Venezuela

Colectivos chavistas, la siniestra defensa final del régimen de Maduro

Nacidos de la izquierda radical, Chávez los armó y Maduro los consolidó como grupos de choque.

Colectivos chavistas

Un miembro de los colectivos chavistas dispara su arma para disuadir a los manifestantes en San Antonio, estado Táchira.

Foto:

Federico Parra, AFP

Por: Valentina Lares Martiz
26 de febrero 2019 , 02:18 p.m.

La Guardia Nacional se retiró de las calles de San Antonio justo antes de que la marcha de la oposición acudiera hacia el puente Simón Bolívar para buscar la ayuda humanitaria. Solo quedó una línea reforzada antes del puente, que lanzó unas tres rondas de bombas lacrimógenas antes de que comenzara la verdadera represión, la de los ‘colectivos’ chavistas.

A pie, al trote y en motos los habitantes de esa parte de la frontera venezolana, acostumbrados a identificar y mantener distancia de los elementos de la guerrilla colombiana, sintieron por primera vez la ley que imponen estos grupos a punta de pistola.

Hasta este sábado habían escuchado de sus azotes en zonas populosas de Caracas.

Su génesis, en el barrio conocido como 23 de Enero, surge de los primeros grupos de izquierda radical que vivían en esa zona y que vivían de una especie de mitología en la que, en secreto, estaban armados y, hacia afuera, hacían labor social.

Pintaban murales del Che Guevara, Tupac Amaru, apoyaban a los etarras que decidieron refugiarse en Venezuela y pronto fueron seducidos por el teniente coronel Hugo Chávez quien, una vez convertido en presidente, cuidó de estos bastiones sociales dándoles trabajo y, tiempo después, impunidad.

Algunos grupos motorizados comenzaron a tomar clara forma desde el año 2002, cuando el breve golpe de Estado depuso a Chávez. “Luchadores sociales”, como la activista Lina Ron y sus seguidores, erigidos héroes por los más pobres, supuestamente olvidados y rescatados por el ‘comandante’, fueron escalando notoriedad y poder al estructurar estos grupos.

Lo mismo hacían alguna labor social –organizar las incipientes ‘misiones’, por ejemplo– como amedrentar a manifestantes de la oposición con el rugir de sus motos y golpizas eventuales de las que no se salvaban los periodistas.

Eran frecuentes las visitas de los entonces diputados Freddy Bernal e Iris Varela al 23 de Enero para apoyar el florecimiento de estos grupos.

No pasó demasiado tiempo para que se convirtieran en fuerzas de choque.

La participación de estos expolicías les dio cierta estructura y organización. Entre los años 2004 y 2010 se formaron grandes ‘colectivos’ como La Piedrita, y Alexis Vive.

Algunos expertos en el estudio de estos grupos señalan que con el desmantelamiento de la Policía Metropolitana –cuerpo policial de resguardo a la capital venezolana– decenas de funcionarios comenzaron a formar grupos parapoliciales al servicio del gobierno chavista y en defensa de la ‘revolución bolivariana’.

La participación de estos expolicías les dio cierta estructura y organización. Entre los años 2004 y 2010 se formaron grandes ‘colectivos’ como La Piedrita, Alexis Vive, 5 de Marzo y Frente Francisco de Miranda, a los que sin pudor alguno Chávez llegó a bautizar como el ‘brazo armado’ de la revolución.

Además de asaltar en varias ocasiones a bastiones de la oposición como el edificio de Fedecámaras –la principal asociación de empresarios del país– y medios de comunicación como Globovisión –cuando el canal tenía una línea editorial crítica hacia el gobierno–, pronto los colectivos comenzaron a funcionar como grupos de amedrentamiento en elecciones.

Sobre motos, con la cara tapada y armas cortas, solían formarse temprano en las calles de Catia y Propatria gritando consignas de apoyo a la revolución antes de salir a corretear a los votantes de las zonas populares de la capital como Cotiza, Caricuao, Antimano, la avenida San Martín y El Calvario, por nombrar algunas.

Con la asunción al poder de Nicolás Maduro vino su consolidación. Si con Chávez se crearon, armaron y organizaron, con Maduro comenzó su actuación sistemática para la represión directa.

En las protestas de 2014 y, sobre todo, en las de 2017 su actuación disparando a mansalva contra barrios y residencias cercanas a las protestas dejaron, solo por ellos, 70 víctimas mortales. Ese año se les vio por primera vez actuando junto a la Guardia Nacional y la Policía Nacional.

Aunque existen grupos con características similares en varias partes del país, en regiones centrales como Lara , Aragua y Carabobo, principalmente, este fin de semana expandieron la geografía de su actuación a la frontera con Colombia. Solo en San Antonio lograron dispersar la protesta a punta de balas y hoy, sin decretarlo oficialmente, la mantienen en un estado de toque de queda.

Valentina Lares Martiz
Enviada especial de EL TIEMPO
San Cristóbal (Venezuela)

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