Opinión

Infraestructura para el desarrollo: de cantidad a calidad

Somos la región más urbanizada pero la más desigual. Vivimos 80% en ciudades de forma inequitativa.

12 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

CAF -Banco de Desarrollo de América Latina organizó en Buenos Aires la Conferencia Infraestructura para el Desarrollo con una agenda muy intensa. Una oportunidad para reconocer avances, que no son pocos, y retos, que siguen siendo innumerables. 

En la presentación inicial, un video destacó innovaciones en América Latina, desde la hidráulica pre-inca e inca; el primer vuelo de Santos Dumont, el teléfono inalámbrico de Roberto Landel de Moura (1904) hasta el primer metro en Buenos Aires en 1913, así como grandes proyectos en marcha: 3.400 km de vías en Bolivia, los metros de Lima y Panamá, y la recuperación urbana de Guayaquil y Montería, entre otras. No obstante los avances, la brecha en infraestructura sigue siendo muy grande. José Barbero, investigador en transporte, destacó dos indicadores que nos alejan de los países industrializados: el índice de general de infraestructura del Foro Económico Mundial (en América Latina, salvo algunas excepciones, estamos en el cuarto quintil) y el índice de percepción logística (muy lejos de los valores altos).

Una muy buena presentación de Garry Bowditch, director de la Iniciativa por Mejor Infraestructura de Australia, nos mostró la importancia de la calidad del gasto. Hemos estado muy preocupados por aumentar el porcentaje de inversión frente al PIB (y hemos progresado), pero no necesariamente de manera eficiente. Los organismos financieros de desarrollo, como CAF, pueden hacer un esfuerzo adicional para que las inversiones sean efectivas, no simplemente por los encadenamientos de corto plazo (empleo, insumos, maquinaría) sino por las mejoras en bienestar, medioambiente, eficiencia y redistribución progresiva del crecimiento. Resonó una frase: somos la región más urbanizada pero la más desigual. Vivimos 80 % en ciudades, pero de forma muy inequitativa.

En este marco, resultan muy interesantes los desarrollos recientes de Buenos Aires y Bogotá (al principio de la década pasada), concentradas en mover personas, no carros. En ambos sitios vimos mejoras peatonales, nueva infraestructura para ciclistas, prioridad al transporte público, mejores trenes (en Buenos Aires; pendiente aún en Bogotá) y medidas para restringir o desincentivar el uso excesivo de vehículos particulares: pico y placa, estacionamiento, sobretasa a combustibles y días sin carro, en Bogotá, y gestión de la demanda, e incluso cobro por acceso al microcentro en Buenos Aires. Otras ciudades también han logrado notables avances, pero su apuesta por la movilidad sostenible no es tan contundente: Santiago, Medellín y Ciudad de México. Estas ciudades son bipolares, en palabras de Carlos Cadena Gaitán; le ponen una vela a Dios y otra al diablo. Invierten en peatonalizaciones, infraestructura ciclista, bicis compartidas y transporte público (metro, tranvías, corredores de buses, integración), pero al mismo tiempo hacen segundos pisos, puentes monumentales y autopistas soterradas. Y siguen recibiendo presión de avanzar con nuevos accesos “para la competitividad”.

El ministro de Transporte de Argentina, Guillermo Dietrech, indicó que esos accesos siguen siendo importantes, pero deben ser respetuosos con la ciudad. Dar acceso de camiones al puerto y a los omnibuses a las terminales de pasajeros, como prioridad, pero respetando y revalorizando el entorno urbano. Esa es su apuesta con la autopista del Bajo, en plena construcción como vía soterrada con espacio público en la tapa. Similar a la avenida del Río en Medellín, para conectar su río con su centro enterrando la Avenida Regional. ¿Serán inversiones sostenibles?

Tanto Lake Sagaris como Juan Carlos Muñoz, de la Universidad Católica de Chile, hicieron comentarios interesantes respecto las autopistas urbanas: no solucionan congestión, contribuyen a la expansión y segregación urbanas. Robin Chase fue un poco más allá al sugerir el concepto de tarificación justa: hemos subsidiado la ineficiencia con espacio para circular y parquear carros, y hemos desfinanciado la movilidad sostenible y compartida (desde trenes hasta bicis públicas). Y no solo importa decir esto en un ambiente donde se busca aumentar el tamaño de las inversiones y prima la visión de desarrollo, además es valioso en el debate de calidad del gasto con el que Barbero y Bowditch abrieron la conferencia.

Me quedo con una buena frase de Tomás Serebriski, del Banco Interamericano de Desarrollo: “No siempre invertir más es lo mejor, hay que gestionar la demanda”.

La propuesta de fondo es mejorar el acceso de personas y productos con una visión de cero fatalidades, cero emisiones y cero exclusiones. Es decir: seguir preocupados por lo básico, la función de la movilidad de conectar de manera eficiente para aprovechar las oportunidades de empleo, estudio, socialización y bienestar; pero ocupados en que esto no signifique más muertes por tráfico, mayor contaminación del aire y acumulación de gases efecto de invernadero, y con un profundo sentido social: acceso para todos, no solo para quienes pueden resolver su movilidad en carro.

Me preguntó Julián Suárez, vicepresidente de Infraestructura de CAF, cómo hacerlo. Una posible respuesta está en medir acceso, seguridad vial, emisiones y efectos distributivos de todos los proyectos, no simplemente kilómetros de infraestructura y el equivalente en dólares de inversión, como estamos acostumbrados. Esto seguido de formación de capacidad para pensar en estas dimensiones, no solo en capacidad, velocidad y tiempos de viaje (en carro).

El exministro de Obras de Chile Alberto Undurraga dijo: “El futuro no se espera, se construye”, y Dimitri Zaninovich, presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura de Colombia, indicó que no hay que temerles a las grandes inversiones. De acuerdo, esas inversiones marcarán la senda se nuestro desarrollo, y por ello deben apuntar más allá de la eficiencia. Me quedo con una buena frase de Tomás Serebriski, del Banco Interamericano de Desarrollo: “No siempre invertir más es lo mejor, hay que gestionar la demanda”.

Los contenidos de la conferencia, que van mucho más allá de estas líneas, están disponibles en la página (https://www.caf.com/es/actualidad/eventos/2018/04/conferencia-infraestructura-para-el-desarrollo-de-america-latina/) , e incluyen otros temas de logística, urbanismo, asociaciones público-privadas, agua potable y saneamiento, energía e información. El debate regional continúa: moviéndose de cantidad a calidad.

DARÍO HIDALGO

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