Venezuela

La crisis empeoró la salud mental de los venezolanos

Según expertos, la tristeza predomina entre los ciudadanos. Suben casos de depresión y suicidio.

Depresión

La tristeza es la emoción predominante en los venezolanos dentro de un caldo de emociones negativas. La causa radica esencialmente en la crisis económica.

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Rodrigo Sepúlveda / Archivo EL TIEMPO

Por: Valentina Lares Martiz
11 de diciembre 2018 , 07:05 p.m.

Cualquier tarde en Chacaíto, en Caracas, la avenida 20 de Barquisimeto o la plaza Bolívar de Mérida los rostros de los venezolanos hablan, sin decir una palabra. Ceños fruncidos, cabezas bajas, contrastan con aquella alegría contagiosa que podía palparse no hace muchos años en esas mismas calles y otras de este país maravilloso.

Todavía no existe un estudio académico formal, mucho menos algún reporte oficial, sobre la incidencia de la crisis venezolana en el ánimo de la población, pero psicólogos y psiquiatras del país advierten desde hace meses sus potentes consecuencias: la venezolana es hoy una sociedad triste y frustrada, con rasgos inocultables de estrés postraumático y con alta probabilidad de que esa angustia pase de una generación a otra.

La doctora Yorelis Acosta, psicóloga especialista en psicología social y jefe del área Sociopolítica en el Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, elabora desde el año 2015 un “mapa emocional de Venezuela” que concluye, desde esa primera edición, que la tristeza es la emoción predominante en los venezolanos dentro de un caldo de emociones negativas. La causa radica esencialmente en la crisis económica que padece la gente, empeorada por el reciente contexto hiperinflacionario y el deterioro de los servicios públicos.

“A esa tristeza le sigue un sentimiento de frustración profunda”, explica. “Nuestra conversación gira en torno a la crisis, lo normal nos parece extraordinario. Los venezolanos en este momento somos enfermos psicosociales. El cansancio, el agotamiento, primero se manifestaba en la esfera personal, luego social y ahora incluso en la empresarial, cuando tienes trabajadores que no pueden acudir a su lugar por fallas de transporte o abandonan el puesto de trabajo para comprar comida o lo que sea. Nuestro día a día está distorsionado”.

Los venezolanos en este momento somos enfermos psicosociales. El cansancio, el agotamiento, primero se manifestaba en la esfera personal, luego social y ahora incluso en la empresarial.

Los primeros indicios de esa angustia comenzaron en el año 2010, en principio por el desbordamiento en los índices de inseguridad ciudadana (homicidios, robos) y el comienzo de algunas carencias en el acceso a alimentos. Era la época en la que faltaba puntualmente un bien específico (aceite, azúcar, carne) por un tiempo corto, que poco a poco fue abarcando otros productos por períodos más largos.

La crisis de algún servicio público –como los primeros apagones, producto de la sequía en las hidroeléctricas- también pasaron de aspectos circunstanciales o fallas estructurales que hoy tienen al país funcionando a mínima capacidad y han trastornado cualquier rutina. La incertidumbre que genera la incapacidad de planificar la más simple rutina solo espesa el caldo del desasosiego.

Las menciones a esos problemas, en las consultas psicológicas, también dejaron de ser circunstanciales. “Antes, las personas podían tener múltiples motivos personales para acudir a una consulta, cada uno con una historia muy suya”, explica la psicóloga Elena Alcázar al hacer una radiografía de su servicio de atención a pacientes en Caracas.

“Ahora, independientemente de la edad, sexo o estrato social las consultas tienen como denominador común ‘la situación del país’ y sus problemas derivados, que hoy son tan graves como la calidad de vida, el acceso a bienes y servicios, a atención médica, seguridad, planificación del futuro, unión familiar, problemas económicos y familiares y de pareja”.

Independientemente de la edad, sexo o estrato social las consultas tienen como denominador común ‘la situación del país’ y sus problemas derivados

Las consecuencias inmediatas de estas preocupaciones inciden directamente en alteraciones del sueño y ansiedad generalizada en prácticamente toda la población.

Las doctoras destacan que quienes han sufrido alguna experiencia de inseguridad ciudadana, represión por parte de los organismos de seguridad o privación de algún bien o servicio elemental sufren también estrés postraumático. “Esto lo está atravesando gran parte de la población pues todos en alguna medida hemos pasado por alguna de estas experiencia. Vivimos en un contexto de ‘casi guerra’”, explica Acosta.

Al incremento en la angustia, se suma la depresión, trastornos de adaptación con síntomas de ansiedad y el desbordamiento de condiciones y enfermedades mentales que antes estaban bajo control por tratamiento y hoy no debido a la escasez de medicinas relacionadas. Ansiolíticos, antidepresivos, anticonvulsivos, antipsicóticos y estabilizadores del ánimo escasean hasta 85 por ciento, según la asociación civil Convite, que monitorea el acceso de los venezolanos a la salud.

Los niños “dejados atrás”

Entre las grandes tristezas que atraviesan los venezolanos destaca la migración, la separación de las familias por causa de la crisis. Miembros que se marchan para buscar trabajo y enviar remesas para sostener a los suyos en Venezuela o simplemente porque no ven futuro en su país.

Del primer grupo han aumentado los casos de madres o padres que se van y dejan a sus niños al cuidado de abuelos, tíos o familiares, a la espera de establecerse, enviar recursos y eventualmente reunificarse. Pero en el transcurso de ese proceso, los “niños dejados atrás” cada vez se constituyen un grupo más grande que quedan a cargo de familiares que, a su vez, piden más ayuda para sortear la situación.

El doctor Abel Saraiba maneja el servicio de atención psicológica de Cecodap, una organización sin fines de lucro pionera en la atención de los derechos de niños y adolescentes en Caracas, ha notado como la atención de familiares de niños cuyos padres han migrado ha pasado de ser la quinta a la tercera causa de consulta.

Para los niños, cuando se rompe la relación con uno de sus cuidadores se produce una sensación de abandono y tristeza que se manifiesta con agresiones, rabia y desánimo.

“En seis meses aumentó 50 por ciento el número de casos”, apunta Saraiba, quien destaca la última encuesta de la red de escuelas Fe y Alegría, en la que concluyen que este año escolar 4.444 niños de sus aulas –distribuidas en toda Venezuela- fueron dejados atrás por alguno de sus padres.

“Para los niños, cuando se rompe la relación con uno de sus cuidadores se produce una sensación de abandono y tristeza que se manifiesta con agresiones, rabia y desánimo. No siempre la tristeza es vivida como abatimiento. Es definitivamente un duelo que va acompañado de mucha incertidumbre y no siempre los familiares que quedan saben lidiar con eso”.

En otros ámbitos de su consulta también nota que la crisis pone en los padres excesivos niveles de presión. “A los padres les cuesta contenerse, calmarse y calmar a los niños. Muchas veces se desbordan y acuden al castigo físico, pero el hambre no puede callarse a palos”.

El silencio final

Sin embargo, con la muerte se calla más que el hambre, y los venezolanos comienzan a acudir al suicidio como el último escape a la crisis. Aunque los especialistas coinciden en que son múltiples los desencadenantes de una acción como esta, la sensación de estar “atrapados” en una situación sin salida es uno de los sentimientos que más manifiestan los venezolanos y aquellos casos de suicidio que llegan a las páginas de los diarios.

Reportó el diario regional 'La Verdad de Vargas' que un hombre de 78 años se lanzó al vacío pues no conseguía los medicamentos para el cáncer de próstata. Otra señora, en Mérida, hizo lo mismo pues “no quería ser una carga” para su familia. Y así, lo cierto es que el último informe del Observatorio Venezolano de Violencia reporta que en 2017 la tasa de suicidios en Venezuela alcanzó 19,09 por ciento por cada 100.000 habitantes, siendo el 18º país con la mayor tasa de suicidios del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, el promedio mundial de la tasa de suicidios es 9,8 por ciento por cada 100.000 habitantes.

La tasa de suicidios en Venezuela alcanzó 19,09 por ciento por cada 100.000 habitantes, siendo el 18º país con la mayor tasa de suicidios del mundo.

Un reciente reportaje de Bloomberg recorre el estado Mérida, que reporta la tasa más alta del país. También detalla la información de un informe de la policía científica venezolana obtenido extraoficialmente que asegura que solo entre enero y junio de este año se suicidaron 786 personas solo en la capital venezolana, y compara que es una cifra que casi alcanza a los 788 suicidios ocurridos en 2012 en todo el territorio venezolano, según cifras del Instituto Nacional de Estadística.

“Para la conducta suicida hacen falta estar inmerso en una situación personal peculiar, factores personales de diagnóstico de condiciones mentales, físicas, herencia. Pero es indudable que una situación colectiva de dificultad severa mantenida en el tiempo puede añadirse a los predisponentes personales”, recuerda la doctora Alcázar.

VALENTINA LARES MARTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Caracas

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