Europa

Sofía, la reina que a sus 80 años ha aguantado todos los escándalos

La madre del rey Felipe de España actúa como la cohesión de su familia frente a las adversidades.

80 años de la reina Sofía, el gran pilar de la monarquía española

La reina Sofía de España saluda a jóvenes del barrio Nelson Mandela, en su visita a Cartagena en 2011.

Foto:

Mauricio Dueñas / EFE

Por: Mario Jaramillo
02 de noviembre 2018 , 01:09 p.m.

La reina Sofía cumple 80 años. Mal llamada reina emérita, título que han reprobado tanto su esposo –el rey Juan Carlos– como ella, ha tenido que luchar contra viento y marea para que la humanización de la corona española no termine en su disolución.

Esta mujer, griega, de religión ortodoxa e hija de reyes, se ha caracterizado por la prudencia y la clara idea de que los trapos sucios se lavan en casa. Le quitó hierro a la separación de su hija Elena, casada con Jaime de Marichalar, un hombre que llegaba a dormir cuando la princesa se levantaba a trabajar.

Con el dolor del alma, quitó hierro a las infidelidades de su marido con la alemana Corinna Larsen, a quien el rey amante le dio por hogar La Angorrilla, una finca situada a unos pasos del Palacio de la Zarzuela, donde vive la familia real. Fue cuando la reina Sofía desafió a su esposo para que escogiera entre Corona y Corinna. Finalmente logró que ganara lo primero.

No armó un escándalo cuando el rey viajó con su amante a Botsuana, a donde el monarca acudió a cazar elefantes en plena crisis económica de España. El problema lo resolvió puertas adentro: invitó a su esposo a abdicar en favor de su hijo, el príncipe Felipe.

Le quitó hierro además al tremendo escándalo surgido por las ilegalidades cometidas por su yerno, Iñaki Urdangarin. Ahora en prisión, fue juzgado por malversación, prevaricación y fraude, entre otros delitos. También le quitó hierro al hecho de que su hija, la infanta Cristina, fuese condenada por el mismo caso a una multa por complicidad con Urdangarin. La crisis la manejó a su estilo: no se opuso a que su hijo Felipe VI le quitara a su hermana el título de duquesa de Palma, ni a que ella y su esposo desaparecieran de las fotos reales. Pero, eso sí, no contempló la posibilidad de verse y de que la vieran como una mala madre. Sus viajes a Ginebra, a donde se fueron a vivir su yerno, su hija y sus nietos, son frecuentes.

Y quitó hierro a los desencuentros con la reina Letizia, cuyo más sonado desaire público ocurrió el día en que esta impidió que sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, fueran fotografiadas con su abuela. Su venganza llegó pocos días después: la reina Letizia tuvo que abrirle la puerta del carro al llegar al hospital a visitar al rey Juan Carlos, operado de una rodilla.

80 años de la reina Sofía, el gran pilar de la monarquía española

El rey Juan Carlos y la reina Sofía en una visita a Bogotá, en noviembre de 2001.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Mientras torea todas estas situaciones, la reina Sofía no ha abandonado sus tareas habituales: orienta la Fundación Reina Sofía y se ocupa de la protección del medioambiente, con la puesta en marcha de una orquesta de instrumentos musicales reciclados y con un proyecto dedicado a la salvación de tortugas. Y, tras la abdicación de su esposo, puso en manos de su sucesora, la reina Letizia, las múltiples tareas solidarias que desarrolló a lo largo de 39 años de reinado.

Nada de esto ha sido en vano. Por su talante solidario, pero sobre todo por su discreción, ha obtenido buenos frutos. Todas las encuestas efectuadas en los últimos años, pese a las dificultades encaradas por la familia real, coinciden en situar a la reina Sofía como la persona más valorada de la monarquía española, por encima del rey Felipe VI, de la reina Letizia y de su propio esposo, el rey Juan Carlos, ubicado en la última posición.

Una encuesta del diario digital El Confidencial, incluso, arrojó un resultado inesperado: el 23 por ciento de los españoles creen que la labor de la reina Letizia es inferior a la desarrollada por la reina Sofía durante su reinado. Un dato cercano al anterior, por otra parte, señala que los partidos políticos españoles ven que la reina Letizia se desempeña peor en las tareas de consorte que su antecesora.

Nacida en Atenas el 2 de noviembre de 1938, Sofía Margarita Victoria Federica Schleswid-Holstein-Sonderburg-Glüksburg tuvo que salir de Grecia a los dos años, producto del exilio de sus padres. A los trece años fue internada en una escuela de Alemania. A su regreso a Atenas estudió puericultura.

Su noviazgo con el príncipe Juan Carlos tuvo como punto de partida la fiesta del matrimonio de los duques de Kent en 1961. Al año siguiente se casaron. Se convirtió en reina el 22 de noviembre de 1975, tras la proclamación de su esposo como el monarca sucesor del general Francisco Franco.

Amante de la música clásica, la reina Sofía domina cuatro idiomas, y entre sus aficiones está la arqueología. Su encanto y carácter sociable, que la llevaron a ganarse pronto el cariño del pueblo español, y su sentido de la compostura y de la dignidad pública han sido factores claves en el engranaje monárquico.

La reina Sofía, pues, ha sido imagen determinante en el manejo de los avatares de la monarquía española. Apoyó a su marido cuando este actuó para sofocar el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y dijo que él “saca sangre fría en las ocasiones difíciles (…) ”. No ha mostrado públicamente ningún signo de amargura, ni de resentimiento ni, por supuesto, de deslealtad hacia la Corona y hacia su familia. Ese ha sido su juego fundamental.

Jaque al rey

La monarquía constitucional española, mientras tanto, no para de recibir ataques y posturas escépticas sobre su futuro. Hace un año, el rey Felipe VI fue declarado persona non grata en Girona, una de las ciudades más importantes de Cataluña.
Por otra parte, los partidos Podemos e Izquierda Unida piden desde el Congreso que se investiguen las finanzas del rey Juan Carlos. Ambos basan su solicitud en las declaraciones de la antigua amante del rey, Corinna Larsen, según las cuales el anterior jefe de Estado habría recibido comisiones por interceder en la firma de contratos internacionales.

Alberto Garzón, líder de Izquierda Unida, ha anunciado en este sentido una convocatoria popular para “reprobar a la Corona y exigir la celebración de un referéndum entre monarquía y república, así como apoyar que se haga efectiva la derogación del delito de injurias a la Corona y que se investiguen los presuntos pufos fiscales de Juan Carlos de Borbón”. Una iniciativa que claramente muestra que lo que se pretende es abolir la monarquía.

80 años de la reina Sofía, el gran pilar de la monarquía española

La familia real en el Palacio de la Zarzuela tras el bautismo de cuatro nietos de los reyes, el 20 de enero de 2001.

Foto:

Archivo AFP

Y, esta misma semana, un conocido periodista cercano a la familia real, Jaime Peñafiel, afirmó: “La monarquía se acabará, lo veremos y no será una tragedia”. Le da como máximo ocho años de vida y asegura que la princesa Leonor, de trece años, jamás llegará a ser reina de España.

Pese a todo esto, España en general no muestra aún intenciones serias de cambiar el régimen constitucional. Aprueba la continuidad de la monarquía. La última encuesta realizada en este sentido tuvo lugar hace un año. La empresa de sondeos NC Report dejó ver que el 61,8 % de los españoles no quieren una república y que un 25,4 % se manifestó a favor del cambio de sistema. Lejos, pues, se está aún de poner fuera de circulación el modelo monárquico.

Esta percepción expresa dos realidades concretas: la monarquía española es una institución medieval cuyas raíces se remontan al reino visigodo, en el año 418. Mil seiscientos años de historia y arraigo cultural no se borran de un plumazo.

La monarquía contiene una sólida base sociológica, difícil de extinguirse en el corto plazo. Ahora bien, mientras una encuesta reciente realizada por Metroscopia manifiesta que siete de cada diez ciudadanos consideran acertada la gestión de Felipe VI, también es significativo que las mejores valoraciones de la monarquía provengan de personas que están entre los 45 y 65 años.

Se trata, pues, de una franja que vivió la transición política y recuerda al rey Juan Carlos como el valiente defensor de la democracia. En cambio, la valoración más baja proviene de ciudadanos menores de 29 años. Para ellos no hay una relación positiva entre monarquía y democracia.

Creen que el modelo monárquico resulta costoso para el pueblo y que no hay razón para sostener a una familia, aparentemente innecesaria, con dinero público. Esta realidad demográfica, que se proyecta en relevos generacionales, indica que la estimación por la monarquía podría perderse del todo con el paso de los años.

Entonces, probablemente, ya no habrá una reina Sofía que le eche una mano.

MARIO JARAMILLO 
Fiscal de la Real Asociación de Hidalgos de España, institución a la que pertenecen los reyes de España.

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