Opinión

Tolerancia cero

Es hora de acciones contundentes para mejorar la seguridad.

06 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Confiamos en el criterio, templanza y responsabilidad del gobierno local para solucionar la aparente crisis de seguridad que hoy tiene Bogotá. No se debe fiar ni distraer con las encuestas, sus decisiones deben ser técnicas, aunque impopulares; trascendentales, aunque criticadas. Al final del día, cuando veamos la reducción de atracos y muertes, incluso sus opositores lo reconocerán (o tal vez no, pero no importará).

Es hora de acciones contundentes para mejorar la seguridad, así estas impliquen el sacrificio de ciertas libertades.

Algunos van a protestar y bloquear vías, le harán memes y lo insultarán por las redes sociales, pero por cada persona o gremio que proteste, habrá cientos de familias más tranquilas y algunos muertos menos. Eso debería bastar.

A Nueva York no le fue mal cuando implantó medidas restrictivas para limpiar la ciudad, evitar el desorden y reducir los índices de robos. Al comisionado de Policía William Bratton le llovieron críticas cuando quiso atender todos los comportamientos que llevaban al descontrol de la comunidad y combatir las incivilidades con cero tolerancia. Al final las estadísticas lo defendieron: en 1990, Nueva York tenía casi 31 homicidios por cada 100.000 habitantes; hace un par de años, la cifra llegó a 4 homicidios por 100.000 habitantes. La protagonista fue su política de “ventanas rotas”.

Todas las situaciones que generan descontrol e inseguridad en una ciudad – por pequeñas que sea- deben ser atendidas de inmediato, de lo contrario la percepción de descontrol aumentará.

La teoría dice que si en una calle hay una ventana rota y no se repara, pronto todas las ventanas estarán rotas. Esta metáfora soporta la idea de que todas las situaciones que generan descontrol e inseguridad en una ciudad – por pequeñas que sea- deben ser atendidas de inmediato, de lo contrario la percepción de descontrol aumentará y generará inseguridad y mayor criminalidad.

Tengo la sensación de que los buenos están siendo muy tolerantes con las malas acciones de los demás, y que los malos están tranquilos en las calles cometiendo fechorías porque sienten y huelen esa tolerancia al desorden.

Se debe reforzar lo más sencillo: sancionar a todo el que cometa una infracción, por pequeña que sea; demostrar que todos los sectores de la ciudad están bajo control; la alcaldía y la Policía Nacional deben manifestar autoridad absoluta cuando sea necesario, y claro, todas las decisiones impopulares que eviten atracos y asesinatos deben ser tomadas.

Adicionalmente, los bogotanos debemos respaldar aún más a las instituciones. La Policía Nacional ha hecho un esfuerzo muy grande por evolucionar en tecnología, pie de fuerza, cercanía con la comunidad, y en generar confianza. Aún falta, pero la policía de hoy es completamente diferente a aquella que desde su fundación hasta mediados del siglo pasado estuvo al servicio de los partidos políticos, y a la que en los 90 tuvo una muy baja popularidad por casos de corrupción, secuestros y violencia.

Debemos insistir en medidas certeras contra la inseguridad, debemos rodear al gobierno local y a la Policía Nacional, y estos deben reparar todas las ventanas rotas que hay en la ciudad. Estoy seguro de que si cada bogotano tiene que elegir entre perder pequeñas libertades a cambio de caminar tranquilo por las calles, elegirá la seguridad.

ALEJANDRO RIVEROS 

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