Latinoamérica

Rastreadoras, mexicanas que buscan la tumba de sus hijos desaparecidos

Este colectivo ha recuperado 122 cuerpos en fosas. EL TIEMPO habló con su fundadora, Mirna Medina.

Rastreadoras

Las Rastreadoras realizan las búsquedas en terreno los días miércoles y domingo. Previamente se comunican para coordinar los sitios en los que van a trabajar.

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Graciela Tapia Corrales

01 de junio 2018 , 01:00 p.m.

La vida de Mirna Medina –una profesora mexicana de preescolar retirada– dio un giro inesperado cuando el 14 de julio de 2014 desapareció su hijo Roberto Corrales Medina.

Roberto –de 21 años–se encontraba vendiendo accesorios para carros en una gasolinera en El Fuerte, en el estado de Sinaloa, en México, cuando fue interceptado por unos hombres en una camioneta que se lo llevaron. Desde ese día, Mirna inició una búsqueda incansable por encontrar a su hijo y decidió hacer todo por su cuenta.

Empezó una campaña por redes sociales, contactos con familiares de desaparecidos y un recorrido por medios de comunicación. Se había fijado la tarea de dar con el paradero de su tesoro, así le llevara la vida entera hacerlo.

A su labor se le unieron otras mujeres que buscaban a sus seres queridos y decidieron juntas –con el lema ‘Te buscaré hasta encontrarte’– rastrear con palas, picas y machetes en ríos, canales, en el monte y en cualquier lugar en el que posiblemente se encontraran cadáveres de desaparecidos.

Este colectivo fue bautizado las Rastreadoras del Fuerte. Hasta el momento las ‘rastreadoras’ han encontrado 122 cadáveres en distintas fosas comunes. Ciento veintidós mexicanos que hacían parte de la escabrosa estadística de desaparecidos en México, que hasta enero de este año sumaba 34.268, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas.

El 14 julio de 2017, exactamente tres años después de la desaparición de Roberto, Mirna encontró su cuerpo. Fue el cadáver número 93 recuperado por ellas. Nunca se conocieron las causas de su desaparición. Con una voz suave, pero enérgica, esta mujer habló con EL TIEMPO sobre su duelo, su futuro y el trabajo que sigue realizando con el colectivo.

¿Cómo fue ese día en el que por fin dio con el paradero de Roberto?

Desde el día que se llevaron a mi hijo empecé a buscarlo en todas partes. Luego me fui a las redes sociales, Facebook y Twitter, para difundir las imágenes de mi hijo y hablar sobre mi búsqueda.

En septiembre de ese año (2014) conformamos un grupo de 34 familias que buscábamos a nuestros desaparecidos y ahí empezó toda nuestra labor. Al principio fue muy difícil porque nunca nos habíamos enfrentado con la muerte de esa manera, pero estábamos dispuestas a todo por encontrar a nuestros tesoros. Excavar en diferentes sitios hasta encontrar cadáveres, recuperarlos y entregarlos a las autoridades para que hicieran las respectivas labores forenses para dar con la identidad del cuerpo.

Mi hijo fue el número 93 en ser hallado en una fosa clandestina. Cuando lo encontré, fue algo muy fuerte. Los 92 cuerpos encontrados antes estaban completos. El de mi hijo no, solo encontré las vértebras, el cráneo y el brazo izquierdo. Se hicieron las pruebas genéticas y dieron positivo. Además, tenía la ropa con la que ese día salió de la casa.

Cuando yo me acerqué a esa fosa, yo sin ver los restos dije ese es Roberto, ese es mi hijo. Algo muy grande, muy doloroso me decía que ahí estaba mi corazón. Lo encontramos el 14 de julio de 2017 y el 25 de agosto me dieron los resultados de los análisis. El 28 de agosto lo enterramos.

Ya tengo un lugar a donde ir a poner unas flores. Descansé de la incertidumbre, aunque no es menos doloroso. Ya sé dónde está, pero antes de encontrarlo guardaba la esperanza de que un día llegara y tocara a mi puerta. Son dolores diferentes. Ya no tengo la incertidumbre de saber de él, pero sé que ya no lo volveré a ver nunca.

Ya tengo un lugar a donde ir a poner unas flores. Descansé de la incertidumbre, aunque no es menos doloroso

Rastreadoras

Las búsquedas se realizan teniendo en cuenta la información que les llega por parte de familiares o 'recados' de otras personas que dan pistas sobre los lugares a buscar.

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Graciela Tapia Corrales

¿Cómo se fueron uniendo las mujeres del colectivo?

Al principio solo teníamos un machete, una pala y una pica. Las mujeres éramos muy pocas y cuando ya se dieron cuenta que obteníamos resultados, que encontrábamos cuerpos, se nos fueron uniendo otras. Aunque al principio nos llamaban las ‘locas de las palas’.

Hoy, en el colectivo somos 600 familias y las rastreadoras, las que vamos al terreno a la búsqueda, somos 120. El 50 por ciento ya encontraron a su familiar, pero aun así siguen buscando con nosotras, seguimos trabajando. La misma comunidad se nos ha unido y así es como nos mandan papelitos, recados que nos llevan a buscar en determinados sitios. Se nos han unido a esa búsqueda silenciosa.

También nos acompañan algunos hombres que por lo regular son 1 o 2 que van a las búsquedas con nosotras

¿Cómo inician las búsquedas? ¿Qué es lo primero que hacen?

Primero que todo, nosotras nunca sabemos a quién vamos a encontrar. Las búsquedas se hacen miércoles y domingo. El martes nos comunicamos por un grupo de WhatsApp y nos organizamos para coordinar el punto de búsqueda. Ese día en la mañana nos encontramos acá en la oficina, desayunamos, hacemos una oración y nos vamos en los carros hasta el sitio y empezamos a buscar.

Los lunes y viernes determinamos los lugares de búsqueda. Los mismos familiares nos dan pistas y exploramos los sitios en donde podría haber fosas.

¿Cómo se financian? ¿Tienen algún tipo de apoyo?

Contamos con dos camionetas para la búsqueda y nosotras nos apoyamos con una aportación mensual de un dólar. El gobierno central y municipal nos da un poco más de 1.000 dólares al mes. Con ese poco dinero nos la arreglamos para gasolina, hidratantes y para lo que falte.

¿En algún momento la han amenazado por su trabajo?

Sí y nos ha dado miedo, pero seguimos con las búsquedas. Nosotras no estamos haciendo nada malo. Todas seguimos en la misma lucha buscando a nuestros tesoros, así que no nos dejamos intimidar y no vamos a parar.

Rastreadoras

Las Rastreadoras usan en la mayoría de las búsquedas camisetas con los rostros de sus hijos y con la frase 'Te buscaré hasta encontrarte'.

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Graciela Tapia Corrales

¿De dónde viene el nombre de las Rastreadoras del Fuerte?

El difunto periodista Javier Valdez –asesinado en mayo del año pasado en Sinaloa– fue el que nos puso el nombre. Un día me preguntó cómo buscábamos, que hacíamos, y yo le comenté que buscábamos por la orilla del río, por los canales, por los montes y me dijo entonces ustedes ‘rastrean’, así que de ahora en adelante van a ser las Rastreadoras. Por eso es que somos reconocidas a nivel nacional e internacional como las Rastreadoras del Fuerte (El Fuerte por la región en donde desapareció Roberto).

¿Cómo viven el duelo las mujeres del colectivo cuando logran recuperar a su ser querido?

El duelo nunca se termina, se transforma, pero el hecho de pertenecer a un grupo como este nos da fortaleza. Cada vez que hablas de tu dolor es como quitarte un peso de encima y el hecho de tener una familia como las Rastreadoras del Fuerte hace que nuestro dolor sea sobrellevadero, sabiendo que tienes una familia que te abraza y que siempre está ahí escuchándote y que sabe cuál es tu necesidad primordial. Saber dónde está tu hijo. Y cuando ya lo encuentras ese dolor se calma con la presencia de un abrazo solidario. Queremos que donde quiera que estén nuestros hijos se sientan orgullosos de nuestro trabajo, de lo que estamos haciendo como la familia de las Rastreadoras, de nuestra labor de buscar y encontrar personas.

El duelo nunca se termina, se transforma, pero el hecho de pertenecer a un grupo como este nos da fortaleza

¿Cómo cree que se ha manejado el caso de los estudiantes de cine que fueron asesinados en marzo por una banda de sicarios del cartel Jalisco Nueva Generación?

Es muy triste, las autoridades no han sabido manejar el caso. Es algo lamentable. Manejaron la información de una manera insensible, decirle a la familia que fueron diluidos en ácido, esa no es manera de contarle a la familia lo que pasó con sus seres queridos. Esperamos que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pueda actuar e investigar este caso, y vamos a trabajar para ello.

Rastreadoras

Mirna logró recuperar el cadáver de su hijo tres años después de la desaparición.

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Graciela Tapia Corrales

¿Cree que el país ha perdido sensibilidad y se ha acostumbrado a que este tipo de cosas pasen?

Creo que lamentablemente sí. Una desaparición, un levantón, ya la gente lo ve como algo cotidiano y para eso tenemos que trabajar, que la gente no tome esto como parte de su vida, que esto no sea algo normal. Hay que cambiar esta manera de ver el país, que haya un México sin violencia y creo que unidos podemos lograr mucho.

¿Cómo califica el hecho de que la cifra de desaparecidos haya aumentado de manera alarmante en los últimos años?

Primero, el Gobierno no quería reconocer que había desaparecidos, decían que los jóvenes simplemente se iban a pasear a otra parte. Hasta que hoy en día tenemos la ley de desapariciones forzadas por la que hemos trabajado durante cuatro años y afortunadamente se reconoce este hecho. Y lo otro es que no les interesa. Les hemos dicho a los candidatos a la presidencia que toquen este tema, que se sensibilicen ante esta situación, porque, de lo contrario, no vamos a salir adelante. Necesitamos que las desapariciones paren.

Hablando de la campaña presidencial… ¿Cómo cree que se ha desarrollado?

La mayoría de familiares de desaparecidos no queremos saber nada de política, no queremos politizar este dolor, pero tampoco queremos que nos dejen por fuera. Es importante que reconozcan esta problemática y por eso estamos trabajando para visibilizar cada día más este flagelo que toca a miles de familias mexicanas y en el mundo.

Durante los últimos días se exhibió una exposición fotográfica sobre la labor de las Rastreadoras en el museo mexicano Franz Mayer. ¿Qué sintió al ver esos retratos?
Hay muchas personas que no conocen por lo que estamos pasando y el hecho de que se vea reflejado en una fotografía lo que estamos haciendo es muy valioso. Incluso, nosotras mismas, cuando vimos las fotografías, nos emocionamos mucho de ver lo que hacemos. Ahora imagínate las personas que no saben nada de esto, que nunca habían visto a mujeres con palas y machetes en mano buscando los restos de sus hijos. Es algo que te conmueve, que te sensibiliza como sociedad y que busques la manera de apoyar y no revictimizar. Y que no haya repetición de estos casos. Aquí estamos y seguiremos haciendo las cosas con dignidad. La violencia no tiene madre, pero nuestros desaparecidos sí.

DIANA RINCÓN HENAO
Redacción Internacional
EL TIEMPO
Diarin@eltiempo.com

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