Opinión

Transitoriamente de acuerdo contra la dosis mínima

Breves conceptos por los cuales la droga –en Colombia y por el momento– no debe ser aún legalizada.

13 de octubre 2018 , 12:17 a.m.

Y reitero “transitoriamente” porque la problemática contra las drogas ha sido una guerra de costos humanos muy altos sin que aún se vislumbre alguna “solución”, ¡la que sea! Por el contrario, cada vez estamos más divididos entre quienes se inclinan por una “legalización” para desmontar el narcotráfico y quienes –como yo, por el momento– consideramos que las leyes son el mejor mecanismo para defender las futuras generaciones.

A mí –personalmente– me ha causado asombro escuchar, por estos días, entre las opiniones de farándula, la de aquellos que defienden la dosis mínima; y aclaro, no por lo que ellos piensen, me tiene sin cuidado si quieren carbonizarse todas sus neuronas y, de paso, el reguetón. Lo que me produce pena son los argumentos tan incautos que utilizan para discutir públicamente un tema con tantas directrices e infinidad de problemáticas sociales; incluso, al final, con sustentaciones de la tesis más ‘bacaniada’ de todas: “la oferta, la demanda y el jíbaro que se lucrará gracias a la prohibición”.

No, señores. No se trata de emitir unos planteamientos ‘anticonservadores’ con rotulo de artista y quedar bien ante los ‘activistas’ carentes de cualquier ética y moral que estipulan, locuazmente, que “las drogas hacen parte de la libertad del individuo”. ¡¿Cuántos años de sangre y miserias personales se pretenden maquillar con tan fabulesco argumento?! Y ya que nuestros “artistas” están tan “instruidos” en el tema del narcotráfico, bueno sería entonces que conozcan lo que piensa alguien como Dave Gahan sobre las drogas, su comercialización y su propia experiencia personal.

Pues bien, señores “artistas”, a ustedes que también han decidido meter el dedo en la llaga tal vez con la intención de ver hacia dónde se le inclina la balanza, les daré un breve derrotero de conceptos por los cuales la droga –en Colombia y por el momento– no debe ser aún legalizada.

1. El alcohol: una batalla ‘legalizada’, ¡pero una guerra jamás ganada!

El 21 de marzo de 1933, el presidente Roosevelt firmó el Acta de Cullen-Harrison legalizando así la cerveza que tuviera hasta 3,2 % de alcohol y la venta de vino. Hoy en día, las estadísticas demuestran que en Estados Unidos el alcohol interviene en el 25 % de las muertes entre las edades de 15 a 29 años.

Colombia aún es un país con inmensos problemas en la cobertura de la educación –pilar para afrontar las dificultades con libertades– y el alcoholismo es líder, ¡por excelencia!, de la violencia familiar.

La gente pobre gasta una mayor proporción de su salario en alcohol, y cuando sufre las consecuencias de los excesos tiene menos acceso a los servicios de salud, pierde su trabajo y causa más trastornos a su familia. ¿Eso ya está solucionado en Colombia, señores artistas? ¡El asunto va mucho más allá de la trillada “oferta, demanda y beneficios del jíbaro”. ¿Ya podríamos asumir, liderar y fomentar la legalización porque los problemas del alcoholismo ya son asuntos del pasado? ¡No hemos podido ni con las estadísticas de violencia un día de la madre!

2. La legalización convertiría a los antiguos capos en veneradas leyendas y a los caídos jefes guerrilleros, en mártires de la patria.

La guerrilla, al igual que las Auc, tuvo en sus comienzos unos ideales políticos, pero la entrada del narcotráfico socavó desde su núcleo cualquier concepto de organización, ¡aunque fuera delictiva! Lo más satírico: “acuerdos” entre paramilitares y guerrilleros pagados por grandes capos para vigilar zonas estratégicas. Los ejemplos los ha otorgado la historia; ahora bien, ¿la repetiremos a mayor escala en las atmósferas gubernamentales con la campante corrupción que ostentamos?

No es un misterio que la financiación de estos grupos –ya disidencias– se sostiene gracias a las enormes ganancias de las drogas, pero aún existe una idiotizada parte de la izquierda europea que los ve como titanes contra “gobiernos autoritarios” gracias a ciertos bufones de cabecera que vienen continuamente por estas tierras para enajenar incautos con los atemporales y repetidos discursos que promulgó un payaso mercenario con ínfulas de monarca caribeño en una isla que sometió a su antojo hasta que estiró la pata.

No adopten el discurso de la legitimación de las drogas con palabras inocuas sin tomar partido; no se conviertan en líderes de una masa que desconoce las consecuencias de fondo.

Europa tiene los medios y las coberturas sociales necesarias para tratar al adicto. La educación que se le brinda le permite discernir entre el deseo, el abuso y las consecuencias de sus más vulneradas responsabilidades cuando tiene de frente una botella de alcohol o las sustancias alucinógenas; sin embargo, con todo esto a su alcance, los estudios demuestran que no todos los países están preparados para una legalización.

Si sus opiniones son a favor de la legalización, estimados “artistas”, esta columna no les dibuja ni la mínima parte de problemas por afrontar; no obstante, sí les puedo asegurar que debemos concentrarnos en brindar educación y no en abrir la caja de Pandora sin saber cómo la cerraremos.

P. S.: ‘Barrel of a gun’ muestra perfectamente la miseria vivida por Dave Gahan.

ANDRÉS CANDELA

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