Medio Oriente

Los ojos del mundo están sobre el príncipe saudí Mohammed bin Salmán

El príncipe heredero saudí ha tomado las riendas de su país, aunque apenas tiene 33 años. Perfil.

Mohamed bin Salmán

Mohamed bin Salmán, príncipe heredero al trono de Arabia Saudí, pero quien está dirigiendo el destino de su país.

Foto:

AFP

Por: Diana Hernández
22 de octubre 2018 , 05:07 p.m.

Jamal Khashoggi tuvo que desaparecer de la faz de la tierra para lograr algo que nunca pudo cuando fue periodista: atraer la atención del mundo hacia la brutal represión y censura en la que vive Arabia Saudí, su país natal, hoy gobernado por el octogenario rey Salmán bin Abdulaziz y su hijo, el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán.

"Lo que más necesita el mundo árabe es libertad de expresión", escribió Khashoggi en su última columna,  en la que también denunció que la mayoría de países árabes tiene a sus ciudadanos "desinformados o mal informados", por lo que "no pueden abordar adecuadamente, y mucho menos discutir en público, los asuntos que afectan a la región y sus vidas cotidianas".

Arabia Saudí confirma asesinato de Jamal KhashoggiEl gobierno de Arabia Saudí confirmó que después de las investigaciones preeliminares hechas esta semana, el periodista Jamal Khashoggi, desaparecido desde el 2 de octubre, efectivamente fue asesinado dentro del consulado saudí en Estambul tras una pelea.
Khashoggi

Ahora que su muerte ha sido confirmada por la monarquía saudí, las acciones del príncipe empiezan a ser cuestionadas por toda la comunidad internacional.

"Está claro que después de este caso la estrella ascendente que era el príncipe heredero ha dejado de serlo", comentó a EL TIEMPO el investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano y máster en Estudios Árabes Haizam Amirah-Fernández. “Nunca antes ningún príncipe en la historia del Estado saudí había acumulado tanto poder en sus manos, y mucho menos un príncipe tan joven y tan inexperto. (...) Es un joven extremadamente ambicioso, con una voluntad de emprender aventuras sin haber medido las consecuencias”, añadió el profesor.

Nunca antes ningún príncipe en la historia del Estado saudí había acumulado tanto poder en sus manos, y mucho menos un príncipe tan joven e inexperto.

Conocido como “el poder detrás del trono”, Bin Salmán ha iniciado una serie de reformas políticas y económicas sin precedentes en el país, pero a un costo muy alto en derechos humanos.

Por un lado, después de décadas de prohibición, les otorgó a las mujeres el tan anhelado derecho de tener una licencia de conducción (aunque no indultó a las que habían sido encarceladas por reclamar esta ley). A dos de ellas las nombró funcionarias de su gobierno. También permitió la proyección de películas en cines.

Para abrirse al mundo, pretende privatizar las empresas petroleras, e ideó un plan económico, Visión 2030, con el fin de crear una nueva ciudad sostenida con energías renovables y nueva tecnología. Para promocionarlo, viajó a China, a Rusia y a EE. UU., donde se reunió con decenas de ejecutivos, entre ellos el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg.

Sin embargo, a la par que trata de reformar y promocionar el reino al mundo, revela sin pudor su naturaleza tiránica.

Si bien es cierto que es muy joven -tiene 33 años-, no es ningún novato en los asuntos políticos de reino. Desde adolescente, el hijo mayor de la tercera esposa de Salman, se ganó el favoritismo de su padre, quien por 48 años fue gobernador de la provincia de Riad, y casi siempre lo llevaba a reuniones oficiales.

Cuando Salman fue coronado rey, en enero de 2015 -a sus 79 años-, nombró a su hijo Mohammed -entonces de 29 años- ministro de Defensa, ministro del Interior, y  jefe de Aramco, la compañía petrolera nacional y el pilar central de la economía del país.

Pronto, el nuevo ministro fue escalando posiciones dentro de su propia familia. En 2017, con el aval de su padre, bin Salman forzó al sobrino del rey, Mohammed bin Nayef -el siguiente en la línea de sucesión al trono-, a renunciar al cargo de príncipe heredero, y el 21 de junio se apoderó de sus funciones.

También ordenó el arresto del príncipe Miteb bin Abdullah, quien estaba a cargo del Ejército y la Guardia Nacional. 

Desde entonces, con el Ejército y las fuerzas de inteligencia a su cargo, ha encarcelado –si no “desaparecido”– a casi todos los ciudadanos y líderes de Arabia Saudí que le han hecho oposición.

Es famosa la “purga anticorrupción” que ordenó en contra de otros príncipes, líderes y empresarios saudíes prominentes, a quienes retuvo por tres meses en un hotel lujoso y después extorsionó para devolverles la libertad. Recaudó 100.000 millones de dólares, según declaró él mismo a la prensa.

El heredero, además, está peleando muchas batallas a la vez.

Primero, suspendió relaciones comerciales con Canadá después de que el primer ministro Justin Trudeau y su canciller Christya Freeland cuestionara la falta de libertades del país y expresaran su preocupación por el arresto de los hermanos Raif y Samar Badawi, blogueros y fundadores de la Saudi Liberal Network, una página web que criticaba al régimen.

Está instalando un régimen de terror dentro de la propia familia, sobre todo aquellos críticos con sus métodos. (...) Su principal objetivo es concentrar todo el poder en sus manos

Luego bloqueó a Catar, pues le atribuyó unas declaraciones al emir Tamim bin Hamad al-Thani (que él negó), en las que presuntamente respaldaba a Irán, el país histórico enemigo de la monarquía saudí. El príncipe dijo que solo levantaría el bloqueo si Catar rompía sus relaciones con los iraníes y cerraba la cadena de noticias liberal Al-Jazeera, crítica del bin Salman. 

Pero quizás lo más grave de su gobierno ha sido la intervención militar en Yemen, su país vecino, que desde la 'primavera árabe' en 2011, sin un gobernante al frente, sufre el control de los rebeldes hutíes que se enfrentan a las monarquías del Golfo (respaldadas por Occidente). La ONU ha denunciado que esta guerra es una de las peores crisis humanitarias de la historia moderna, en la que al menos 13 millones de personas se enfrentan a los ataques militares, pobreza extrema y hambruna. 

¿Por qué el príncipe acumuló tanto poder en tan poco tiempo? El profesor Amirah-Fernández lo explica así a EL TIEMPO: "La diferencia de Arabia Saudí con décadas anteriores es que antes las grandes decisiones se tomaban a través de mecanismos de consulta dentro de la familia real. Había que buscar equilibrios, acuerdos, consensos. Y lo que estamos viendo ahora es que eso ya se está eliminando a manos del príncipe, quien está instalando un régimen de terror dentro de la propia familia, sobre todo aquellos críticos con sus métodos. (...) Yo diría que su principal objetivo es concentrar todo el poder en sus manos", concluye el académico. 


REDACCIÓN INTERNACIONAL
Diana Hernández @dianaluher

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