Opinión

Los ‘illuminati’

La cúpula que nos gobierna nos emboba con diversión para que no sepamos lo que está pasando.

03 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Llevo semanas viendo videos de conspiración y no puedo dormir. La otra noche hice maratón de ocho horas y no cerré el ojo hasta que salió el sol, temeroso de que los illuminati vinieran por mí, como si fueran el coco.

Según los malpensantes de la red, los illuminati manejan el mundo y no llegan a diez mil. Han organizado una pirámide de cinco niveles en cuya parte más baja están las estrellas del entretenimiento. Luego siguen los líderes religiosos, los banqueros y los políticos que creemos elegir libremente; posteriormente, las grandes multinacionales, y, por último, ellos, que crean y hacen circular el dinero y gobiernan a la sombra.

Nos emboban con diversión para que no sepamos lo que está pasando, nos manipulan con la fe, nos convencen de que vivimos en una democracia y nos llenan de productos que no necesitamos, así funciona esto. Desde Pitbull y Lady Gaga hasta Miley Cyrus y Beyoncé, les prometen fama mundial, les tiran un cerro de dinero encima, y listo. La cúpula que nos gobierna nos llena de películas de cualquier cosa, series anodinas y canciones que no dicen nada, y ahí nos tiene. Desde que me metí en esto, 'Friends' ya no me divierte y las películas de Scorsese me generan sospechas.

He visto videos de personajes que, como Katy Perry, Jim Carrey, Michael Jackson, Macaulay Culkin y Russell Brand, han tratado de revelar cómo funciona esto. ¿Qué pasa? Terminan tildados de locos, como Culkin o Kanye West, o asesinados, como Jackson, la novia de Carrey o Stanley Kubrick. La ley del silencio se le aplica a quien se rebela contra el sistema al que alguna vez sirvió. Y, encima, esta cúpula tiene los grandes medios. Toca ir a fuentes alternativas, que suelen estar llenas de basura, pero, si se busca bien, se puede encontrar información creíble. Es posible que la historia del mundo no sea exactamente lo que nos han contado y que nuestra vida sea un experimento; no somos más que hormigas.

Es posible que la historia del mundo no sea exactamente lo que nos han contado y que nuestra vida sea un experimento; no somos más que hormigas.

Ya no hablo de conspiraciones como que las Torres Gemelas las tumbaron desde adentro, o que el hombre no llegó a la Luna, sino de cosas como que hay un plan de programación mental que hace que personajes como Britney Spears, Bruce Willis y Bill y Hillary Clinton digan lo que se les ordene. Cuando el programa falla salen con unas incoherencias de miedo (está documentado en video). Ahora voy en que los extraterrestres están entre nosotros, disfrazados de humanos, y que existe una red mundial de pedofilia. Miles de niños se pierden al año, y no se sabe dónde están ni qué pasa con ellos.

Mientras tanto, los políticos repiten la expresión ‘nuevo orden mundial’, una especie de código que busca reforzar el gobierno global que ordena lo que tenemos que pensar y hacer. Yo sé que sueno como Petro, y está bien, búrlense, pero investiguen y verán que no es tan descabellado. Que esa frase de que hay que pensar diferente no se quede en un eslogan de Apple, que, por cierto, está en esa rosca a la que usted y yo no pertenecemos.

De tanto investigar me estoy tostando. Ya no sé nada, y quizá la vida no es más que esto que nos pasa por encima, e hilar tan delgado solo sirva para terminar chiflado.

El miércoles hubo superluna, yo estaba con amigos y salí de la nada con un “¿sabían que la Luna no es natural? Es un satélite artificial puesto ahí por extraterrestres para observarnos y controlarnos, tiene construcciones en su superficie y, además, es hueca”. Y juro que lo dije con la seriedad del caso, convencido de que, después de consumir horas de material al respecto, es una alternativa posible. Guardaron silencio y luego se rieron, no conmigo, sino de mí. Quise explicarles mejor la teoría, pero me abstuve porque nada de lo que dijera podía dejarme bien parado. Ahora me toman por loco, pero no importa. Estoy solo en esto y cada vez me siento más perdido. Todos lo estamos, la diferencia es que los demás no lo saben.

ADOLFO ZABLEH DURÁN

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