Opinión

El bus eléctrico y el POT contaminante

La licitación estaba diseñada para ser adjudicada a los oferentes de diésel o de gas.

06 de diciembre 2018 , 08:37 p.m.

En sus primeras declaraciones jubilosas para la prensa, apenas terminada la licitación que adjudicó los “nuevos” buses para “renovar” la actual flota de articulados diésel del sistema TransMilenio, la gerente de este dijo con acento triunfal que “una buena noticia es que no habrá bus eléctrico”. Si esa es una buena noticia, cómo serán las malas.

Este diario nos ha suministrado en los últimos días algunas de esas noticias malas que la señora gerente de TM se abstuvo de mencionar: “Análisis en Bogotá y Medellín. Contaminación del aire: un asesino anda suelto. El smog y la polución causan al año 8.000 muertes solo en Colombia y cerca de 68 millones de casos de enfermedades asociadas. ¿Sabe lo que entra en sus pulmones cuando respira?” (EL TIEMPO, 25/11/2018); “Contaminación visual y ruido no dan tregua en la ciudad. Los ciudadanos se debaten a diario entre la suciedad de paredes y postes, y el bullicio de carros, parlantes, motos, ambulantes y comercio. Es el tema que más duro castiga en estudio de Bogotá como vamos”. (EL TIEMPO 6/12/2018).

Dejemos ahí por ahora y volvamos con la “buena noticia” de “no bus eléctrico.” En efecto, hubo un proponente que ofreció buses eléctricos con las especificaciones necesarias para prestar en Bogotá el servicio de transporte urbano dentro del sistema TransMilenio. La propuesta del bus eléctrico no tenía el menor chance. La licitación estaba diseñada para ser adjudicada a los oferentes de diésel o de gas, como se les adjudicó. Queda pendiente la licitación del patio de Las Américas. En esa (otra “buena noticia”) tampoco tiene chance el bus eléctrico”.

Hace unos días, una amiga de los contertulios habituales del WahtsApp me envió un video que me sorprendió gratamente, una “mala noticia”: el bus eléctrico en movimiento. Me sorprendió porque no es un bus eléctrico fabricado por Volvo ni por ninguna multinacional, sino hecho en casa, por una empresa colombiana que utiliza mano de obra colombiana y tecnología colombiana. ¿Será bueno eso? ¿Tenemos derecho, los pobres e ineptos colombianos, a competir con la poderosa empresa extranjera, la arrolladora tecnología extranjera y la inmaculada mano de obra extranjera? Los resultados de la licitación de TransMilenio para renovar su flota responden que no, que los colombianos no tenemos ese derecho, y que nuestra obligación es someternos a lo que nos manden de afuera. (Nos quedamos de Colonia).

Supongo que será una herejía discrepar de ese dogma; pero me arriesgo a decir que el bus eléctrico, hecho en Colombia, me dejó maravillado. Articulado como los de diésel, del mismo tamaño, los supera en diseño y elegancia. Tiene cero emisiones contaminantes, y con una sola carga eléctrica puede movilizarse ida y vuelta entre Bogotá y Medellín. Es el primer bus eléctrico articulado que se fabrica en el mundo, afirman sus empresarios, y está diseñado para moverse en las troncales de Medellín, de Bogotá o de cualquier ciudad mayor de trescientos mil habitantes. Es silencioso, rápido y la potencia de sus dos motores le permite trepar con facilidad por cualquier calle empinada.

Al desechar, en una licitación de ortografía dudosa, el bus eléctrico, Peñalosa ha preferido favorecer mano de obra y empresas extranjeras, en perjuicio de mano de obra colombiana y empresas colombianas. ¿Buena noticia?

El POT que presentó para debate en el Concejo la administración Peñalosa está destinado a tener para el 2030 “Una ciudad con pocos carros y mucho TransMilenio. Si los planes del Distrito se materializan en 2030, cada hogar de Bogotá tendrá una estación de TransMilenio a menos de 200 metros. La idea del nuevo POT es fortalecer toda la red de transporte público, aumentar las ciclorrutas y mejorar los andenes para desincentivar el uso del carro particular” (‘El Espectador’, 6/12/2018). ¿Se imaginan ustedes ese horror? ¿La troncal Caracas (modelo de desastre urbanístico) extendida a toda la ciudad? Si el propósito de Peñalosa es hacer, a su imagen y semejanza, la ciudad más desagradable de la Tierra, una ciudad abandonada porque nadie querrá vivir en ella, lo conseguiría con su POT.

Las grandes, las medianas y las pequeñas ciudades del mundo (excepto Bogotá) tienen direccionado su transporte futuro a la transformación del combustible fósil por energía eléctrica, tanto de automóviles como de vehículos de transporte masivo. Se espera, para el 2030, tener transporte eléctrico en un 95 %, y para el 2040 completar el 100 %. El señor Peñalosa va en la dirección contraria y quiere fosilizarnos para el resto del siglo. Con esos millones de estaciones que estarán a doscientos metros de cada hogar (servicio puerta a puerta), Bogotá se vería desde el aire como esas carpas de cultivos de flores que pululan por la Sabana. Y, por tierra, el único paisaje del que podrán disfrutar los ciudadanos serán las estaciones de TransMileno. Como hoy en la Caracas y en la décima.

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