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‘Las Naciones Unidas han tenido un ambiente muy masculino’

Helen Clark, exprimera ministra neozelandesa, habló sobre la carrera para ser Secretaria General.

Helen Clark

Clark dijo que la migración de venezolanos es una “crisis de refugiados” y que se necesita “una diplomacia más activa ante esta situación”.

Foto:

Claudia Rubio. EL TIEMPO

Por: Sandra Ramírez Carreño 
06 de noviembre 2018 , 10:45 p.m.

En 1999, y cuando muy pocas habían logrado llegar a ser cabezas de Estado, Helen Clark se convirtió en la primera mujer primera ministra de Nueva Zelanda elegida por voto popular, un cargo que ejerció por tres mandatos consecutivos y le abrió el camino para luego convertirse en la administradora global del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), donde estuvo hasta el 2017.

Mientras ocupó esa posición, Clark intentó volver a hacer historia y se convirtió en una de las cinco mujeres candidatas para ser secretaria general de la ONU. Pero esa vez, en el 2016, el techo de cristal no se rompió y el elegido fue el portugués António Guterres. “La mayoría de los candidatos fueron mujeres, pero ninguna de ellas logró elevar su candidatura”, dijo Clark en diálogo con EL TIEMPO.

En su reciente visita a Colombia para promover el documental 'Mi año con Helen', de la documentalista neozelandesa Gaylene Preston, que narra la jornada de la ex primera ministra para ocupar ese cargo, y con ocasión de los 125 años del sufragio femenino en Nueva Zelanda, Clark habló de la crisis de migrantes venezolanos, de la implementación del acuerdo de paz en Colombia y de la importancia del movimiento #MeToo (Yo también).

¿Qué puede aprender Colombia de Nueva Zelanda para impulsar la economía naranja?

Cuando fui primera Ministra de mi país por nueve años, también era la Ministra de Artes, Cultura y Patrimonio. Me puse a mí misma porque pensé que estas eran áreas muy importantes tanto para la noción de identidad como de nación en Nueva Zelanda, pero también sabiendo que el sector creativo podría hacer una contribución grande a la economía.

Si uno se va un poco más en profundidad, hay dos aspectos del sector del cine y televisión: uno es contar su propias historias y lo otro, apoyar a sus propios cineastas a hacerlo. Con frecuencia, ellos están financiados adecuadamente para hacer su primera película, pero para ser exitosos deben tener la capacidad de hacer una tercera y una cuarta. Se tiene que posibilitar el financiamiento para impulsar a los cineastas a hacer películas serias, que tengan un chance de tener un mercado internacional y financiación.

Usted siguió el proceso de paz en Colombia y formó parte del grupo de los líderes mundiales que estuvieron a favor de este. ¿Cómo lo ve?

Yo estuve involucrada en ese asunto cuando era la administradora del Pnud y cuando vine a Bogotá en el 2012. Esos días tempranos de las discusiones hicieron parte de los diálogos que tuve cuando estuve acá. No es un proceso fácil acabar un conflicto que tiene más de medio siglo, y siempre habrá altibajos a lo largo del camino. Pero mi punto de vista, desde afuera, es que, de una manera u otra, el proceso va a continuar.

Hay un dividendo de la paz para Colombia. El dividendo es que países como el mío están diciendo: “Colombia se está moviendo hacia la paz, es el momento para estar acá, viendo todas las oportunidades para inversión, comercio, conexiones”. Entonces vemos una nueva Colombia, y esa es la esperanza para creer que de una u otra manera va a continuar.

¿Cuál es su consejo para que se mantenga el respeto sobre lo que se acordó?

Los colombianos tienen que seguirse hablando el uno al otro. Ustedes han estado en una guerra en la que la gente nunca habló. Se tienen que mantener comprometidos, sin importar qué tan difícil sea hacerlo.

Ha pasado un año desde que se conocieron las denuncias contra el director Harvey Wenistein. ¿Cree que el movimiento #MeToo ha cambiado la situación sobre el abuso sexual?

Sí. Por lo menos lo puedo ver en mi país como una tercera ola del movimiento de las mujeres. En la primera ola se consiguieron derechos iguales. La segunda fase fue para romper muchos techos de vidrio y mostrar lo que podemos hacer, cumplir funciones en la sociedad, en la economía y en liderazgo político. Y la tercera fase ha sido para tratar la violencia sexual basada en el género. El movimiento #MeToo ha sido un catalizador para esto en muchos países.

Yo aplaudo el coraje de las mujeres que han hablado porque no es fácil. Cualquiera que haya trabajado en Hollywood habría sido alertado de las presiones que son puestas sobre las mujeres jóvenes para que salgan adelante, presiones severas de hombres poderosos.

Después, cuando #MeToo se mueve empieza a llegar a otros sectores. Estos asuntos necesitan ser tratados. Incluso en China, #MeToo ha salido a flote.

Algunas veces, las personas han sido procesadas, algunas veces no. Pero se está sacando a la luz, y realmente no se puede tratar un asunto como estos cuando está siendo escondido. Y otras mujeres han hablado, pero nunca se van a tratar estos asuntos a menos que mujeres fuertes cuenten lo que les pasó y reciban apoyo y solidaridad.

En la última Asamblea General de la ONU, la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, llevó a su bebé con ella y se convirtió en la primera mujer en hacer eso en la organización. Su esposo la acompañó. Algunos lo celebraron y otros lo criticaron. ¿Estamos lejos de lograr la igualdad?

En general, la aparición de los padres en la Asamblea General fue muy positiva, y vi fotos de toda clase de personas saludando al bebé, el primer ministro de Fiyi, por ejemplo.

Todo el mundo siente una conexión con un bebé. Fue algo muy bien recibido. Ella está rompiendo nuevas barreras para las mujeres jóvenes, y la realidad es que si las mujeres jóvenes llegan a una posición de liderazgo, puede que no hayan comenzado su familia o que no la hayan completado como lo planearon.

Estas son realidades humanas, y ella está mostrando que es posible. Y su pareja es un buen modelo de rol porque ha tomado probablemente un año de su carrera para cuidar a su bebé por tiempo completo.

Usted estuvo en la carrera para ser elegida primera mujer secretaria general de la ONU. ¿Cuánto falta para que una mujer logre estar ahí?

Ya ha pasado demasiado tiempo: 73 años, con nueve secretarios generales hombres. Creo que debemos trabajar muy duro para que la décima secretaria general sea una mujer.

La última vez la mayoría de los candidatos fueron mujeres, pero ninguna de ellas logró elevar su candidatura, lo que es interesante porque todas ellas tenían las mismas o mejores calificaciones que muchos de los hombres. Así que para la próxima tenemos que respaldar a la candidata más fuerte y esperar a que lo logre. Tal vez los hombres digan: ‘Es tiempo para que llegue una mujer’.

¿Cómo se puede explicar que haya mujeres tan preparadas en la ONU y
no hayan llegado a esa posición?

Ellas no son parte del club de los hombres. Las Naciones Unidas han tenido un ambiente masculino. Solo el 20 por ciento de los embajadores son mujeres. La embajadora de Colombia era una mujer (María Emma Mejía) y fue muy prominente en la campaña ‘Amigos por una mujer secretaria general’. Pero la campaña no prosperó.

La mayoría de los países en la ONU nunca han tenido a una mujer como cabeza de Estado ni han tenido a muchas mujeres como ministras.

Es muy bueno que Colombia tenga un gabinete en el cual la mitad son mujeres, es muy alentador, pero la mayoría países no lo han hecho y no están acostumbrados a al liderazgo de las mujeres. Quizá algunos lo ven como una amenaza.

El premio Nobel de Paz fue entregado a dos personas que han trabajado para acabar con la violencia sexual como un arma de guerra ¿Cuál es el mensaje de la organización del Nobel?

Creo que estas han sido las elecciones más maravillosas para el premio Nobel de Paz.
La heroica mujer iraquí yazidí (Nadia Murad) que fue víctima de abuso sexual y torturada ha sido muy valiente al hablar sobre esto y ayudar a otras personas que han sido víctimas de lo mismo. Y el doctor de la República del Congo (Denis Mukwege) es un verdadero santo. Ha hecho un trabajo increíble al proveer asistencia médica a las mujeres que han sido violadas y torturadas en su país.

Creo que se está enviando el mensaje de que estas personas valientes nos hacen un llamado a todos para que nos enfrentemos a estos crímenes terribles. Las mujeres no deberían nunca ser violentadas de esta manera, así sea en la guerra o en la paz.
Infortunadamente, hay muchas sociedades en conflicto en las que la moral está completamente fuera de curso. En medio de esta brutalización de la sociedad, generalmente les toma un largo tiempo a las mujeres para sentirse seguras en sus comunidades. Necesitamos estar ahí a largo plazo para que puedan tener paz también.

¿Cuál debería ser la posición de la comunidad internacional para intentar aliviar el impacto de la crisis en Venezuela?

Esta es claramente una crisis de refugiados, así no se haya designado de esa manera. Colombia, por supuesto, está soportando una carga muy grande. Mucha gente también llegó a Brasil. Pero la gente está encontrando su camino desde Colombia hacia los países del sur, como Chile. Todo el continente está soportando el peso de la crisis de la economía en Venezuela.

Entonces, lo primero es que los socios en desarrollo y los socios humanitarios necesitan mostrar solidaridad con los países vecinos que están soportando la carga.

Hay niños que necesitan ir a la escuela, personas que requieren servicio de salud, un hogar y un refugio. Un millón de personas en Colombia es mucho.

Frecuentemente, en países de ingreso medio, como sucede en esta región que es de ingreso medio, los socios en desarrollo dicen: “Ellos son suficientemente ricos para encargarse de ellos mismos”, pero Colombia tiene mucha gente pobre, como Perú, Ecuador. Ellos necesitan apoyo para lidiar con una crisis de refugiados.

Lo segundo es que necesitamos una diplomacia mucho más activa y compromiso de la comunidad internacional con Venezuela. No es suficiente poner sanciones. Debe haber compromiso. Tiene que haber cualquier esfuerzo para encontrar una solución política de la crisis, y eso va a necesitar mucha diplomacia.

En los últimos años han llegado muchos populistas al poder. ¿Cómo se puede blindar el mundo para mantener la democracia?

Los populistas, en mi opinión, son un problema porque frecuentemente se dirigen hacia las instituciones a través de las cuales lograron llegar al poder y comienzan a minar los procesos democráticos básicos. En segundo lugar, generalmente estigmatizan las minorías y los grupos vulnerables de la población, lo cual es muy peligroso. Y, tercero, sus ‘soluciones’ tienden a ser simplistas y hacen daño.
La alternativa es tener partidos políticos creíbles en un espectro en el que puedan responder a las necesidades que tiene la gente.

SANDRA RAMÍREZ CARREÑO 
Subeditora internacional 

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