Latinoamérica

Brasil escribe la historia de su propio deicidio / Análisis

Advierten que sería el primer país en la 'hiperhistoria', que no distingue lo real de lo falso.

Brasil: la historia de un deicidio

Un Bolsonaro inflable ha suplido la aparición del presidente electo en las celebraciones de sus seguidores.

Foto:

REUTERS

Por: Gloria Helena Rey
31 de octubre 2018 , 09:03 p.m.

No valieron las multitudinarias manifestaciones en su contra, las alertas mundiales sobre los peligros que corría la democracia ni las súplicas, Brasil decidió: creó un “salvador de la patria”, lo coronó el domingo, y con eso comenzó a escribir la historia de su propio deicidio al sustituir la democracia que conocemos por una versión libre, con perfume totalitario.

Para quienes votaron por Jair Bolsonaro, fue una victoria de la nueva democracia, creada y decidida espontánea y directamente por el pueblo, sin el apoyo de los partidos ni de fuerzas ocultas de ningún tipo. “Nos elegimos a nosotros mismos presidentes de nuestro país”, dice a EL TIEMPO el periodista Wagner Carelli.

En su opinión, “el pueblo brasileño tomó en sus manos su propia salvación. Los más de diez años de desgobierno del Partido de los Trabajadores (PT) dejaron al país de rodillas. Son 20 millones de desempleados, 20 millones de subempleados, 60.000 asesinatos al año, un aumento de 36 por ciento en los suicidios entre 2010 y 2016, de los que un 98 por ciento fueron de desocupados, y una educación que produce apenas analfabetos funcionales. El PT asumió el poder en un país pobre, violento y con una educación limitada. Deja un país paupérrimo, sin educación y que tiene el récord insuperable de violencia en el mundo”.

Steven Levitsky, profesor de Gobierno de Harvard, estimó que si políticamente Bolsonaro llega a tener éxito, otros políticos latinoamericanos podrían imitarlo, aunque admitió que su victoria es un riesgo para la democracia porque podría convertirse en el Rodrigo Duterte de la región, en referencia al presidente filipino, acusado de serias violaciones de los derechos humanos en su guerra contra las drogas.

Brasil se militarizó, eligió la mano dura, la dictadura, la censura, y ahora tendrá que responsabilizarse por su decisión

Para los que no votaron por Bolsonaro, los que triunfaron el domingo fueron la antipolítica y el desprecio por la democracia, las minorías y los derechos fundamentales. Fue la victoria de la violencia, las redes sociales y las noticias falsas, y eso exigirá profundas reflexiones y acciones acerca de la sobrevivencia de la democracia que conocemos, estiman analistas.

Los mayores peligros que representa Bolsonaro son “su pauta conservadora, religiosa y fóbica contra todos los avances sociales que conseguimos alcanzar en los últimos años. Su intolerancia a todo lo que haya de moderno en la legislación, su truculencia y su total falta de preparación para el cargo”, le dice a este diario el escritor, guionista y caricaturista Miguel Paiva.

El excapitán Bolsonaro fue elegido presidente el domingo con el 55, 13 por ciento de los votos, y el general retirado Hamilton Mourão como su vicepresidente. Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, alcanzó el 44,87 por ciento, lo que puso fin a 15 años de la hegemonía de la izquierda.

Tres generales figuraban en la lista preliminar del nuevo gabinete. Augusto Heleno, excomandante de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas en Haití, como ministro de Defensa; Oswaldo Ferreira, exdirector de Ingeniería y Construcción del Ejército, como ministro de Transportes, y Carlos dos Santos Ruz como ministro de Seguridad Pública.

“Brasil se militarizó, eligió la mano dura, la dictadura, la censura, y ahora tendrá que responsabilizarse por su decisión si es que el nuevo gobierno se lo llega a permitir”, dice, pesimista, Regina Martins, quien votó a favor de Haddad.

¿Y ahora?

"Lo mínimo que podemos esperar con la elección de Bolsonaro es la refundación de la república, que, por las características muy particulares de la historia de Brasil y a diferencia de los demás países de Latinoamérica, jamás llegó a ser nuestra república, pues seguimos en la Colonia”, dice Carelli.

Comenzará además la realidad, lejos de la retórica y las redes sociales. A partir de enero de 2019 se espera que Bolsonaro haga una reforma económica y política y que cumpla con la aprobación de las leyes que le permitan a la población armarse. Que acabe con la inseguridad pública y disminuya el gasto, como prometió en la campaña.

También, que solucione problemas urgentes, como hacer crecer la economía, “crear empleos, reducir el déficit y ganar la confianza” internacional en el país, entre muchas otras cosas, como puntualizó en un tuit el expresidente Fernando Henrique Cardoso.

Carelli dice que Bolsonaro ya tomó algunas decisiones en términos económicos para ganarse la confianza de los mercados, como privatizar el Banco Central, equivalente en Colombia al Banco de la República. Además, llevará adelante una reforma política que ponga punto final a la reelección, comenzando por la suya. “A nadie le parece que estas son medidas de un nazi fascista que se aprovecha de una elección democrática para eternizarse en el poder”, señala.

Sobre las alertas mundiales relativas a los riesgos que correría la democracia con Bolsonaro, dijo que esos llamados fueron escuchados con mucha atención, y una prueba de eso fueron estas elecciones. “Si sometemos a los dos candidatos presidenciales a las cuatro cuestiones del ‘test del autócrata’ que proponen Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en su best seller 'Cómo mueren las democracias', el candidato Bolsonaro y su programa político pasan con 10, mientras que el de Haddad y su programa se rajan”.

En las redes sociales
no hay cómo distinguir lo verdadero de lo falso, y el efecto es tanto más destructivo cuanto más vulnerable sea la población
a la mentira

El test incluye cuatro preguntas para evaluar a un candidato: 1) ¿Rechaza, en palabras o actos, reglas fundamentales de la democracia? 2) ¿Pone en duda la legitimidad de sus oponentes? 3) ¿Es tolerante con o incentiva la violencia política? y 4) ¿Admite o propone restringir libertades civiles y de los medios de comunicación?

Sobre la primera pregunta, Carelli responde que “el programa de Bolsonaro juró respeto a la Constitución Soberana de 1988, y Haddad propuso cambiarla. Respecto a la segunda, admite que podría decirse que Bolsonaro negó legitimidad a su oponente porque no había cómo legitimarla, pues Haddad ocultaba la más ilegítima de las candidaturas, la de Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente de Brasil condenado por corrupción pasiva y lavado de activos”.

Sobre la tercera y cuarta preguntas, menciona que mientras Haddad acusaba a Bolsonaro de todo tipo de violencias y de incitación a estas, el presidente electo prometía combatirlas, y que mientras Bolsonaro defendía la absoluta libertad de prensa, pese al bombardeo brutal del que fue víctima por los medios nacionales e internacionales, Haddad proponía su control.

Bolsonaro, en su opinión, tiene todas las posibilidades de cumplir con sus electores porque tendrá apoyo en el Congreso, pues el Partido Social Liberal (PSL), al que pertenece, será la segunda fuerza y porque lo respaldan los gobernadores electos en los estados de São Paulo, Río y Minas Gerais, los tres principales del país, que concentran más del 40 % de la población y del 52 % del producto interno bruto (PIB) y porque demuestra una efectiva disposición de acabar con la criminalidad y la corrupción endémica.

Varias reflexiones

Lo sucedido en Brasil “exigirá, sin duda, un análisis profundo del papel de los partidos y de los políticos dentro de la democracia y sus relaciones con los electores. También, sobre cómo se garantizará la sobrevivencia del régimen democrático que conocemos y cómo se evitará su lenta desfiguración por parte de los gobiernos autocráticos elegidos, curiosamente, dentro de las normas democráticas“, dice a EL TIEMPO el politólogo Aldair Nunes.

Además, hay que hacer otra reflexión sobre la utilización de las redes sociales, que inicialmente se vieron como un mecanismo de mayor participación democrática. “En la actualidad, a la luz de lo que ha sucedido en Brasil y Estados Unidos, podemos decir que serán más bien las sepultureras de esta, en caso de que no se regulen”, afirma el sociólogo Boaventura de Sousa Santos.

Admite que las noticias falsas siempre han existido en sociedades atravesadas por fuertes divisiones y, sobre todo, en periodos de rivalidad política, pero advierte que “hoy, su potencial destructivo, a través de la desinformación y la mentira, es alarmante.

Eso es especialmente grave en países como la India y Brasil, en los que las redes sociales, sobre todo WhatsApp (cuyo contenido es el menos controlable por estar encriptado), son ampliamente usadas, hasta el extremo de ser la más grande, e incluso la única, fuente de información de los ciudadanos”.

Bolsonaro nunca participó en ningún debate e hizo su campaña a través de las redes sociales, especialmente por WhatsApp, al que tenían acceso 120 de los 147 millones de votantes y por los que se distribuyeron noticias falsas tan exorbitantes como la de que Haddad defendía las relaciones sexuales entre padres e hijos.

Pero, al efecto destructivo causado por esa utilización de las redes, Santos agrega el uso de los algoritmos, que matemáticamente permiten definir prioridades y tomar decisiones rápidas a partir del big data (serie de datos), considerando, por ejemplo, el éxito de una empresa o de una elección y que, no obstante su apariencia neutra y objetiva, contienen opiniones subjetivas que permanecen ocultas en los cálculos.

“El algoritmo permite retroalimentar y ampliar la divulgación de un tema que está en boga en las redes y, por ello, al ser popular, es considerado relevante, pero lo viral en las redes puede ser producto de una gigantesca manipulación informativa llevada a cabo por redes de robots y perfiles automatizados que difunden noticias falsas entre millones de personas. No hay cómo distinguir lo verdadero de lo falso, y el efecto es tanto más destructivo cuanto más vulnerable sea la población a la mentira. Fue así como en 17 países se manipularon recientemente las preferencias electorales, entre ellos Estados Unidos (a favor de Trump) y, ahora, Brasil (a favor de Bolsonaro), en una proporción que puede ser fatal para la democracia”, precisa.

Por eso, y de momento, Brasil podría ser considerado el primer país que entra en la hiperhistoria, “un tiempo en que las personas ya no distinguen la realidad de la virtualidad, lo verdadero”, según el columnista Miguel Lagos; pero, pese a eso y en términos reales, los mercados reaccionaron bien el lunes a la elección del controvertido presidente electo, y, para entender al Brasil de hoy, lo mejor será pensar en el país como sujeto y aceptar su realidad, como se describe en 'La educación como práctica de la libertad', el famoso libro de Paulo Freire.

GLORIA HELENA REY
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