Opinión

Alemania, freno de emergencia

Todo está abierto ahora en el escenario político alemán y también en las bambalinas subterráneas.

23 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Tomamos prestado el título ‘freno de emergencia’ con el que ayer abría Frankfurter Allegemeine, ‘Die Notbremse der Liberalen’, el freno de emergencia de los liberales. Formar gobierno en Alemania se antoja en estos momentos una solución compleja, en realidad, complejísima. Quienes vaticinaron hace solo unas semanas la holgada mayoría de Merkel se equivocaron. Quiénes jaleaban una formación de gobierno a través de un entendimiento rápido, erraron. 

Jamaica no ha sido posible. Al menos de momento. Sabida es esa afición de nominar a las coaliciones germanas según el color o panaché que conformen finalmente el color de todas las banderas de las formaciones políticas. Quizás esta era tan compleja como otras, o más, cansados como estaban y están los liberales de pagar los platos rotos y ser el eslabón débil de toda coalición con la CDU. Alto precio que en las pasadas elecciones supuso su extrañamiento de la política y del Parlamento federal. Ya no son aquellos tiempos de Kohl y de Genscher, hoy ambos desaparecidos pero que encarnaron la perfección estilística de esas coaliciones.

Todo está abierto ahora mismo en el escenario político alemán y también en las bambalinas subterráneas. Salvo una gran coalición conservadora-socialdemócrata que no interesa a nadie y menos a los de Schulz, y que solo espera el fin de la era Merkel, y que ha recuperado algún pequeño Land después del desastre de las generales del pasado 24 de septiembre, todo pende de un hilo antes que ir de nuevo a elecciones que ya nadie descarta.

Pero ¿qué está sucediendo?, ¿por qué liberales, verdes, CSU (el socio bávaro de Merkel) y la CDU no encuentran ese punto de equilibrio y acuerdo?, ¿dónde está el embudo del desacuerdo?, ¿cuál es el juego de Lindner, el presidente de los liberales, a quién los demás culpan de un modo u otro de la ruptura?, ¿se han visto las limitaciones de Merkel, o sus ataduras, en esta negociación?, ¿quién pone esos límites en realidad? ¿Se trata de desgastar y acabar con la hegemonía de la Canciller?

¿Qué está sucediendo?, ¿por qué liberales, verdes, CSU (el socio bávaro de Merkel) y la CDU no encuentran ese punto de equilibrio y acuerdo?, ¿dónde está el embudo del desacuerdo?

Los programas políticos copan el bosque, y no se otea pradera. Demasiados arbustos y maleza, demasiadas fricciones acumuladas durante tiempo que ahora saltan.

Temas sobre protección climática, la producción eléctrica sobre la base del carbón y su reducción, sobre migración y reunificación familiar, temas de subsidios y solidaridad con los Länder del este alemán, están abriendo una profunda sima, máxime entre los Verdes y los Liberales del FDP. Estos saben que de momento la política federal de Merkel se aproxima más a la línea de los Verdes pero son conscientes de que en este terreno también está AfD (la gran bestia negra para los partidos de centroderecha que representa el nacionalismo xenófobo alemán ahora mismo). El actual gobierno aún de coalición con los socialistas había introducido hasta marzo de 2018 la moratoria para decidir sobre el espinoso y controvertido tema de la reunificación familiar. Algo que de momento solo acepta y exige Die Grünen, Los Verdes, al entender que estamos ante un derecho irrenunciable del ser humano.

Alemania quiere un gobierno, pero ¿necesita urgentemente un gobierno nuevo cuando tiene uno en funciones con competencias miméticas prácticamente? Salvo disolver el Parlamento y plantear la cuestión de confianza, los límites no son tan grandes para Merkel. La Constitución no establece un plazo fijo para esa formación tras las elecciones. Aquí está una de las bazas de Merkel. Pero también del presidente federal, Steinmeier, quien debe proponer al Bundestag un candidato. Está obligado a hacerlo, pero como dicen en Alemania, no lo está para patinar sobre una pista de hielo. Tampoco para quedarse fuera de juego del sistema proponiendo un candidato que no obtenga la mayoría en el Bundestag y pasando a pivotar todo el proceso a partir de este momento en la cámara baja.

No todos los socialdemócratas comulgan con la suerte de purificación interna que ha ordenado Schulz pasando a la oposición. El enfrentamiento entre este y Gabriel, que capitaneó la gran coalición de la anterior legislatura y ahora fenece, y de momento aún Ministro de Exteriores, es claro, prefiriendo el ministro la reedición de una nueva coalición socialista-conservadora. Descartada de momento esta gran coalición, los pequeños partidos, liberales y verdes, monopolizan la agenda y las peticiones, peticiones de máximo y conscientemente antitéticas entre ellos para ver quién corta el mayor trozo del pastel que Merkel deje o se le imponga a la canciller para renovar gobierno o ir a alecciones en el peor de los escenarios y que ahora mismo no interesan ni a la CDU ni al SPD.

¿Por qué está costando hallar el consenso federal hoy en Alemania?, ¿quién siente más vértigo y más presión en estos momentos? Sin duda, los liberales la sentirán a partir de este momento, al ser señalados como los artífices de esta ruptura o de esta pequeña espantada que puede ser un mero cálculo o definitiva en su estrategia. Lo zanjó la medianoche del domingo Lindner con un “mejor un no gobierno que un gobierno malo”. El vértigo radica en lo incierto, lo ignoto. Algo que no gusta a la política alemana. Un gobierno de minoría no garantiza la estabilidad. Sea este con Los Verdes o sea con Los Liberales puede caer en cualquier momento. Una gran coalición es impensable, salvo que uno de los dos protagonistas desaparezca, y en ese caso sería Schulz, que no está por la labor y quiere redimirse. Volver a intentar una coalición Jamaica una posibilidad, pero la menor de todas las opciones ante los desaires y el espectáculo orquestado.

Alemania se encamina al día de hoy hacia un horizonte electoral. El año próximo, Baviera está de elecciones, y la CSU que lleva cinco décadas en el poder no quiere sorpresas ni más experimentos. Pero no ha sido la economía el escollo, es la política, los partidos y los egos de sus líderes. También que quien auspicia una coalición acaba pagando el precio a favor del partido mayoritario y eso lo saben bien todos. Menos AfD, que simplemente espera.

ABEL VEIGA

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