Europa

Vox, el fenómeno ultraderechista que pone a pensar a los españoles

Este partido radical avanza en la arena política, marcada por el gobierno débil de Pedro Sánchez.

Santiago Abascal

Santiago Abascal (c), líder del partido Vox.

Foto:

Reuters

Por: JUANITA SAMPER OSPINA
08 de diciembre 2018 , 08:43 p.m.

El partido derechista Vox irrumpió en el panorama español en las elecciones andaluzas que tuvieron lugar el 2 de diciembre. Se trata de una agrupación que ya existía, pero que no revestía relevancia alguna. Obtuvo, de pronto, 12 escaños.

Al mismo tiempo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que había regido durante los últimos 36 años en esa comunidad autónoma (departamento), perdió 14 curules respecto a 2015. Aunque sigue siendo el más votado (33 escaños), estará obligado a negociar alianzas con otros partidos para conseguir la mayoría absoluta (55 curules) para gobernar.

Durante estas semanas, todos los participantes en las elecciones conversan, pactan y tratan de sumar votos para las elecciones que escogerán un nuevo presidente tras la constitución del nuevo Parlamento el 27 de diciembre.

El Partido Popular (PP) quedó en segundo lugar con 26 escaños; Ciudadanos, en tercero, con 21; y Adelante Andalucía (la unión de Podemos e Izquierda Unida) obtuvo 17. Los escaños de Vox adquieren, pues, importancia para crear las alianzas.

¿Qué es Vox y por qué brilla de un momento para otro? Los analistas políticos aún tratan de entenderlo. Lo cierto es que se trata de una agrupación de extrema derecha que muestra algunos puntos que contrastan con el resto de partidos españoles. Lo hace en una coyuntura especial, marcada por el gobierno débil de Pedro Sánchez, que subió a la presidencia gracias a una moción de censura, y por el independentismo catalán, que permea toda la vida política en el país.

El ‘procés’

El intento de independencia de Cataluña marca la actualidad nacional desde hace un par de años. Esa región votó a favor de separarse en unas elecciones ilegales, y el Gobierno central frenó la carrera con el artículo 155 de la Constitución, que le permitió intervenir. Varios de sus impulsores están en la cárcel, mientras otros se hallan fugados de la justicia.

España, sin embargo, quedó fracturada. El país se sintió vulnerable y atacado. La convivencia dentro de Cataluña se ha vuelto difícil para los que no están de acuerdo con la independencia (cerca de la mitad de la población). Y en ese contexto aparece Vox, con una postura radical.

De hecho, el primero de los cien puntos de su programa consiste en la “Suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales”. Y el segundo, en la ilegalización de los que “persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía”.

Vox canaliza la preocupación por la independencia catalana y responde ante un segmento de la población que cree que el Gobierno no se ha movilizado lo suficiente. Propone una absoluta unidad nacional, el español como idioma obligatorio, desaparición de la policía regional y devolución al Estado de las competencias de educación, sanidad, seguridad y justicia y, en general, limitar capacidad legislativa autonómica.

También piden la deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen; endurecimiento de las penas para combatir la inmigración ilegal, así como para quienes colaboren con ellas, ya sean ONG, empresas o particulares.

También, cierre de mezquitas fundamentalistas; expulsión de los imanes que propaguen el integrismo y el menosprecio a la mujer; prohibición de erigir mezquitas promovidas por cualquier interpretación fundamentalista del islam; y exclusión de la enseñanza del islam en la escuela pública, entre otras.

Suspensión de la autonomía catalana hasta la derrota sin paliativos del golpismo y la depuración de responsabilidades civiles y penales

Otras medidas

La derecha más radical parece, pues, responder a la sensación ciudadana de tolerancia, complicidad o escasa respuesta política a sus principales inquietudes. De ahí que Vox proponga, para afrontar el alto desempleo, dotar anualmente de una prestación universal por hijo para las familias españolas, por un mínimo de 100 euros al mes; disminución radical del impuesto a la renta; reducción del impuesto sobre sociedades, incluido el que se cobra a las pymes.

Por otra parte, pretende la reducción del gasto político; supresión de cargos y organismos duplicados, y el cierre de organismos destinados a crear estructuras paralelas al Estado, como las televisiones autónomas y los defensores del pueblo. Se trata de propuestas radicales, muchas de tinte populista, que van más allá de las de los demás partidos, pero, probablemente, difíciles de llevar a la práctica. En todo caso, resultan atractivas para una parte del electorado.

Tras las derecha

Vox busca arrebatarles electores a la derecha y a la centroderecha, a las que acusa de contemporizar con la izquierda. Para ello, cabalga en contra de la ley de violencia de género –en un momento de agitado feminismo en el país– y de toda norma que discrimine un sexo de otro.

A cambio, propone una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños. Busca la eliminación de organismos feministas radicales subvencionados por el Estado y la creación de un ministerio de familia que se encargue de la protección de la familia natural y de la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Prohíbe también los vientres de alquiler.

No sobra advertir una inconsistencia extraña en su programa ideológico, como es la de eliminar el Tribunal Constitucional, que examina la constitucionalidad de las normas españolas y es una de las instituciones más conservadoras del país.

Vox ha sorprendido más a los partidos actuales que a los ciudadanos de la calle. Mientras los primeros se rasgan las vestiduras por lo que sucede, los segundos creen que es culpa de los partidos que habitan hoy el espectro ideológico en España, a los que acusan de incompetentes o corruptos.

Al mejor estilo de la ultraderecha europea, Vox es una mezcla de populismo, racismo y verdades a medias. Habrá que esperar a nuevas elecciones para saber si es un fenómeno pasajero o ha llegado para quedarse.

Europa ultraderechista

La aparición de Vox debe observarse también en el contexto europeo. Sus propuestas no son muy diferentes de aquellas que en otros países le han dado fuerza a la extrema derecha, como el caso de Francia con el Frente Nacional, de Holanda con el Partido de la Libertad, de Hungría con Viktor Orbán y de Alternativa para Alemania. Todos ellos, junto con Vox, promueven agendas económicas poteccionistas. Están en contra de la inmigración y usan un lenguaje en sus discursos que puede considerarse xenofóbico.

JUANITA SAMPER OSPINA
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
MADRID

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