Opinión

Caras largas con gorros navideños

En Venezuela hubo una época en la que éramos ricos y no lo sabíamos; más importante: éramos felices.

11 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Al menos uno de los mejores recuerdos de un ser humano que se sienta afortunado por tener una familia es de algún diciembre, quizás el más alegre de todos después de la graduación y no es necesario tener más de 20 años para recordar aquella cena abundante servida en una mesa con mantel rojo o el mar de obsequios al pie de un pino adornado, la ilusión con la que cuando niño escribes tu carta de deseos, la cuenta regresiva cuando quedan 10 segundos para desear feliz año nuevo, el primer abrazo que le das a tu madre y el beso que le das a ese “alguien” así como los intentos desesperados por llamar a ese familiar en otra ciudad.

Diciembre es tal vez el mejor mes del año porque lo esperamos con ansias desde noviembre. En Venezuela hubo una época en la que éramos ricos y no lo sabíamos y más importante aun, éramos felices, ya es 2018 y recordar aquellos años donde no importaba el precio de las aceitunas fue lo más deprimente de las navidades del 2017.

Y no solo eso, ni siquiera hubo ánimos para desempolvar el árbol o probar las luces. En el mundo hay personas pobres con mentes pobres, que no piensan en más de lo que pueden pagar, Venezuela es un país del tercer mundo cuyos habitantes piensan como primermundistas y ese ha sido uno de los mayores problemas. En estas navidades, la decepción estuvo en ver una ensalada de gallina sin gallina y un pan de jamón pero sin jamón servido en el plato a la hora de cenar; familias que acostumbraban a reunirse cada 24 de diciembre decidieron no hacerlo y quienes se arriesgaron a preparar una cena navideña recibieron foráneos que se negaban a irse a dormir temprano la víspera de Navidad. Fue una celebración diferente a las anteriores, donde la música dejó de sonar temprano y no se escucharon fuegos artificiales.

Maduro no lo dijo en su último discurso del año, pero Venezuela está intentando desesperadamente por sobrevivir a una enfermedad mortal llamada socialismo. Las personas siguen muriendo en Navidad y más triste aun, ya no solo de hambre, mueren de cosas que con un medicamento de 100.000 bolívares podría vivir, pero esa medicina no existe en suelo venezolano. Yo fui a un funeral en 25 de diciembre. ¿Causa de muerte? Un almacén vacío en la clínica y así lo que empezó como un dolor de cabeza se transformó en la peor pesadilla para una familia que a diferencia del común denominador hubiesen podido pagar un tratamiento exuberantemente caro de haberlo encontrado.

ELLY HERNÁNDEZ
* Estudiante de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela.

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