Opinión

Marchas, vandalismo y gobiernos de facto en la universidad pública

Se preparan para pelear por una constituyente universitaria, para ampliar su poder contestatario

09 de enero 2019 , 06:12 p.m.

Esta es época propicia para reflexionar sobre el escenario político nacional en el que, después de mucho tiempo de aguas tibias, se enfrentaron dos opciones políticas claramente definidas, en la pasada elección presidencial. El contundente triunfo de Iván Duque sobre Gustavo Petro, con la no despreciable ventaja de 2,3 millones de votos, hacía suponer que entrábamos en un período de distensión política, en el cual se le daba al ganador el espacio temporal inicial suficiente para mostrar su talante de gobernante, con la conformación de su gabinete y la promulgación de sus principales orientaciones de política pública.

Sin embargo, cuando se esperaba, como ha sido tradicional, que el perdedor reconociera el triunfo del oponente con la cortés felicitación, lo que observamos fue una reacción agresiva y un llamado a la continuidad beligerante, en una especie de no dar tregua en la lucha. La primera demostración de esa nueva forma del emprendimiento político fue el llamado a una especie de emulación paralela el mismo día y hora de la instalación de nuevo gobierno, que no llenó las expectativas pues toda la atención del país estaba en los actos oficiales de instalación del nuevo gobierno.

Pero la obstinada voluntad de oposición comenzó a manifestarse con algunos frentes, líderes en la protesta pública y la acción contestataria, como educación y salud, y los medios mostraron reuniones, en las instalaciones del Capitolio Nacional, de personajes de la nueva oposición con algunos estudiantes representantes de universidades públicas.

Antes de cumplirse el primer mes del nuevo gobierno ya había reclamos de esos sectores universitarios sobre una deuda histórica cuantiosa con las universidades oficiales, que a la opinión pública le pareció extraña dado que en los ocho años anteriores no se habían hecho explícitas. Durante las primeras marchas fue evidente la presencia de líderes políticos opositores que nada tenían que ver con el tema, y cuando los medios los registraron hicieron una retirada estratégica.

Este traumático proceso que el país vivió hasta mediados de diciembre es un buen diagnóstico de lo que sucede en gran parte de las universidades públicas, en donde la dirigencia estudiantil tiene más interés en la rebelión contestataria, con su contaminación ideológica, que en los procesos de aprendizaje y mejora de la calidad de la educación.

En estas marchas pudimos observar mucho vandalismo que los dirigentes no pudieron o no quisieron rechazar in situ, como la angustiosa situación que vivió un agente de policía a quien un coctel molotov casi convierte en tea humana, y la patrulla del Esmad que, en las propias gradas del Capitolio, fue objeto de guijarros e insultos por jóvenes encapuchados con intención provocadora. Además, en esta época en que las mujeres están exigiendo más respeto de su integridad y dignidad, fue curioso observar un numeroso grupo de jóvenes que marchaban, senos al aire y rostros cubiertos.

También se presentó una especie de toma de poder de facto de estudiantes y profesores de sus respectivas instituciones, quienes después del acuerdo al cual llegaron todos los rectores con el Gobierno, no acataron sus directrices y siguieron en su agitación para obtener más recursos no importa que, hasta ese momento, hubieran perdido tres meses de clases.

Ahora que han obtenido esos logros, ninguno de esos dirigentes ha esbozado la menor idea acerca de cómo vigilar para que tales recursos se inviertan bien y no resulte en repartijas burocráticas y corrupción internas, sin vigilancia externa, dado que eso “viola la sacrosanta autonomía universitaria”.

Al respecto, es pertinente citar apartes de una columna del sociólogo de la UN, y líder de una fundación de negritudes, Daniel Mera Villamizar, unos de cuyos apartes dicen:

Lea: Estudiantes: sin enfrentar corrupción universitaria es inmoral pedir más plata.

“Silencio cómplice sobre el deterioro institucional, las venas rotas y las malas prácticas de las universidades públicas”.

“Lo correcto, lo moral es cuidar los recursos públicos. Los líderes estudiantiles saben que la mayoría de las universidades está siendo mal administrada, pero lo que les importa es hacer resistencia política al Gobierno”.

“No les importa garantizar el buen uso de los recursos públicos en las universidades estatales. Es incorrecto, es inmoral llevar más dinero de los contribuyentes a instituciones tomadas por entramados corruptos y clientelistas”.

Lo que hemos visto es que ahora se preparan para pelear por una constituyente universitaria, es decir para ampliar su poder contestatario. Como egresado de la Universidad Nacional, advierto con dolor de patria ese desviacionismo de los fines educativos, en lo que parece es la búsqueda de más poder burocrático en las universidades públicas.

Mientras tanto, los jóvenes bachilleres cada día están más abiertos a las opciones de las universidades privadas, en donde la calidad y el buen uso del tiempo son evidentes. Al respecto, resulta un agudo contraste que mientras las universidades públicas estaban en la calle se adelantó una iniciativa privada entre la W Radio y la U de los Andes, campaña para que jóvenes talentosos del Pacífico pudieran acceder a esa universidad, lo cual concitó el interés de 710.000 colombianos, que en conjunto aportaron 7.500 millones de pesos, con lo cual se financia la carrera completa de 160 muchachos del Pacífico.

Creo que toda la universidad pública requiere de una completa reingeniería, pues, tal como está, seguirá perdiendo espacio en el afecto e interés de los colombianos.

* Economista consultor

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