Latinoamérica

La Cuba de siempre, en el primer año sin Fidel

La situación política, económica y social no parece haber tenido grandes cambios tras su muerte.

Cuba

Enormes carteles con frases como ‘La muerte no es verdad’ abundan en las calles.

Foto:

Eliana Aponte / EL TIEMPO

24 de noviembre 2017 , 08:18 p.m.

El 25 de noviembre del 2016, Raúl Castro anunciaba la muerte de su hermano Fidel. No fue uno de los tantos rumores que sistemáticamente mataban al líder de la Revolución cubana. Desde entonces y hasta 365 días después, los ‘fidelistas’ y los medios del único país socialista de América prefieren hablar de “su desaparición física”, del “tránsito a la inmortalidad” o de su “partida”.

Sin negar su omnipresencia, este primer aniversario coincide con el inicio del proceso electoral que concluirá en febrero con un nuevo presidente del Gobierno, que tendrá la disyuntiva de continuar el socialismo reformista o enrocarse en el viejo modelo estatista.

El viernes tuvo lugar uno de los actos centrales del aniversario. Una vigilia en la escalinata de la Universidad de La Habana para recordar su impronta, al igual que se está haciendo en conversatorios, presentaciones de libros y conciertos. Todo acto está dedicado a Fidel. El deseo del Comandante de no tener plazas o calles con su nombre se ha cumplido. Pero su imagen se ha multiplicado de todas las maneras posibles.

Enormes carteles recuerdan ‘Yo soy Fidel’, ‘Fidel Vive’, ‘Siempre Fidel’, ‘La muerte no es verdad’. Incluso se abrió la página web fidelcastro.com, que recoge toda su vida política.

“Hace ya un año que Fidel no está físicamente entre nosotros, pero está. Permanece porque se ha convertido en esencia viva de la patria”, asegura la periodista María Luisa García.

Sin embargo, no todo son añoranzas. “Antes de la muerte de Fidel, muchos pensábamos que esto iba a ser una catástrofe, porque este pueblo es fidelista. Pero la realidad es que no ha pasado nada. Todo el mundo está igual, la vida es la misma y en el plano político, que se pensaba que el vuelco iba a ser muy notorio, tampoco ha sido así. Aunque el pueblo sí ha extrañado a Fidel porque él estuvo muy presente en todo momento y Raúl es un dirigente más distante”, asegura Julita González, que se dice “criada en la revolución”.

Desde que Fidel delegó el poder provisionalmente en el 2006 a causa de su enfermedad, se han producido cambios importantes.

El mayor, la posibilidad de los cubanos de viajar. Pero también el crecimiento de la iniciativa privada, que da empleo a más de 500.000 personas, el 23 por ciento de la fuerza laboral activa. Sin embargo, el desarrollo del turismo y la apertura a la inversión extranjera deberían ser el balón de oxígeno de la economía isleña cuyo crecimiento se aproxima al negativo. En parte ante el temor de multas por el recrudecimiento del embargo impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump.

De todas formas, cuando Raúl Castro salga de la presidencia del Gobierno deja, según el exdiplomático Carlos Alzugaray, “retrasos” en asuntos vitales, como la descentralización estatal, la unificación monetaria, la mayor apertura al sector privado y la reforma constitucional. El nuevo liderazgo debe afrontar el reto que supone guiar una sociedad donde el pragmatismo económico es más fuerte que el compromiso político. El mayor acceso a internet, las redes sociales, los contenidos audiovisuales de “afuera” y el mayor intercambio con las familias y amigos que han emigrado –solo desde EE. UU. han viajado este año 800.000 personas– le han quitado la venda de los ojos a muchos cubanos.

Los profesionales abandonan sus carreras para montar una cafetería, conducir un taxi o alquilar habitaciones a fin de conseguir un salario digno; sueñan con ahorrar para visitar otros países y, de paso, comprar productos sencillos que aquí no se encuentran en las tiendas para revenderlos.

Como alerta el economista Ariel Terrero, “sin prosperidad, el socialismo será siempre una utopía”. El reto de la nueva dirigencia será arrinconar “la vieja mentalidad”.

Futuro político

Todos los pronósticos coinciden que el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, un ingeniero de 57 años, ocupará la presidencia de Cuba tras una lenta carrera política, pues recorrió paso a paso todos los escalones del poder. Sin embargo, nada indica que Raúl Castro deje la jefatura del Partido, principal cargo político del país, al menos hasta su próximo congreso en el 2021. “En ese escenario, en los próximos dos años, la agenda del Gobierno y el estilo de operación probablemente no cambiarán mucho”, dice Michael Shifter, de Diálogo Interamericano.

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
Con AFP
La Habana

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