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Venezuela

El fotógrafo que documenta la resistencia venezolana

Isaac Paniza cumple el papel de notario de la crisis de su país. Las fotos las publica en Instagram.

Isaac Paniza

Isaac Paniza posa junto a Jefferson, un paciente oncológico al que ayudó, a través de redes sociales, a conseguir fondos para sus medicinas y tratamientos.

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Isaac Paniza

Por: María Camila Bernal
05 de abril 2019 , 05:07 a.m.

A Isaac Paniza ya no lo sorprende la muerte. La ha tenido tan cerca desde que empezó a fotografiar las marchas de protesta contra Nicolás Maduro, en el 2014, que sus imágenes incluso han servido para identificar a varias de las víctimas del régimen y sus milicias. En su afán por construir un testimonio de lo que está viviendo su país, también ha documentado la forma en que se apagan las vidas de muchos pacientes por la falta de medicamentos.

El convencimiento sobre su misión es tan grande que su esposa, con quien vive en Caracas, no le vio problema a su decisión de renunciar a la oficina de publicidad en la que trabajó diez años y dedicarse de lleno a la fotografía, que hasta entonces había sido un pasatiempo.

Durante estos cinco años, IPaniza, como lo conocen sus 858.000 seguidores en Instagram, ha sabido lidiar con las amenazas que le trae su papel de notario de la represión. Su fe cristiana es el mejor escudo, según dice. A los 32 años, su sueño es tomar la foto que marque el fin de la represión de su pueblo. 

En una pausa de sus viajes mensuales por Latinoamérica, Paniza conversó con EL TIEMPO desde su residencia en la capital venezolana. El diálogo –que se inició vía WhatsApp el 7 de marzo y tardó tres semanas en concluir– se vio interrumpido muchas veces a causa del apagón más grande en la historia del país vecino, que duró cinco días y afectó los 23 estados, y de los racionamientos periódicos que vinieron después.

¿Por qué decidió dejar su trabajo?

Cuando empezaron las manifestaciones, sentí que no tenía cabeza para coordinar la pauta publicitaria de una revista mientras en las calles había un conflicto histórico en el que estaban muriendo personas. Sin embargo, lo que hago no es algo de lo que me lucre, es mi aporte a la nación. Por eso empecé a hacer fotos de paisajes venezolanos, que vendo en todas partes del mundo.

He tenido que acompañar a la muerte a muchos pacientes de cáncer que la ven muy difícil por la falta de medicamentos. Creo que he documentado el proceso de nueve o diez. Todos murieron.

¿Se ha sentido amenazado?

Sí, muchas veces. En el 2017 y este año, sobre todo. Pero soy cristiano y estudiante de teología, y he sabido encontrar apoyo en mi fe.

¿Cómo han sido las amenazas?

No me gusta hablar del tema. No quiero preocupar a la gente que quiere y confía en mi trabajo. Solo puedo decir que este año han sido más, tal vez por las condiciones dadas ahora en mi país, que son más fuertes, para bien.

¿Qué mensaje quiere transmitir con sus fotos?

Siempre digo que no soy solo un fotógrafo. Distribuyo la información en tres dominios: como cristiano, queriendo fomentar los valores de mi fe; como un fotógrafo que busca compartir la realidad de lo que ocurre en Venezuela y llamar a la esperanza. Por último, como venezolano, participo en la historia de mi país y la documento.

¿Qué es lo más duro con lo que se ha encontrado?

En el 2017 conocí en las manifestaciones a un jovencito de 17 años, flaco y de corta estatura, que se convirtió en el protagonista de muchas de mis fotos. El 7 de junio de ese año lo asesinaron en una protesta. Se llamaba Neomar Lander. Fui el primero en identificarlo. Sabíamos que había muerto un manifestante, pero no sabíamos de quién se trataba. Cuando lo vi tapado con una capucha y la ropa llena de sangre lo reconocí. Es tal vez lo más frustrante y doloroso que he pasado hasta ahora.

También he tenido que acompañar a la muerte a muchos pacientes de cáncer que la ven muy difícil por la falta de medicamentos. Creo que he documentado el proceso de nueve o diez. Todos murieron.

El 13 de octubre del 2018, en una de las trochas de la frontera entre Colombia y Venezuela, me encontré con un trochero que pasaba mercancía de un lado a otro. Ese día el río Táchira estaba crecido y el hombre cayó al agua. Vimos cómo ocurría todo sin poder auxiliarlo. Murió ahogado. Gracias a las fotos que tomé pudimos reconocer quién era y hablar con sus familiares.

Isaac Paniza

Él es Pedro Luis. El 1 de noviembre del 2018, cuando Paniza le hizo este retrato llevaba cuatro meses trabajando en Cúcuta cosiendo zapatos. Cobraba 5.000 pesos y cosía hasta cuatro pares al día.

Foto:

Isaac Paniza

Isaac Paniza

El 13 de junio del 2018, Naikellis Tovar murió a causa de un cáncer. Durante los últimos cinco años, Paniza dice haber 'acompañado a la muerte' a al menos otros diez pacientes.

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Isaac Paniza

Isaac Paniza

Este hombre cruza pasa la frontera de Venezuela a Colombia para vender el cartón que carga; Gana 4.000 pesos por esa cantidad. Camina 1.5 kilómetros de su casa y la misma distancia de regreso.

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Isaac Paniza

Isaac Paniza

Neomar Lander, de 17 años, murió durante una manifestación en Caracas luego de ser impactado por una bomba de gas lacrimógeno.

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Isaac Paniza

Isaac Paniza

En esta foto, tomada el 11 de marzo de este año, se muestra cómo la gente debe de recurrir al río Guaire (Caracas) para buscar agua ante el desabastecimiento del vital líquido.

Foto:

Isaac Paniza

¿Sus fotos han servido para identificar a más desaparecidos?

En el 2014 y el 2017 la fotografía empezó a jugar un rol fundamental en las protestas porque eran una prueba de que una persona estuvo en la marcha y de que un ente gubernamental se lo llevó. Si la Policía o la Guardia Nacional agarraba a un manifestante, le daba una golpiza y se lo llevaba, nuestro deber era retratar a ese manifestante para que la foto fuera utilizada por el Foro Penal (ONG que asiste a las víctimas de violaciones de derechos en ese país), y así pudiesen identificarlo y saber qué había ocurrido.

Solo en el 2017 documenté a más de 100 detenidos. Del 2014 sabemos que hubo desapariciones, pero para entonces no hacíamos esos registros.

¿Lo han detenido?

Afortunadamente no. Aunque en el 2014 la Policía me robó un celular.

¿Cómo ocurrió?

Me dispararon desde una moto con un arma de bolas de gas lacrimógeno. Una me impactó en el pie izquierdo y de inmediato caí. Mientras estaba en el piso, la misma moto se acercó y uno de los agentes agarró mi celular, que había salido volando tras el golpe. No me auxiliaron, no me preguntaron nada, solo se lo llevaron.

Ante tanta violencia, ¿no siente miedo?

Mi fe me ha protegido. Si salgo a documentar las marchas, a pesar de todo el riesgo que implica, es porque sé que al final del día me refugiaré en la oración, creyendo que esto es pasajero y pensando que estoy siendo útil. He podido entender que la base de mi trabajo es el reflejo de la realidad.

¿Cómo se prepara para salir a una marcha?

Los venezolanos hemos aprendido que no podemos salir desprotegidos a ninguna manifestación. Siempre llevo mi chaleco antibalas, una máscara antigás y un casco. Eso ha menguado un poco con las marchas de este año, que han sido más una concentración que un conflicto de mayor dimensión. Yo tengo una especie de ventaja particular y es que quienes van a las marchas ya me conocen, entonces se puede decir que cuento con el apoyo de la población.

¿Qué opina su familia?  

Mi esposa, mi mamá, mis hermanas, todas tienen la misma fe que yo. Cuando debo salir saben que se trata de un deber con mi país. No me detienen, no me preocupan, siempre me acompañan y me respaldan en oración.

¿Cómo nació @IPaniza y qué papel cree que juega en la situación de su país?

@IPaniza es mi cuenta de Instagram y creo que hoy tiene el papel de testigo. Cuando se iniciaron las marchas subía las fotos que tomaba y las veían unos 7.000 seguidores. Pero, ante la desinformación y la censura de los medios de comunicación de Venezuela, la gente que me seguía se dio cuenta de que yo sabía de primera mano lo que pasaba en las calles. Hoy la cuenta tiene 858.000 seguidores.

En Colombia hay un fotógrafo que admiro mucho, Jesús Abad Colorado. Él se ha encargado de documentar el conflicto interno de su país. Aunque no hay punto de comparación, me identifico mucho con él y siento que estoy haciendo algo parecido con lo que vive ahora Venezuela.

¿Cómo es su relación con Juan Guaidó? ¿Cómo llegó a él?

Lo contacté por redes sociales y tuve la bendición de que me respondiera muy rápido porque conocía mi trabajo.

La primera vez que pude fotografiarlo fue el 17 de enero de este año, le hice un retrato de medio rostro al que le llamé ‘Él está poniendo de su parte, pon tú de la tuya’. Ese día también conocí a su esposa. Desde entonces he podido hacerle muchas fotos cada vez que nos cruzamos en marchas o eventos como el concierto Venezuela Aid Live. Sin embargo, quisiera aclarar que no soy su ‘fotógrafo personal’, no trabajo para él, más bien soy un aliado de su causa. Busco apoyar esta época de transición a través de lo que hago, porque creo en él, en lo que está haciendo y en el camino por el que va.

¿Cómo lo describiría?

Como alguien con mucho carácter y carisma. Tiene temple, fuerza, carácter y, al mismo tiempo, sensibilidad y humanidad. Por mi experiencia puedo decir que viene de un círculo familiar humilde, que ha padecido todas las vicisitudes que el resto de venezolanos hemos vivido en este proceso, eso hace que entienda nuestro conflicto, que no sea ajeno a él.

¿Qué ha cambiado entre las marchas del 2014 y las de ahora?

El cambio es de 180 grados y sumamente positivo. Durante el 2014 y el 2017 lo que documentaba en las calles era injusticia, ira, indignación, desespero. En el 2018, documenté resignación. En cambio, ahora he visto unión, fraternidad, esperanza, fe, fuerza. Me hacía falta ver esas expresiones en mi gente.

¿Cómo cree que sería la foto de Venezuela libre?

Una de las más importantes sería en el aeropuerto internacional de Maiquetía o en las fronteras del país, donde pueda registrar a los cientos de venezolanos regresando, incluso a pie, y reencontrándose con su territorio, sus familias y con lo que dejaron atrás cuando se fueron. Creo que esa es la imagen que todos los venezolanos estamos esperando.

Un sueño llamado ‘Con el alma vinotinto’

Grupos de entre 300 y 400 venezolanos de todas las edades, reunidos en lugares emblemáticos de las diferentes ciudades de Latinoamérica, protagonizan las fotos a gran escala que hace Isaac Paniza. Desde el 2015 el fotógrafo se ha dedicado a retratar a quienes han migrado debido a la crisis social y económica de su país. Al proyecto lo bautizó con el nombre ‘Con el alma vinotinto’. “El propósito de esta iniciativa es utilizar la fotografía para unir simbólicamente a los venezolanos”, explica Paniza.

Algunas de las ciudades en las que ya ha hecho su convocatoria son Santiago de Chile, Bogotá, Ciudad de México, Querétaro, Monterrey, y en Estados Unidos visitó Miami y Orlando. “Mi especialidad son las fotos en gran formato. En estas, por ejemplo, cada uno de los participantes se puede identificar perfectamente. Ha pasado algo muy bonito y es que hay venezolanos que han salido en las fotos de Orlando y sus hermanos en las de Santiago de Chile”, dice. Aunque procura viajar al menos una vez al mes, este año no lo ha hecho debido a la situación de orden público de Venezuela. A través de @IPaniza comparte algunos de sus registros, otros, como los de paisajes de su país, los vende en su cuenta.

María Camila Bernal Durán
REDACCIÓN EL TIEMPO@Camibernald

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