo que el video o lo que fuera que se iba a mostrar era un diseño realizado mediante un sistema denominado BIM, en computador, tan sofisticado que no necesitaba estudios de factibilidad, ni detalles de ingeniería ni nada de nada. Eso ya venía listo para el consumo, como las latas en conserva. A continuación, exhibió una película y afirmó que gracias al moderno sistema BIM (“los tiempos han cambiado”, aseguró filosóficamente) pudieron elaborar en seis meses los diseños que, sostuvo el concejal Morris, se toman, para quedar bien hechos, no menos de veinte a veinticuatro meses. En computador es posible fabricar virtualmente cualquier cosa, mostrar bellezas increíbles, fantasear hasta lo infinito. La realidad es distinta, y, sobre la realidad del metro elevado, el doctor Escobar nos dejó más dudas de las que quiso aclarar. El omnipotente sistema BIM me parece un parto de los montes, un ratón ridículo.

Tres aspectos delicados sobresalen en la presentación del gerente de la Empresa Metro de Bogotá.

Uno: no respondió, ni se refirió siquiera, a las denuncias graves sobre la ilegalidad del metro elevado presentadas por el concejal Hollman Morris.

Dos:
no aclaró los costos reales de esa megaobra, pero sí reveló que el 40 % de los pasajeros del metro elevado lo suministrarán veinticuatro troncales alimentadoras. ¿Cuánto van a costar esas veinticuatro troncales, cómo van a funcionar, tendrán la utilidad social que sería de desear? Solo Dios lo sabe.

Y tres: afirmó el doctor Escobar sin que le temblara la voz: “Ninguna ley exige la presentación de estudios de factibilidad como requisito para aprobar un proyecto”. Además de sus virtudes ya reconocidas, el doctor Escobar es un experto ignorante de las leyes. Si el gerente de la Empresa Metro revisa la Ley 10 de 1996, artículo 2, verá que ella exige, como requisito indispensable para la aprobación de un proyecto, la presentación de los estudios de factibilidad.

En resumen, el debate del miércoles 12 de septiembre nosdejó con el sabor amargo y preocupante de que, de llegar a emprenderse, el metro elevado y la troncal del TM por la séptima producirán los megadesastres que arruinarán la Bogotá del siglo XXI. No estaré aquí para comprobarlo. Serán las siguientes generaciones las que sufran las consecuencias de la falta de sentido común, aniquilado por el exceso del sentido de los negocios fabulosos e inescrupulosos de quienes hoy manipulan los destinos de Bogotá.

ENRIQUE SANTOS MOLANO

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