Venezuela

Para qué sirve la fuga del opositor Antonio Ledezma

No es claro si el exalcalde de Caracas logrará articular la dividida oposición ante las elecciones.

Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas

Antonio Ledezma se reunió con su mujer, Mitzy Capriles, y su hija Antonia en el aeropuerto Barajas, en Madrid.

Foto:

Fernando Vilar / EFE

19 de noviembre 2017 , 02:50 a.m.

Pasada la euforia por lo que se considera un golpe brutal pero no desestabilizante contra el régimen del presidente Nicolás Maduro, la fuga del líder opositor y exalcalde metropolitano de Caracas Antonio Ledezma a Colombia y España ha suscitado múltiples lecturas en Venezuela, en el sentido de que no es claro si su cinematográfica evasión servirá a la oposición para articularse desde el extranjero a partir de un nuevo liderazgo o si, precisamente, por convertirse en un operador desde el exilio, termine perdido como tantas figuras opositoras que se han diluido sin poder sintonizarse con la cambiante realidad política del país.

Uno de los elementos claves para entender el impacto es que Ledezma deja de ser una moneda de cambio con la que se presionaba a la oposición para forzarla a ir a unos diálogos que se retomarán el 1.° y el 2 de diciembre. Un ‘rehén’, como lo calificaban sus familiares.

“Ledezma tiene mucha capacidad de articulación, es un hombre que ha cumplido en el pasado funciones de conexión –dice la analista de la Universidad Simón Bolívar Colette Capriles–, y en ese sentido podría tener un papel interesante. Pero al mismo tiempo ya sabemos lo que ocurre con los exilios y las inmigraciones: que terminan también aislando y produciendo efectos inesperados o indeseables para los opositores. En mi opinión, no lo veo como un factor demasiado decisivo”.

El tema de la moneda de cambio fue uno de los argumentos que Ledezma usó cuando se le preguntó en Bogotá por las razones de su partida. Pero también es cierto que el régimen cuenta con decenas de otros presos políticos con los cuales puede presionar a la oposición, entre los que se destacan Leopoldo López, los alcaldes Daniel Ceballos y Alfredo Ramos y el diputado Gilber Caro. Ello sin contar los casi 400 activistas, estudiantes y gente del común que están presos solo por haber salido a protestar contra el Gobierno.

Para el analista Luis Salamanca, la fuga de Ledezma es “un pequeño éxito de la gente con respecto al Gobierno, que siempre las gana todas”, pero también reflexiona sobre el hecho de que el liderazgo opositor está muy mermado. “Cada vez tenemos menos candidatos. Por ahí hay 2 o 3 que pueden estar en la mira del Gobierno porque son muy buenos. De tal manera, el exilio político venezolano se amplía con la llegada de Ledezma y el liderazgo político interno pierde, aunque ya estaba perdido”.

En el fondo, pesan demasiado las divergencias dentro de la oposición. María Corina Machado y Ledezma catalogaron la participación de la Mesa de Unidad Democrática en las elecciones regionales como un error político mayúsculo que costó la unidad opositora y oxigenó al Gobierno. Y sobre ese señalamiento han promovido la creación de una nueva plataforma unitaria que se llama Soy Venezuela, en la que todavía no participan dos de los tres principales partidos de la oposición: Primero Justicia (el de Henrique Capriles) y Acción Democrática (el de Henry Ramos Allup).

Algunos analistas coinciden en que es improbable que la fuga de Ledezma acerque a estos partidos con el liderazgo de Soy Venezuela. Creen que Ledezma, a pesar de ser un político muy respetado entre toda la oposición, no cuenta con el arraigo popular a nivel nacional que le permita ser ese liderazgo emergente capaz de aglutinar a los partidos opositores y reflotar la protesta opositora. En cambio, dado su talante y credenciales políticas representa un activo de mucha envergadura para el propósito de la oposición en el plano internacional.

Ledezma es ahora el opositor purasangre exiliado más importante, sin contar con la figura de la exfiscal Luisa Ortega, a quien mueven otros tipos de intereses y viene de la entraña del ‘chavismo original’.

En Venezuela se vienen dos procesos que definirán en gran parte el futuro. Por una lado, el anunciado diálogo (que Ledezma considera una “burla”), que a juicio de Salamanca “se trata de una desesperada búsqueda de apoyo del Gobierno por parte de la oposición” para que le ayude a quitarse presión internacional. Y por el otro, las elecciones presidenciales del 2018, que en opinión de Capriles, si no salen bien, podrían marcar el camino de una “mayor radicalización del Gobierno”.

INTERNACIONAL
Caracas - Bogotá

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