Venezuela

‘Hasta Rodríguez Zapatero me amenazó con la cárcel’: Julio Borges

Diputado venezolano dijo que el expresidente del gobierno español lo intimidó por no firmar acuerdo.

Julio Borges

Gobierno de Nicolás Maduro revocó la inmunidad del diputado Julio Borges para ponerlos en un juicio por, presuntamente, ser el cerebro de un intento de 'asesinatos' de drones contra él.

Foto:

Raul Arboleda / AFP

11 de agosto 2018 , 11:35 a.m.

Seis meses después de que el diputado Julio Borges, expresidente de la Asamblea Nacional venezolana, salió al exilio, se cumple la amenaza que tanto mentó el régimen en su contra: el allanamiento exprés de su inmunidad parlamentaria y la emisión de una orden de captura en su contra.

La acusación es por su supuesta participación “en flagrancia” en las explosiones ocurridas el sábado pasado, muy cerca de la tarima donde se encontraba el mandatario, Nicolás Maduro, y que él y su gobierno consideran que fueron un intento de magnicidio.

Borges asegura, en una entrevista telefónica con EL TIEMPO, que el gobierno de Nicolás Maduro está técnicamente caído y que la oposición en su país todavía no encuentra un canal de articulación.¿Cómo es posible que no se sepa dónde está el diputado Juan Carlos Requesens tres días después de ser detenido?

Los diputados tienen derecho a un antejuicio que les garantice el derecho a la defensa, un antejuicio que pase por la Asamblea Nacional, no por la asamblea fraudulenta constituyente (Asamblea Nacional Constituyente), y todo eso se lo saltaron completamente. Es una muestra de cómo el gobierno está cada día más salvaje, más brutal, y es el único instrumento que tiene para mantenerse en el poder.

Sabemos que tiene algunos meses fuera de Venezuela. ¿Usted esperaba que expidieran esta orden de captura?

Hace dos meses, por poner un ejemplo, Maduro dijo en “cadena” que yo era un prófugo de la justicia. Ese mismo día se le pregunta al supuesto fiscal Tarek William Saab que cuáles son las pruebas y él dice que se las reserva, lo mismo que la acusación penal en mi contra.

Pero en realidad, cuando me negué a firmar en la República Dominicana (donde se llevó a cabo el último diálogo fallido entre el gobierno y la oposición, entre diciembre del 2017 y enero de este año) no solamente recibí amenazas directas de gente como (el expresidente del gobierno español José Luis) Rodríguez Zapatero, de Jorge y Delcy Rodríguez, sino también del entonces vicepresidente Tareck El-Aissami, porque al no haber firmado ese acuerdo, al gobierno se le cayó toda la fachada democrática que tenía planeada.

He contado por lo menos 35 amenazas públicas de Nicolás Maduro, amenazándome con que voy a ir a la cárcel por desconocer la Constituyente o por haber cerrado los créditos internacionales a Venezuela, pues es ilegal la forma como ellos se están endeudando.

¿Recibió amenazas directas de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y el expresidente del gobierno español y mediador, José Luis Rodríguez Zapatero?

Absolutamente. No solamente a mí, pero quizá a mí con más vehemencia porque me negué a firmar el acuerdo, pero Zapatero nos dijo que íbamos a conocer al Zapatero ‘malo’ si nos negábamos a firmar. Nos amenazó y nos dijo que podíamos recibir represión del gobierno si no firmábamos, lo mismo nos dijo Delcy y Jorge Rodríguez.

Creo que al menos esa amenaza no se supo con claridad en Venezuela, donde ha sido muy criticado por haberse ido del país. Su partida es vista como un ladrillo más en la pared de la atomización, la dispersión y la desunión de la oposición…

A mi caso se puede añadir que yo estaba ya haciendo un trabajo fuera de Venezuela para aumentar la presión democrática internacional para seguir promoviendo las sanciones contra funcionarios que han violado derechos humanos y destruido la democracia.Dado todo lo que terminó significando personalmente y para la oposición venezolana, ¿se arrepiente de haber participado en las reuniones de Santo Domingo?

Para nada. Mucha gente critica eso, y quisiera explicarle a la gente que eso era un paso, una especie de alcabala obligatoria. Yo he tenido el privilegio de hablar con la mayoría de los presidentes de América Latina y de Europa, el vicepresidente de EE. UU., y cuando ellos preguntan por la necesidad de un espacio para el diálogo les hemos dicho que ya agotamos esa ruta.

Cuando saben todo lo del trauma y el fraude del diálogo y cómo se vio la mala intención del gobierno cuando teníamos la oportunidad de oro de tener elecciones limpias este año, les queda claro que es un ciclo que se cerró.

Haber intentado, justo antes de los comicios, lograr unas elecciones competitivas, que lamentablemente no se lograron, era necesario. Cerrar esa alcabala era supernecesario, si no, hoy todavía se estaría hablando de esa posibilidad.

De hecho, los exgobernadores Henrique Capriles y Henri Falcón están proponiendo de nuevo esa vía, pero tutelada por las Naciones Unidas. ¿Es el momento para un nuevo diálogo?

Cualquier proceso de negociación que se abra en Venezuela tiene que ser en un momento donde el gobierno no tenga ninguna otra opción que plantear cómo ellos van a abrirse a una transición democrática en Venezuela y que sea un proceso donde haya garantías. Es decir, debe tener absolutamente claro que la única agenda es esa: cómo lograr una transición que no es otra cosa que la salida del gobierno y que sea en paz.

Sin embargo, actualmente, mucha gente siente que el gobierno de Nicolás Maduro tiene la partida ganada…

Quiero expresarlo de una manera gráfica, pero que la creo: el gobierno de Maduro es un gobierno caído, pero en cámara lenta. Lo que mantiene en el poder a Maduro son tres factores que también está perdiendo aceleradamente.

Uno, el músculo del petróleo, eso se destruyó, este es un gobierno quebrado. Dos, tenía el apoyo de la Fuerza Armada, eso se quebró irreversiblemente, la FAN está en contra del gobierno de Maduro y él lo sabe; y tres, es el abrazo del diablo con Cuba y con Nicaragua que más o menos se mantiene.

Maduro no ha caído tan rápido como queremos por esos elementos que hasta ayer lo sostenían. Creo que estamos en el momento en el que las crisis están abiertas –la hiperinflación, el hambre, la crisis humanitaria, las sanciones– y hay que aprovecharlas para que haya un desenlace en el país.

Maduro no ha caído tan rápido como queremos por esos elementos que hasta ayer lo sostenían

¿Será posible en el corto o mediano plazo una articulación de las diferentes fuerzas políticas de la oposición en Venezuela?

Hay que construir un plan de vuelo claro sobre cómo creemos que debe ser la lucha en este momento. Para mí, esa lucha se resume en una línea: cómo lograr poner la mayor presión al gobierno en todos sus sistemas. Más presión social, internacional, en la fractura que ya existe en la Fuerza Armada.

Yo estoy convencido de que si seguimos presionando, se puede dar no solo la unión de la oposición, sino la unión de Venezuela. La oposición ha sufrido una especie de naufragio. Mi partido, Primero Justicia, está ilegalizado; Voluntad Popular, también.

Los líderes más importantes están inhabilitados, presos o en el exilio. Más que enfrentamiento, lo que ha habido es un terremoto en la oposición, pero sí nos toca ponernos de pie rápidamente para construir una unidad de manera fuerte y verdadera.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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