Latinoamérica

A pesar de su derrota, Rafael Correa se siente un ganador

Para quienes siguen al expresidente ecuatoriano, obtener el 37 % en el referendo es positivo.

Rafael Correa

Rafael Correa (d), expresidente de Ecuador, habla luego de rendir testimonio en la Fiscalía.

Foto:

Marcos Pin / EFE

06 de febrero 2018 , 12:33 a.m.

El expresidente Rafael Correa dejará Ecuador este martes para regresar a Bélgica, su país de domicilio permanente. Se lleva bajo el brazo la derrota de su tesis por el no en la consulta popular, aunque con habilidad política la presenta como su voto duro y el triunfo contra los sectores de oposición, sindicalistas, organizaciones sociales, partidos de derecha y de izquierda que se alinearon por el sí.

Correa consideró el domingo en la noche en Guayaquil como “un gran triunfo” el 37 por ciento del sufragio que obtuvo su campaña por el no. Y en su cuenta en Twitter dijo “¡Felicitaciones a todos nuestros militantes! NINGÚN movimiento por sí solo puede lograr el 36% alcanzado, peor en tan poco tiempo y en lucha tan desigual. La lucha continúa”.

¿Es el comienzo de una nueva etapa política de Correa? El asambleísta correísta Augusto Espinosa considera que sí, porque obtener un 37 por ciento en las preguntas que abanderó Correa por el no –reelección indefinida, consejo de participación y ley de plusvalía–, muestra su liderazgo y protagonismo aunque no vuelva a ser candidato presidencial de la república, porque “su figura va más allá de los procesos electorales”.

Considera que la tendencia de la revolución ciudadana recibió un espaldarazo, lo que demuestra que la propuesta ideológica y política sigue vigente y su capital político está intacto “más aún si se toma en cuenta que en las últimas presidenciales el presidente, Lenín Moreno, pasó a segunda vuelta con el 39 por ciento y su contendor Guillermo Lasso, con 28 por ciento”.

“Somos la primera fuerza política en Ecuador, ningún partido político podría por sí solo obtener una votación como la que logramos el pasado domingo”, fue la lectura del correísta que ya se prepara para ser miembro del nuevo movimiento político Revolución Ciudadana, que liderará Correa.

La exasambleísta opositora y dirigente indígena Lourdes Tibán, en diálogo con EL TIEMPO, lo reconoce: “Correa tiene liderazgo y en el futuro podría incluso lograr con su movimiento una buena presencia legislativa, pero su problema será el ego al no poder regresar a la presidencia”, dijo Tibán.

Del otro lado de la calle, la gobernabilidad para Moreno no se ve fácil, más cuando varios sectores que apoyaron el sí se apropian del triunfo de la consulta, le reclaman acciones inmediatas y presionan por participaciones directas en decisiones y entidades.

Analistas dicen que el triunfo del sí le traerán a Moreno presiones porque “ganó con jugadores prestados” que hoy le están pidiendo cosas para seguir apoyándolo.
El propio Correa lo dice enfáticamente: “No existe morenismo. En el momento en que Lenín Moreno no les sirva (a la oposición), le darán una patada”, aseguró.

La ministra de Justicia, Rossana Alvarado, rechazó la actitud de dirigentes y partidos políticos que se atribuyen la victoria, ya que expresó que aunque la victoria afianza el gobierno de Moreno no es de ningún partido, sino de la ciudadanía: “Es arrogante decir que la victoria se debe a la participación de un candidato o movimiento”.
Tibán dice que el resultado no es un triunfo de Moreno porque su sector de apoyo político cuenta con un 25 por ciento de intención de voto y reclama el logro para todos los partidos y movimientos.

Para el analista Francisco Escandón, “ni Moreno es dueño del voto del sí, ni Correa puede adjudicarse la totalidad del voto del no; este triunfo es del pueblo”.

Resalta que los resultados de la consulta popular aún no son suficientes para cerrar un ciclo de crisis político–institucional del Ecuador. “Dependerá de la decisión política de Moreno en la constitución del Consejo de Participación Ciudadana y de la Asamblea Nacional que legisle para consumar los efectos jurídicos y políticos derivados de la decisión del pueblo”. “Si Moreno cede a las presiones del correísmo, reciclado en su gobierno, el futuro podría ser un gatopardismo (cambiar todo, para que nada cambie). Si cede a las presiones de cogobernabilidad de los partidos políticos burgueses se extendería la continuidad de sus compromisos económicos, vigentes desde la anterior década, ahora a la institucionalidad”, acotó Escandón.


ANA LUCÍA ROMÁN
PARA EL TIEMPO
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