Opinión

La reacción de Mockus

Es una reacción frente a las mañas y prácticas indeseables que por años han subsistido.

23 de julio 2018 , 12:13 a.m.

Señor Director:
El ya reiterado gesto del senador Antanas Mockus de bajarse los pantalones, ahora en plena sesión inaugural del Congreso, es una reacción frente a las mañas y prácticas indeseables que por años han subsistido, como es no prestar atención ni respetar a quien se dirige a todos los presentes. Personalmente lo he comprobado cuando he asistido al Congreso, observando lo penoso que se nota desde las barras (circulan entre curules, forman corrillos, hablan por celular, se distraen con el computador, entran, salen, duermen, etc.).

Como educador, recuerdo una anécdota con un estudiante indisciplinado, desatento e irrespetuoso en clase, a quien llamé la atención por su actitud y me contestó: “Fresco profe, relájese que en el Congreso nadie pone atención, ganan 10 veces más de lo que gana usted y les dicen honorables”. Esto es triste y debe corregirse porque la imagen y la aceptación de los congresistas debe recuperarse para bien de la institucionalidad y confianza de sus electores.

Gerardo Dussán D.

Otro problema vial

Señor Director:
Están en todas partes, con una mano sostienen el manubrio de la bicicleta y con la otra su celular con los ojos fijos en él. Se movilizan trasgrediendo todas las normas de tránsito: en contravía a alta velocidad por calzadas de mucho tráfico, sin luces ni casco; por andenes, esquivando a los peatones que son sus obstáculos, atravesándose por calles y calzadas sin respeto alguno por quienes se cruzan en su camino, en grupos amontonados en cualquier sitio, esperando ser llamados para hacer una entrega. Son los nuevos actores viales que bajo la premisa de entregar ‘rappido’ la encomienda y que con su arrogancia y evidente desafío constituyen un problema para la ciudad, junto con todos aquellos que han decidido movilizarse en bicicleta por Bogotá, considerando que su actitud les da el poder de transitar bajo su propias normas. Las cifras en aumento de opción por este medio de movilización no contaminante son un logro para la Alcaldía, tal como un dolor de cabeza para la ciudadanía. Vemos con asombro cómo surge otro problema vial en la ciudad sin que se hable de reglas o sanciones.

Dalia Monroy

La verdad como misión

Señor Director:
Antes de que la misión de la verdad: conocerla toda, enfrentarla y darla a conocer para que las víctimas tengan la justicia que esperan en silencio y desesperanzadas; antes que se pida la colaboración de todos manifestada por el editorial dominical, esa colaboración está primero en la orilla de los violentos, concretamente de las Farc, para que demuestren que por fin están dispuestos a contar toda la verdad sin esperar premios -que ya los tuvieron y muchos, por anticipado-.
Respecto a la Comisión de la Verdad, esencial que inspire a los colombianos-víctimas, que somos todos, la confianza y certeza en su idoneidad para exigir toda la verdad y darla a conocer sin sesgos. Y que la justicia sea aplicada sin una sola sospecha de ocultamiento y parcialidad. Ojalá el tema de las niñas y niños secuestrados para la violencia tenga un puesto en la Comisión.

Ilse Bartels L.
Bogotá

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