Latinoamérica

Lo que está en juego si se ratifica el triunfo del estilo Bolsonaro

Brasil escogerá este domingo entre el candidato de ultraderecha y el izquierdista Fernando Haddad. 

Jair Bolsonaro

El ultraderechista Jair Bolsonaro había sido apuñalado en septiembre pasado. El hecho lo hizo subir en las encuestas.

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Foto: Adriano Machado. Reuters

Por: Gloria Helena Rey 
28 de octubre 2018 , 06:19 a.m.

El compositor y cantante brasileño Tom Jobim decía que “Brasil no es para principiantes” pero, a la luz de lo que hoy sucede, tampoco lo es para veteranos.

Para los que vivimos las multitudinarias manifestaciones en contra de la tortura y la dictadura y a favor de los derechos fundamentales y de la democracia, en la década de los 80, resulta difícil comprender ahora las que respaldan al exmilitar y candidato presidencial Jair Bolsonaro, que defiende la dictadura, la tortura y la violencia.

También, porque patea todos los derechos fundamentales, la democracia, amenaza con la cárcel o el exilio a sus opositores, planea armar a los ciudadanos como política de seguridad, y quien, pese a todo eso, podrá convertirse hoy en el nuevo presidente, si se cumplen todos los pronósticos.

Los demócratas del planeta tampoco entienden cómo Brasil llegó hasta esta encrucijada de su historia y cómo está a punto de precipitarse por el abismo del retroceso político para entregarse de nuevo a la oscuridad del totalitarismo.

Es una situación muy grave porque en Brasil se juega el futuro de la democracia en el mundo

“Es una situación muy grave porque en Brasil se juega el futuro de la democracia en el mundo”, es decir, la forma de convivencia social en la que todos somos libres e iguales, dice a EL TIEMPO el respetado sociólogo de Yale Boaventura de Sousa Santos, director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal) y profesor de la Universidad de Wisconsin en EE. UU.

Los peligros que corre hoy la democracia, en su opinión, no tienen que ver con las rupturas violentas ni con los golpes de Estado del pasado, sino con esa trampa que se está armando dentro del sistema democrático.

Fernando Haddad

El candidato socialista a la Presidencia de Brasil, Fernando Haddad, participa en un acto de campaña en un barrio de la región central de Río de Janeiro.

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Mauro Pimentel / AFP

Las amenazas “se derivan, paradójicamente, del normal funcionamiento de las instituciones democráticas y de la infiltración de fuerzas políticas antidemocráticas dentro del régimen democrático”, dice De Sousa Santos.

De esa forma, la democracia empieza a ser capturada y descaracterizada gradualmente dentro de la legalidad y sin alteraciones constitucionales, “hasta que, sin haber dejado de ser formalmente una democracia, resulta vaciada de todo contenido democrático”.

Por eso preocupa la tendencia mundial que ha escogido a autócratas para gobernar EE. UU., Filipinas, Hungría, Polonia, Rusia y Turquía, elegidos democráticamente. Todos se presentaron, como Bolsonaro en Brasil, como candidatos del antisistema y de la antipolítica, a pesar de ser parte y haber ejercido dentro de estos.

Arrastre militar

Muchos temen que la historia se repita y Brasil arrastre de nuevo al continente al autoritarismo, como sucedió tras el golpe militar de 1964, que impulsó después otros en Argentina, Chile, Uruguay y fortaleció la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay.Analistas atribuyen la favorabilidad hacia Bolsonaro al hastío y decepción de los votantes frente a la corrupción, los políticos, la política, al apoyo decidido de los evangélicos, los ganaderos y las clases altas.

El PT se dejó llevar por alianzas necesarias pero mal encaminadas y por los hechizos del pode

También, a que gran parte de sus seguidores son jóvenes, que no padecieron la dictadura militar, y, en especial, al odio visceral que todos ellos sienten contra el Partido de los Trabajadores (PT) –del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva– porque “produjo una transformación social y hay algo de lucha de clases, en todo esto”, dice a este diario el escritor y guionista brasileño Miguel Paiva.

Este caricaturista admite, no obstante, que “a pesar de haber hecho el mejor gobierno de la historia con Lula, el PT se dejó llevar por alianzas necesarias pero mal encaminadas y por los hechizos del poder. Acabó envuelto en escándalos y fue convertido en demonio en el segundo gobierno de Dilma Rousseff. Por eso, quien será elegido este domingo será el antipetismo, asociado a la índole fascista de buena parte de la población de Brasil”.

Jair Bolsonaro

El candidato e la extrema derecha Jair Bolsonaro está creciendo en los sondeos.

Foto:

Sebastião Moreira, Efe

En una carta dirigida al expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), reconocidos intelectuales y académicos de las universidades de Harvard, Yale, Oxford, Columbia, Nueva York y Coímbra advierten que si Bolsonaro gana, Brasil habrá despedazado su destino, pues el candidato es un gran peligro para todas las libertades, incluidas las del libre pensamiento.

El triunfo de Bolsonaro también inquieta a los defensores del medioambiente frente a la promesa del candidato de industrializar la Amazonia,
levantar hidroeléctricas en todos sus ríos y reducir los poderes y recursos a las entidades ambientales y de protección a los indígenas, entre otros objetivos.

Igualmente, desvela a los que temen un autogolpe con la intervención de las Fuerzas Armadas si Bolsonaro no gana hoy o si se produce una anarquía social, como consideró posible el general Hamilton Mourão, la fórmula vicepresidencial del excapitán.

Unos 60 millones de brasileños nos elegiremos a nosotros mismos presidentes

Otro régimen

Pero los electores de Bolsonaro están convencidos de que nacerá hoy una “nueva democracia”. “Unos 60 millones de brasileños nos elegiremos a nosotros mismos presidentes de nuestro país”, dice el periodista Wagner Carelli, que votará por él.

El comunicador explica que Bolsonaro será elegido por la voluntad del pueblo, sin el apoyo de ningún partido. Su victoria “debe ser entendida como la de un movimiento legítimamente popular, sin liderazgos, sin personajes, entidades o ‘fuerzas ocultas’ detrás de él”.

“(...) Podría haber sido cualquier otro candidato que fuera anti-PT y no tuviera la más mínima mácula en su conducta pública. Sobre todo, que no estuviera vinculado a la operación Lava Jato, que inició y lleva adelante el derrumbe de la corrupción endémica y, en consecuencia, del sistema que detiene el poder en Brasil. Pero Bolsonaro fue el único político que aceptó representarnos y que cumplió con esas dos simples exigencias”, explica Carelli.

El periodista advierte que el ultraderechista solo se mantendrá como presidente “mientras sea el representante legítimo de las aspiraciones del movimiento que lo eligió”, pues si las llega a traicionar “será expulsado del poder”.

Por más que Bolsonaro busque institucionalizarse, no conseguirá controlar a los que lo rodean

Además, Carelli recuerda que el movimiento que lo respalda nació en 2013, cuando miles de brasileños salieron a la calle a protestar contra el aumento del transporte y el exagerado gasto público en varios eventos como la Copa Mundial de Fútbol de 2014, y que se fortaleció después con las multitudinarias manifestaciones de 2015, que pidieron la salida de Dilma Rousseff de la presidencia.

Pero, “por más que Bolsonaro busque institucionalizarse, no conseguirá controlar a los que lo rodean, comenzando por sus hijos, que también son políticos; ni a los militares, que nunca fueron juzgados por los crímenes que cometieron en los 21 años de dictadura” (1964-1985), afirma Paiva, quien recuerda, como ejemplo, a Eduardo Bolsonaro, que amenazó con cerrar, con un soldado y un cabo, el Supremo Tribunal Federal (STF), equivalente en Colombia a la Corte Suprema de Justicia, lo que forzó a su padre y candidato a disculparse.

Por eso, el profesor Souza de Santos está convencido de que el triunfo de Bolsonaro representará “una paz social podrida, impuesta por la represión violenta, y por eso no habrá paz. Habrá resistencia, ingobernabilidad y mucho sufrimiento de las clases populares (...) Desaparecerán los partidos de izquierda fuertes, la protesta social, y se abrirán las puertas a las políticas de austeridad y de empobrecimiento de las clases populares propias del desarrollo neoliberal global”, vaticina.Brasil ha sido pionero en América Latina en políticas incluyentes relativas a la mujer, la comunidad LGBT y los más pobres. Ahora, esos avances también peligran.

“(…) Casi que de repente, todo se derrumba, colapsa y lideran los elementos antidemocráticos, típicos de una sociedad oligárquica, colonial, muy desigual y discriminatoria”, se lamenta el profesor Santos.

La fórmula militar de Bolsonaro obtuvo el 46,03 por ciento de los votos válidos en la primera vuelta de las presidenciales. Con cuatro puntos más no se habría producido la segunda vuelta electoral de este domingo. Su contrincante, el académico Fernando Haddad del PT y heredero de Lula da Silva, alcanzó el 29,28 por ciento de los votos.

Fernando Haddad

Fernado Haddad es considerado e heredero del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Foto:

Ricardo Moraes, Reuters

Casi que de repente, todo se derrumba, colapsa y lideran los elementos antidemocráticos

Lejos en las encuestas

Las últimas encuestas dan como favorito a Bolsonaro con el 58 o 59 por ciento, aunque el miércoles pasado otra encuesta anunciaba una reducción de 6 puntos en la ventaja de 18 que le llevaba Bolsonaro a su oponente. La campaña electoral brasileña ha sido violenta, deja muertos y a Brasil polarizado al extremo.

La red pública de periodismo investigativo contabilizó 70 agresiones entre el 30 de septiembre y el 9 de octubre, de las cuales 50 fueron cometidas por seguidores de Bolsonaro.

Entre ellas, el asesinato con 12 cuchilladas del músico y maestro de capoeira Romualdo Rosario da Costa, en Salvador, capital del estado norestino de Bahía, y la agresión a una mujer en la ciudad de São Paulo, pateada por un policía y golpeada por tres hombres que le grabaron en el vientre, con un cuchillo, una esvástica nazi.

GLORIA HELENA REY 
Especial para EL TIEMPO 

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