Medio Oriente

A pesar de Muerte de Gadafi hace 8 años, Libia no sale de la crisis

En el 2011 el líder fue derrocado y asesinado por manifestantes tras permanecer 42 años en el poder.

Muamar Gadafi

Muamar Gadafi, quien por 42 años mantuvo el poder en Libia y fue derrocado y asesinado en el 2011.

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Reuters

Por: Trípoli (AFP)
19 de febrero 2019 , 07:51 a.m.

Los libios soñaban con un Estado moderno y democrático cuando se rebelaron contra el régimen de Muamar Gadafi, pero ocho años más tarde siguen sin ver la luz al final del túnel por el caos que se eterniza sin soluciones viables a la vista.

Los ánimos no están como para celebrar aquel 17 de febrero de 2011, cuando comenzó la revuelta contagiada por la 'Primavera árabe'.

Así y todo, muchos no echan en falta la época de Gadafi. "Libia es hoy el producto de 42 años de destrucción sistemática", estima Marwan Jalal, ingeniero en petróleo de 43 años. "Tarde o temprano los libios volverán a tener paz, pero el camino parece largo", dice a la AFP con un medido optimismo.

Desde que cayó el régimen de Gadafi en 2011, Libia se desgarra por las luchas a que se libran de manera impune las numerosas milicias o decenas de tribus, componentes esenciales de la sociedad libia.

"Las divisiones políticas y militares en Libia se ahondan y los esfuerzos para juntar a los bandos rivales alrededor de una mesa fracasaron hasta ahora", lamentó Claudia Gazzini, analista del centro International Crisis Group. Para Gazzini "no existe una receta rápida para resolver la crisis". "Todo esfuerzo que apunte a unir a Libia necesita una estrategia integrada que considere los aspectos políticos, de seguridad y económicos", dijo a la AFP.

'Criminal de guerra'

Dos autoridades se disputan el poder en Libia. Por un lado el Gobierno de Unión Nacional (GNA), surgido en 2015 tras un acuerdo impulsado por la ONU, con sede en Trípoli. Por otro, una autoridad rival en el este del país, controlada por el Ejército Nacional Libio (ENL) autoproclamado por el mariscal Jalifa Haftar.

Para aumentar su influencia, Haftar se lanzó a la conquista del sur, una vasta región desértica marginada por las autoridades de transición sucesivas, que se convirtió en cobijo de yihadistas y traficantes de todo tipo.

Forjando alianzas con tribus locales se apoderó sin combates de la ciudad de Sebha, capital de esta región, así como de Al Sharara, uno de los principales yacimientos petroleros del país. Pero avanzar más al sur se anuncia más complicado para el ENL, ya que podría enfrentarse a otras etnias más hostiles, como los tubus y los tuaregs.

"Hasta ahora, se evitó una escalada (...) pero el riesgo de represalias sigue presente y las alianzas con los grupos armados de tribus locales podrían terminar siendo frágiles", observó Gazzini. El GNA no condenó con claridad la operación de Haftar, pero las milicias tripolitanas denunciaron esta semana el "proyecto del criminal de guerra que busca obtener el poder con la sangre de los hijos de este país".

La operación apunta según el ENL a "purgar" esta región de los "terroristas y criminales", así como de los grupos rebeldes chadianos establecidos en el sur de Libia.

'Escalada'

Pero según los analistas, detrás de la campaña militar del ENL se esconden intereses políticos, petroleros y financieros.

Puede sabotear los esfuerzos para poner fin a la crisis política cuando la ONU prevé que se organicen elecciones este año. Antes de que se celebren unos comicios, el enviado de la ONU para Libia, Ghassan Salamé, intenta organizar una "Conferencia nacional", prevista inicialmente para principios de este año.

El objetivo es, según Salamé, obtener "un nuevo consenso sobre un calendario nacional para reconstruir un Estado civil libio unido".

Pero "los retrasos repetidos y la confusión que mantiene la ONU sobre ello desalentaron a importantes facciones entre los beligerantes, que estudian otras alternativas fuera del marco de la ONU para reforzar sus posiciones", observó Gazzini. "El actual desenlace es propicio a la escalada y la confrontación militar de los actores antes que al diálogo", estimó por su parte Emad Badi, analista libio.

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) aprovechó la anarquía y las divisiones para implantarse en el país. Durante meses ocuparon la ciudad natal de Gadafi, Sirta (este), de donde fueron expulsados en diciembre de 2016. Pero incluso debilitados, los yihadistas siguen amenazando al país que sufrió varios atentados. Libia se convirtió además en tierra liberada para los traficantes de seres humanos, que organizan partidas desde las costas del país para miles de migrantes que intentan llegar a Europa en embarcaciones de fortuna.

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